Como otros múltiples conceptos en la actualidad, este ha cobrado mayor protagonismo en los últimos años.

Dentro del tema medioambiental, términos como pensamiento verde, certificado de eficiencia energética, sostenibilidad, reciclaje, huella ecológica, huella de carbono y otros muchos, son tendencia en todos los aspectos de la vida cotidiana, noticias, debates políticos, compra/venta de productos…

La importancia de nuestros actos como efecto al medioambiente, se nos recuerda a cada paso, con mensajes, anuncios y cambios de conducta que ayudan en mayor o menor medida a la mitigación del CO2 que tanto perjudica.

Y en este primer punto empieza el conflicto existente en el entendimiento del concepto. ¿Es la cantidad de CO2 lo que mide la huella de carbono?

Lo correcto es explicar que la huella de carbono mide varios componentes en los que en todos ellos está el Carbono como compuesto. La unidad de medida de esta huella de carbono  son las emisiones de CO2 equivalente (Kilogramo o Tonelada de CO2 eq). Es posible que incite a error esta última nomenclatura.

Esto quiere decir la cantidad de CO2 que emite cada uno de los procesos productivos, y esta es la medida en que cada uno de ellos potencia el efecto del calentamiento global.

Este indicador ambiental es el que resuelve la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que emite cualquier producto desde su fabricación hasta el final de su ciclo de vida, que es en definitiva las emisiones que potencian el calentamiento global.

Cuando se habla de producto, no es más que un mero ejemplo, ya que toda actividad humana genera emisiones medibles con este indicador, ya sea nuestro traslado al trabajo, fabricación de móviles, ropa, reciclaje de residuos, cocinar, la creación de una página web… todo eso tiene su huella de carbono. Así pues, empresas y usuarios estamos expuestos a este indicador.

El tener un conocimiento de estos valores, permite actuar según aquellas actividades que cuenten con una huella de carbono de menor valor, también a la toma de decisiones administrativas y económicas para la reducción de la misma en los procesos industriales e incluso a nivel usuario, a comprar aquellos productos cuya fabricación haya supuesto menos emisiones a la atmósfera.

No son nuevos los consejos para reducir nuestra huella de carbono en el planeta,  reutilizar todo tipo de materiales alarga la vida de cualquier producto, el consumo y kilometraje de nuestro vehículo y de nuestros electrodomésticos vienen valorados en los puntos de venta y distribución, la adquisición de alimentación local elimina el gasto ocasionado en transporte desde otros lugares de producción…

Un transporte sostenible, una buena red de reciclaje, bienes, economía y productos bien administrados podrían reducir considerablemente el impacto ocasionado ya cuantificado con este extendido indicador.

 

Referencias

http://www.huellacarbono.es/apartado/general/huella-de-carbono.html

http://www.sostenibilidad.com/claves-para-entender-la-huella-de-carbono

http://www.eco-huella.com/2015/08/huella-de-carbono.html

http://www.magrama.gob.es/es/cambio-climatico/temas/mitigacion-politicas-y-medidas/Registro-Huella-Carbono.aspx

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