VIVIR CON LA NORMA UNE

Hoy me paro a compartir un pensamiento con vosotros. Resulta que, como ingeniero, toda mi vida he estado relacionado con normativas (me consta que muchos de vosotros, también, aunque seáis de especialidades distintas). Esta mañana he recibido una oferta para adquirir una norma UNE. Para quien no esté familiarizado UNE significa “Una Norma Española” (no se quebró la cabeza el legislador). Es un tipo de norma que transpone las normas europeas y que no son de obligado cumplimiento ¿o sí?

Normas UNE

Normas UNE

Resulta que, en origen, la norma UNE no está adscrita a obligatoriedad salvo 3 casos de excepción, a saber:

  • Que alguna Ley (que sí sea de obligado cumplimiento) la cite o haga referencia a su uso.
  • Que aparezca expresamente en los pliegos de condiciones de proyectos.
  • Que así sea exigido por el promotor o contratante.

Hasta aquí, bien. El problema viene cuando el legislador se da cuenta de que esto es un chollo en toda regla y que “con un palo y una cuerda…” se puede convertir en una nueva vía de negocio que, lejos de ayudar a mejorar la calidad, la excelencia, la seguridad… , se convierte en un lastre que complica todo, en muchas ocasiones, de forma innecesaria.

Construcción, instalaciones industriales y residenciales, alimentación, pinturas, metalurgia, tejidos, transporte, gestión, calidad, investigación, metrología, medio ambiente, automovilística, tecnologías de la información, seguridad en Internet, responsabilidad social… TODO está legislado. Si tienes a tu hijo pequeño y quieres ponerle un accesorio para que no se le caiga el chupete… ¡ALTO!  Tendrás que cumplir la  UNE-EN 12586 (Artículos de puericultura. Broches para chupetes. Requisitos de seguridad y métodos de ensayo). ¿Has comprado lápices como material escolar para los pequeños? Y… ¿cumplen con el estándar EN71 y el reglamento REACH sobre seguridad en materiales y sobre componentes químicos en productos vendidos en la UE?

Desde el punto de vista del fabricante o de los usuarios de estas normas, parece lógico que si las normas son obligatorias, no se espere un lucro de la actividad de venta, más aún, cuando hay comités que están financiados por todos para que un grupo de expertos creen sin cesar norma tras norma, con sus cambios, sus modificaciones, sus “sustituye a …” y sus “sustituida por … “. Hasta que llega un momento en que uno tiene que elegir entre trabajar o estudiar la norma que le permite trabajar (pero no le dediques mucho porque puede que te la hayan cambiado para cuando acabes).  Pues resulta que si uno quiere hacer uso de estos compendios normativos tiene que pasar por caja pero se dan dos circunstancias paradójicas:

1.- la ley de aplicación normativa es gratuita pero no siempre es suficiente ya que, en muchas ocasiones, en lugar de transcribir, se limita a referir párrafos, artículos, gráficas… siendo necesaria contar con la norma matriz de la que parte y ésta, sí que es de pago.

2.- una vez pagas por ella te encuentras, a efectos jurídicos, en una situación digna del más depurado estilo kafkiano: el secreto comercial. Tienes que justificar que cumples la norma pero según reza en la licencia de la norma que acaba de caer en tus manos se te impide divulgar su contenido. ¿Recuerdan aquella escena de los hermanos Marx donde no podían entrar a una fiesta porque no tenían la entrada que, a su vez, se vendía en el interior de la fiesta? Pues eso.

¿Cara de póquer? Pues hay más. La política de precios es algo opaco al usuario que se ve indefenso ante situaciones como la que muestro del catálogo recibido. Una publicación digital (pdf) de 29 páginas cuesta 52.46 € + IVA.

Une3

Busquemos, pues, en Internet si hay algún sitio más donde comprar. Pues no, hay un monopolio de venta hermético, cerrado, que hace que AENOR, perdón, quiero decir,  AENOR© / AENOR ® (no vayamos a incumplir la normativa de registro de nombre y de marca comercial) sea la única empresa habilitada y acreditada para la venta.

¿Última opción ante la desesperación de necesitar varias de estas normas obligatorias para un trabajo puntual que puede que nunca vuelvas a realizar (o que para cuando las necesites, hayan vuelto a cambiar de normas)? Te pones el parche en el ojo y cuan bucanero surfeas las olas digitales en busca del preciado documento que te permita trabajar. Pues no lo encontrarás. El sistema de detección de documentos UNE es infalible, tanto, que te hace plantearte por qué no emplean el mismo software para eliminar de la red otras URL y documentos relacionados con drogas, terrorismo, violencia contra la mujer o la infancia, acoso cibernético, etc., etc., etc.

Y vaya por delante que entiendo que es necesario un marco normativo para que mejorar, adecuarse a nuevas técnicas de control y cálculo, etc., pero no, en hacerlo por moda y lucro porque supone un despropósito para todo aquél que come (o lo intenta) usándolas.

Bueno pues, aquí les dejo mi reflexión y en otro futuro artículo de calado más ingenieril abordaré una comparativa entre dos métodos de cálculo recogidos en 2 normativas sucesivas cuyos resultados difieren en 3 cosas:

  • En 125 € de coste
  • En un máster de matemáticas que hay que hacer para entender el nuevo método (permítanme la licencia humorística pero, habiendo visto lo sanguíneo que resulta comentar el tema de los matemáticos en entradas anteriores… me apalancaré en el silencio no escogiendo ninguna rama en particular).
  • En menos de un 2,5% (al final va a ser estadística, ya verás…) sobre el resultado final que, al aplicarle coeficientes de ponderación y tener que escoger entre un grupo de secciones normalizadas pues… eso, nada de nada.

Como reza en el refranero español … “para qué sufrir por estar arriba o abajo si, al final, soy yo el que trabajo…

Puede consultarse aquí el catálogo de normas UNE

Autor: Francisco Javier Luque Calderón

Share This

Suscríbete a nuestra newsletter

Prometemos enviar sólamente contenido relevante e interesante, nada de spam.

Gracias por suscribirte.