El guepardo es conocido por ser el animal terrestre más rápido del mundo. Lo que no es tan conocido es que también bate cifras records en otros campos, concretamente, en pobreza genética, debido a un cuello de botella sufrido durante las glaciaciones del Pleistoceno. Pero…¿Qué es un cuello de botella de una especie? Se habla de que una especie ha sufrido un cuello de botella cuando su censo desciende drásticamente, haciendo que las posteriores generaciones presenten una escasa variabilidad genética. En caso de que por ejemplo, tengamos un censo de 1.000 animales, y de pronto, este se reduzca a 10, está claro que dichos 10 ejemplares van a presentar un conjunto de características mucho menos variado (características fruto de los genes de dichos animales junto al ambiente en el que se han desarrollado) que el censo de 1.000 ejemplares original; ergo si dichos 10 animales se reproducen, el resultado es una variabilidad genética pobre.

Dichos cuellos de botella pueden ocurrir de forma no natural (es decir, por intervención humana) o de forma natural, en cuyo caso, generalmente, se produce una selección natural intensiva y rápida de la especie. Este es el caso del guepardo (Acinonyx jubatus), cuyos predecesores habitaban gran parte de Europa, Asia y América.

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Guepardo (Acinonyx jubatus) en Botswana. Fotografía de Beverly Joubert, National Geographic

Al llegar la glaciación, los ecosistemas en los que se movía este animal cambiaron dramáticamente: Nieve y hielo pasaron a cubrir gran parte del hemisferio norte de nuestro planeta. Así, Acinonyx pardinensis, el predecesor del actual guepardo, sufrió una selección drástica. La hipótesis más extendida es que los animales más grandes, fuertes y lentos, necesitados de mayores recursos y por tanto, de mayores presas, muy escasas en estas condiciones, desaparecieron. Los guepardos supervivientes eran más delgados y estilizados, lo cual les permitía capturar animales rápidos y pequeños, que son los que mejor sobrevivieron a dicha glaciación.

Pudiera parecer que dicha selección genética forzada ha beneficiado al guepardo, convirtiéndole en el depredador más rápido sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, los cuellos de botella tienen un precio: La poca diversidad genética parece una de las principales causas de que el guepardo se encuentre al borde de la extinción; pues en cualquier momento una enfermedad podría acabar con la especie, su reproducción es complicada y las amenazas para su supervivencia son numerosas.

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Guepardo (Acinonyx jubatus) en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Fotografía de Eugenio Fernández Suárez

Las primeras sospechas de la existencia de un problema en la reproducción del guepardo, lo cual está relacionado con la genética de la especie, se remontan a 1981, en el Jardín Zoológico de Sudáfrica, donde se estudió la calidad del semen de 18 guepardos, comprobando que la concentración de espermatozoides era 10 veces menor que en los gatos domésticos, y que el 71% de los espermatozoides de dichos animales tenían alguna anormalidad morfológica (Mientras que en el modelo del gato doméstico, este porcentaje no pasaba del 29%). De hecho, el guepardo es uno de los animales más dificiles de reproducir en los programas de cría de especies protegidas. Dichas alteraciones morfológicas, conocidas como teratospermia, tienen una causa desconocida, pero se sospecha que se relacionan con la poca diversidad genética, pues dicha teratospermia ha aparecido en numerosos estudios diferentes, realizados en diferentes especies, todas ellas que carecen de dicha diversidad de genotipos.

Otra de las graves consecuencias de la escasa diversidad genética del guepardo es su vulnerabilidad a enfermedades. La poca diversidad genética no solo afecta al aspecto del animal; también a cosas tan importantes como el complejo mayor de histocompatibilidad (grupo de genes presente en todos los vertebrados relacionados con la respuesta de nuestro organismo a agentes infecciosos), lo cual es la causa de la enorme mortalidad que causan diversas patologías como el virus de la peritonitis infecciosa felina (Una enfermedad que causa el 1-2% de mortalidad en gatos domésticos y el 60% en guepardos). Así, una menor variabilidad genética hace que las defensas de todos los guepardos sean muy similares, ergo un virus que afecta a un solo guepardo puede llegar a afectar a toda la especie, extinguiendo al guepardo de un solo brote epidemiológico.

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Guepardos (Acinonyx jubatus) en Botswana. Fotografía de Chris Johns

Dicha escasa variabilidad genética ha sido comprobada de diversas maneras, pero cabe destacar un estudio realizado por el genetista Stephen J. O’Brien (Principal responsable de muchos de los estudios de genética de esta especie y miembro de Cheetah Conservation Fund) mediante la realización de transplantes de piel. Normalmente, dichos transplantes son rechazados como tejido ajeno, siendo atacados por el sistema inmunológico. En el caso del gato doméstico, la mayoría de injertos son rechazados en dos semanas. En el estudio realizado en 14 guepardos, solo 3 rechazaron los tejidos que les fueron injertados, tardando 40 días o más, como si de clones se tratasen.

Todos estos problemas hacen al guepardo, como comentaba anteriormente, un sujeto complicado de cara a los programas de conservación. El guepardo ha perdido el 90% de su censo en el último siglo, desapareciendo de más de 20 países, y ha quedado prácticamente extinto en Asia, donde solo queda una población de unos 100 ejemplares. A los problemas genéticos, se añade el tráfico ilegal, el conflicto con el ser humano (debido a los ataques al ganado) y la pérdida de hábitat; pero además se debe mantener una población viable (lo cual, debido al problema genético es complicado) y existe una fuerte competencia con otros grandes depredadores africanos.

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Guepardo (Acinonyx jubatus). Fotografía de Matthias Derksen

Actualmente, la principal organización para la protección y estudio del guepardo es CCF (Cheetah Conservation Fund), fundada por Laurie Marker. Dicha organización se dedica a realizar diversos estudios sobre patologías y reproducción de la especie, educación ambiental y programas de conservación para potenciar la convivencia con la especie (El problema de los depredadores y el ganado no es un problema de Zamora o Picos de Europa, es un problema mundial que tiene soluciones no letales) y garantizar su futuro. Os recomiendo pasaros por su web para aprender un poco más de este especial animal.

 

Bibliografía empleada:

  • Tizard. Inmunología Veterinaria. 8ª ed. Barcelona: Elsevier; 2009.
  • J. O’Brien, M. E. Roelke, L. Marker, A. Newman, C. A. Winkler, D. Meltzer, L. Colly, J. F. Evermann, M. Bush. Genetic Basis for Species Vulnerability in the Cheetah.  D. E. Wildt. Science, New Series, Vol. 227, No. 4693. Mar. 22, 1985, pp. 1428-1434.
  • Alison J. Pearks Wilkerson, Emma C. Teeling, Jennifer L. Troyer, Gila Kahila Bar-Gal, Melody Roelke, Laurie Marker, Jill Pecon-Slattery and Stephen J. O’Brien. Coronavirus outbreak in cheetahs: Lessons for SARS. Current Biology Vol 14 No 6 R228
  • Conferencia “The Cheetah: A Race for Survival” de Laurie Marker en septiembre de 2010, Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, Washington D. C.
  • Web de Cheetah Conservation Fund, consultada el 14/09/2015

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