***Las siguientes palabras fueron escritas en co-autoria con mi padre dos años antes de su muerte, pero que ahora motivado por el premio Nobel otorgado a Youyou Tu, he decidido hacer públicas.***

A pesar de que estamos en el siglo 21 donde la ciencia cada día avanza mas, donde el estudio del organismo como unidad fundamental pasó a ser el estudio del gen, donde estamos viendo la llegada a Marte como una realidad, nos hemos olvidado de problemas tan fundamentales en la estructura de la sociedad como la desigualdad en las condiciones para competir entre los seres humanos en busca de alcanzar una vida mejor.

Un caso particular de la asimetría anterior lo constituye la competencia diaria entre hombres y mujeres en el campo de la ciencia que el mundo ha empezado a observar en los últimos años, situación esta que tiene su génesis en la entronización del patriarcado como sustituto de la autoridad matriarcal cuando la familia evolucionó en forma paralela al desarrollo del modo de producción capitalista desde la parte baja de la edad media hasta el siglo XVII. Desde esta época la figura de la mujer fue relegada a la crianza de los hijos y la conducción del hogar mientras que la fuerza física del hombre fue absorbida de inmediato por las nacientes industrias manufactureras y posteriormente por las fabricas. De ahí surgió la necesidad de capacitar la mano de obra con lo cual ellos pudieron acceder a estudios superiores que hasta ese entonces le estaba reservado a la nobleza y a ciertos representantes de la iglesia. Estos hijos de comerciantes y de industriales fueron los primeros laicos que incursionaron en los campos del conocimiento de las ciencias naturales sin abandonar el lastre secular de la formación religiosa centrada en una teología aristotélica, agustiniana y tomista.

Mientras tres siglos contemplan a la mujer pariendo y levantando hijos, los hombres se apersonan cada vez mas de su papel de conocer la naturaleza a fin de transformarla para su beneficio y es de esta manera como va apareciendo el imaginario de que tan solo el cerebro del hombre (entiéndase racional, objetivo, sensato, profundo) es el predispuesto por la historia para adentrarse en los misterios del Universo, de la ciencia y de la vida misma, llegando a tal extremo este prejuicio de considerar a toda mujer como una menor de edad (léase inmadura, irreflexiva, subjetiva, precipitada, superficial) negándole de esta manera toda posibilidad a sus capacidades mentales [1].

Sin embargo este falso e injusto paradigma empezó a agrietarse cuando unos felices hechos llevaron a enfrentar la mente femenina con algunos fenómenos que podríamos denominar ciencia de gran altura y sus resultados no pudieron ser más contundentes ni menos elocuentes: Maríe Sklodowska y sus trabajos sobre radioactividad natural y descubrimiento de nuevos elementos químicos, Irène Curie y la explicación sobre radioactividad natural e inducida, Rosalind Franklin cuyas excelentes realizaciones sobre difracción de rayos x en cristales permitirían elaborar después el modelo del ADN y cuya muerte prematura la privo de la máxima distinción, LaDonne H. Schulman y sus magistrales investigaciones en los elementos de identidad del ácido ribonucleico de transferencia, Maud Leonora Menten y su valiosa contribución al estudio de las reacciones bioquímicas catalizadas por enzimas, Barbara McClintock por su obra alrededor de los genes saltarines o transposones que ayudaron a explicar algunos secretos del genoma, las matemáticas Sofia Kovalévskaya y Sophie Germain  con su contribuciones en ecuaciones diferenciales y en teoría de números, Jocelyn Bell por el descubrimiento de los púlsares, y muchos otros casos que con detalle expondremos su labor en futuras entradas al blog

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http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/lists/women.html

Pero estas incursiones de la mujer en el campo “masculino” de las ciencias no há sido gratuito pues a más de luchar contra la oposición de grupos machistas ha tenido que enfrentar y vencer el condicionamiento ancestral de que no estaba hecha para tales disciplinas, posición que aun prevalece con muchas mujeres aceptando aquello de que su misión es la sumisión.

Aunque las mujeres hoy en día han ganado importancia en la sociedad científica todavía se mantienen en algunos casos condiciones culturales de subordinación de las mujeres. Este problema de desigualdad ha originado que en la actualidad existan mas hombres que mujeres con titulo de maestría y doctorado[4].

Es importante promover en las mujeres la búsqueda de la  autonomía en la construcción de modelos que les permitan alcanzar un nivel de competencia en las mismas condiciones con los hombres, sin dejar de ser ellas, mostrándole a la comunidad que ellas pueden realizar un trabajo científico de alto nivel sin necesidad de pensar y comportarse como hombres para poderlo hacer[5]. Así se estará aportando una nueva estructura de pensamiento a la ciencia, que sea un poco más sensible a la sociedad que la rodea.

Sí entendemos por sexo el conjunto de características físicas y psicológicas que permiten clasificar a una persona como hombre o mujer, esta diferencia de genero haría inadmisible cualquier intento de privilegiar al uno sobre el otro pues como diría Gregorio Marañon: “ No es que un sexo sea superior al otro, simplemente son diferentes”. A lo anterior yo añadiría que además son complementarios y nadie, racionalmente, buscaría desdibujar o destruir aquello que lo complementa.

Referencias

  • [1] Reflexiones sobre Género y ciencia, Evelyn Fox Kéller, Instituto Valenciano de estudios e Investigación, 1991, Cap.4
  • [2] Mujeres Pioneras en Matemáticas, Notas de Matemática, Abril 1988, pag. 47-66
  • [3]  Women in Mathematics, Claudia Henrion, Indiana Univ. Press, 1999.
  • [4] Patricia Tovar, Catedra Manuel Ancizar “ciencia y genero” UN, Noviembre 8 de 2003
  • [5] Florence Thomas, Catedra Manuel Ancizar “ciencia y genero” UN, Noviembre 8, 2003.

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