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Multiple exposure portrait of historian Thomas Kuhn of Princeton University, an exponent of scientific paradigms.  (Photo by Bill Pierce//Time Life Pictures/Getty Images)

Multiple exposure portrait of historian Thomas Kuhn of Princeton University.


 

La vida se somete a un constante e irrenunciable cambio en el que, las personas, los ambientes, las situaciones, países, leyes, paradigmas científicos, corrientes de pensamiento, todos ellos, se ven obligados, arrojados sin otra alternativa a superarse para dejar paso al progreso del universo del que nosotros también formamos parte, aunque sea una parte irresoluble, una parte a la que le queremos dar más importancia que a todas las demás, tan solo somos una mancha en medio de la inmensidad del todo, de la existencia.
El cambio es, quizás, la parte del proceso evolutivo de la existencia del universo de la que podemos estar más seguros. Desde la Grecia clásica, el cambio y el tempo, han sido nociones que han preocupado al ser humano. Heráclito de Éfeso introdujo el concepto de “panta rei kai oudén ménei”, todo fluye y nada permanece, jamás te bañaras en el mismo rio, ni acariciarás la misma piel aunque fuere tuya. Estamos sometidos a la fluidez irremediable del cambio constante e imparable de todo cuanto nos rodea, incluso de nosotros mismos.
Nuestras células nacen y mueren constantemente, se multiplican y dividen por millones a casa instante, del mismo modo en que el universo se re-descubre y expande, como el agua que fluye desde el nacimiento del rio que desemboca en el mar. El cambio es una parte imprescindible de nuestra evolución y por eso se coloca como una de las plantillas necesarias para entender y estudiar el mundo, la humanidad y la evolución.
La ciencia actúa del mismo modo, cambiando sus paradigmas, superando teorías que dan lugar a nuevas formulaciones gracias a las cuales podemos entender nuestro universo, cuerpo, mente, organismo etc. Los paradigmas de la ciencia nos han permitido conocer todo lo que nos rodea, la química, la física, la matemática y demás doctrinas que participan de la ciencia, someten a revisión constante sus teorías para poder generar nuevos paradigmas, pero cada cambio plantea una serie de conflictos que dan paso a una revolución, el período en el que las teorías se reformulan para poder afinar sus tesis y dar paso al cambio de paradigma.
Todo este proceso que, Thomas Kuhn plasma narra en su obra, nos ha permitido formar lo que este denomina como “la estructura de las revoluciones científicas”, revoluciones que pueden reconocerse desde los orígenes de la actividad, producción e investigación científica.
Gracias a su estudio, hoy podemos hablar de términos como paradigma o cambio de paradigma y, por ello hemos podido desterrar el calificativo mejor o más cierto como términos distintivos a la hora de valorar teorías científicas, ahora podemos hablar de diferencias entre ellas. Es por la obra de Kuhn que podemos distinguir las diferencias entre la obra de investigación en física de Aristóteles en referencia a las de Newton. Es necesario apuntar a estas diferencias entre ambas teorías del mismo modo en que decir que una es mejor a otra y que, por tanto, no tiene sentido tener en cuenta a la anterior puesto que, sin la obra primigenia de Aristóteles, es muy probable que no hubiese llegado jamás el momento de la revelación Newtoniana.
Debemos pues, en todo proceso histórico de evolución teórica, sea cual fuere el campo, tener en cuenta que la ciencia, como otras disciplinas de la razón pura, tener en cuenta un concepto: que la evolución que produce el cambio nunca es en una línea recta, nunca debe ser positivista, sino que ese proceso equiparable al de la ramificación de un árbol o de su raíz. Siempre diverge en distintos puntos pero, son todos los caminos y “ramas” posibles de ese “árbol”, los que nos permiten llegar a una nueva teoría universal y necesaria para todos, a un nuevo paradigma que se seguirá revisando.
Por este motivo podemos decir que la filosofía y la ciencia nunca han estado separadas del todo como disciplinas del saber dado que, la actividad filosófica, parte de la teorización, re-teorización, y revisión constante de teorías, esto es, hacer teorías de teorías en un bucle constante de búsqueda de consenso y de verdad. Es tan importante esta actividad filosófica, que permite a la ciencia abrir nuevos campos o, incluso, plantearse otros valores a tener en cuenta a la hora de ejercer su actividad no solo en cuanto a teoría sino, también, en la práctica de la misma ciencia.
Con todo hay una frase que siempre retumba en mi cabeza cuando retomo este asunto, “nunca regresa quien se va, aunque regrese”.

Continuaremos con este asunto más adelante según las peticiones de nuestros lectores. Dejad vuestras preguntas y opiniones en los comentarios y, hasta pronto.

Estructura de las revoluciones científicas, Thomas Kuhn, Wikipédia.

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