Un buen amigo mio, estudiante de Nanotecnología (esa suerte de promesa de excelencia a medio camino entre la física, la química y la biología) en una de las mejores universidades de España pero que nunca ha destacado por ser brillante en sus estudios universitarios, público hará un par de años un post en Facebook que decía así**:

«Muchas y muchos se preguntan por que estudio una carrera de ciencias si me encanta la filosofía, la historia, el arte y la comunicación, y si seguramente estas carreras se me darían bastante mejor. «¿Por qué tirarte hasta las 6 de la mañana estudiando cosas con nombres tan poco motivantes como física cúantica, quimica supramolecular o immunologia cuando con tu talento natural podrías sacarte más facilmente y disfrutar más carreras como marketing o comunicación audiovisual?» me preguntan desde una extraña mezcla de amor, admiración y paternalismo.

Pues bien, lo hago por que soy un idealista. La hago por que quiero cambiar el mundo. Y no, no es que crea que mi genio me va a permitir descubrir la fusión nuclear (aunque no estaría mal) ni que los desarroyos en ciencias sociales no mejoren el mundo. Nada más lejos de la realidad. Lo que pasa es que amo el internacionalismo y amo la diversidad.

En el siglo XXI la ciencia es y ha de ser internacional. Ya no hay Teslas, LavoisiersDarwins ni Einsteins que puedan resolver los enigmas con lápiz, papel y como mucho cuatro materiales comprados en el mercado mas cercano. No. Ni siquiera es ya posible que un país gane la siguiente carrera espacial sólo. La ciencia ha evolucionado de tal manera, ha llegado a tales límites que solo teniendo a toda la humanidad trabajando junta puede avanzar. Se construyen aceleradores de partículas en las fronteras entre países que se acusan mutuamente de ser paraisos fiscales, científicos de naciones enfrentadas revisan el conocimiento del otro, se construye una estación internacional en el espacio. Gente de diversas procedencias, ideas políticas y religiones trabajan juntos con un único objetivo: generar saber. Y eso me parece bonito. Y eso me parece útil para el mundo. Y eso es lo que quiero hacer con mi vida, aunque me cueste llegar a ello».

Aunque se pueden poner objeciones a la visión idealista de mi querido amigo (como las leyes de propiedad intelectual o la exclusión de ciertos países), hay que reconocer que el nivel de integración que se ha conseguido en la ciencia no se ha conseguido en ningún otro ámbito. Incluso un país mitificadamente desconocido por su hermitismo como Corea del Norte avanza en esa dirección.

Por eso sé que a él y a los lectores les hará tan feliz como a mi leer el siguiente párrafo:

«El físico Giorgio Paolucci se quedó boquiabierto cuando, en una reunión científica, un experto iraní levantó la mano para decir: “Comparto la posición de Israel”. Otro día vio a un biólogo israelí cogido del brazo de un experto en sincrotrones palestino. Estas escenas casi impensables ocurren con cierta frecuencia en un laboratorio emplazado en Allan, en Jordania: Sesame (Sincrotrón para la ciencia experimental y aplicada en Oriente Próximo, según sus siglas inglesas).»[1]

From: https://horizon-magazine.eu/article/middle-east-particle-accelerator-shows-positive-power-science-dr-jean-pierre-koutchouk_en

El centro de investigación en cuestión.

Y no, aunque el orientalismo pueda arrojar la erótica idea de que los musulmanes buscan una teoría física alternativa al modelo estándar que encaje con su concepción de la naturaleza y para ello necesiten encontrar el «anti Higgs«,SESAME no esta pensado para eso. La mayoría de aceleradores de partículas no sirven (principalmente) para estudiar física de partículas. Los electrones cuando se aceleran producen fotones (luz) que sirven para que los científicos investiguen. Igual que las discotecas necesitan luces violetas para que todos nos veamos las manchas en la ropa mutuamente (cosa que con la luz visible no pasaría), los científicos de ciertas áreas (ciencia de los materiales, farmacia, bioquímica) necesitan «bombillas» especiales, los sincrotrones. Y esta infraestructura, apoyada por la Unión Europea, hará que los científicos de próximo oriente no se tengan que desplazar y puedan trabajar juntos aunque sus países estén en guerra los unos contra los otros. Y si, en esos paises se hace ciencia, dejemonos de eurocentrismo. Irán es una potencia en Nanotecnologia y no hace falta decir que Israel es uno de los grandes polos de la innovación tecnológica.

 

From: https://cds.cern.ch/record/1365725/files/SESAME_2_image.jpg

Los paises participantes en el proyecto.

Primero fue la idea, de entre otros un premio Nobel Pakistaní, hace mas de 30 años, inspirado en el CERN [2]. Y ahora, después de la innovación política: “Por ejemplo, nuestros miembros se llaman ‘miembros’, no ‘países miembros, para no ofender a los países que no se reconocen entre sí’” [1], llegará la científica a la zona.

No es genial que, aunque sus gobiernos se odien, un iraní, un chipriota, un palestino y un israelí vayan a trabajar en el mismo lugar? Por supuesto que es dificil, pero en ciencia si se puede.

 

 

** Versión libre del texto.

[1]http://www.elperiodico.cat/ca/noticias/ciencia/sincrotro-pau-escalfa-motors-proxim-orient-5579695

[2]http://www.sciencediplomacy.org/perspective/2012/synchrotron-light-and-middle-east

Para leer más:

http://mag.digitalpc.co.uk/fvx/iop/esrf/sesamepeople/

http://elpais.com/elpais/2016/10/26/ciencia/1477467746_800745.html

https://home.cern/about/updates/2014/06/accelerating-progress-sesame

 

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