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La lucha contra el cambio climático debe ser una de las prioridades políticas de los países desarrollados. Los efectos del cambio climático se harán sentir sobre el medio natural y sus recursos, y también sobre la salud humana. Para luchar contra el cambio climático en nuestro país tenemos que mirar hacia el modelo energético y reflexionar sobre su sostenibilidad en el tiempo, ya que es el responsable del 80% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero.

España cuenta con un consumo energético todavía muy por encima de la media europea y un modelo de suministro energético altamente dependiente de los combustibles fósiles que llegan desde el exterior.

Según datos del Banco Mundial, de continuar la tendencia actual de emisión de Gases de Efecto Invernadero, en gran medida por la utilización de grandes cantidades de combustibles fósiles, la temperatura de la Tierra a finales de siglo superará los 2ºC de incremento respecto a los registros marcados en la época preindustrial, techo fijado como crítico por el IPCC de Naciones Unidas, llegando a escalar a los 4ºC. El cumplimiento de estas negras previsiones situaría a la humanidad en un terreno de riesgo desconocido y pondría en jaque la biodiversidad del planeta.

Los grandes desafíos que provoca el cambio climático con el ejemplo de la transición energética deben transformarse en oportunidades a las que dar respuesta. Son innumerables las oportunidades que un progreso seguro basado en el desarrollo sostenible impulsaría en creación de empleo, industria, cohesión social y conservación de nuestro capital natural.

¿En qué consistiría ese cambio de modelo?

Sería aquel caracterizado por unos patrones de producción y consumo que compatibilizaran el desarrollo económico, social y ambiental, satisfaciendo las necesidades energéticas de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades.

Lo que se trataría de conseguir es una soberanía energética y una transición justa en perspectiva global hacia un sistema que reduzca nuestra intensidad energética y aminore progresivamente nuestras emisiones de CO2.

La reforma del modelo energético resulta por tanto imprescindible, y aún más considerando la urgencia de frenar el cambio climático, frente al que España presenta una elevada vulnerabilidad. Además supone una extraordinaria oportunidad, si se apuesta en serio por las energías renovables, algunas de las cuales han alcanzado ya un importante desarrollo en nuestro país, con empresas líderes a nivel internacional.

Los tres elementos indispensables para que el modelo sea sostenible son:

Seguridad energética: tiene que garantizar la continuidad del suministro a los consumidores a precios razonables;

Competitividad: no debe suponer un peligro para la competitividad de la economía y su crecimiento;

Sostenibilidad medioambiental: la producción y el consumo de energía deben suponer un impacto asumible para nuestro entorno.

La solución de nuestro modelo energético pasa por dos fases que son la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles y la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero. Para ello se tienen que poner en marcha medidas encaminadas a mejorar la eficiencia energética (reduciendo consumos en iluminación, calefacción, transporte…) e implantar tecnologías que permitan descarbonizar el mix energético. En definitiva, desarrollar un mix energético donde el eje fundamental sean las energías renovables  y la captura-almacenamiento de CO2.

¿Aún crees que es posible continuar con nuestro modelo energético?

 

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