Levanta la cabeza de la pantalla, sólo un instante. Mira al frente y elige el primer objeto que tengas delante de los ojos, si tuvieras que describirlo, ¿por donde empezarías?. Seguramente hablarías de su forma, de su tamaño, estos son datos importantes, pero si tuvieras que empezar por alguno, con casi total seguridad comenzarías por su característica más fundamental: el color.

Podríamos definir el color como una percepción del cerebro de los animales al interpretar ciertas señales nerviosas procedentes de los fotorreceptores de la retina del ojo, cuando estos captan las diferentes longitudes de onda que emiten los objetos. O simplificando, diríamos que, todo objeto, cuando está iluminado, absorbe unas determinadas longitudes de onda y refleja otras. Ya que sólo las longitudes de onda reflejadas pueden ser vistas por el ojo, el cerebro únicamente detectará esos colores. Un limón es, o mejor dicho, lo percibimos de color amarillo, porque absorbe ciertas longitudes de onda pero refleja solo aquellas que el ojo detecta como amarillas.

Por lo tanto, y siguiendo esta lógica, si queremos conocer el origen de los colores, deberemos hallar aquello en los seres vivos capaz de captar y reflejar estas diferentes longitudes de onda. Ese “algo” que buscamos se llama biocromo. Estos pigmentos naturales o biocromos pueden ser de origen animal o vegetal y su diversidad es tan amplia como colores en la naturaleza.

Quizás el más cercano para nosotros sea la melanina, todos nos acordamos de ella en verano cuando no logramos conseguir el bronceado deseado. Esta sustancia se encuentra en el pelo, la epidermis y el iris pero además, aunque ya su función no sea la de proporcionar pigmentación, la podemos encontrar en la médula espinal, la glándula suprarrenal, el oido interno e incluso en algunos núcleos del cerebro. Pero no nos pensemos que la melanina es una sustancia exclusiva de los humanos, también proporciona la coloración del pelaje y el plumaje de la mayoría de animales.

Las plantas, por el contrario, reciben su característico color verde de la clorofila. Este pigmento se encuentra además en algas y algunas bacterias y es extremadamente importante en la fotosíntesis. Asociada a los diferentes grupos de clorofilas e igual de importantes en este proceso fisiológico, existen otros tipos de pigmentos, responsables del gran abanico de colores que encontramos en la naturaleza. Los tonos amarillos, naranjas o rojizos, de por ejemplo las zanahorias o los tomates, son consecuencia de los carotenoides (clasificados en carotenos y xantofilas). En cambio, las antocianinas dan las coloraciones púrpuras o azules a, sobre todo, flores y frutos.

Estos dos últimos grupos de pigmentos se encuentran también en las hojas de los árboles pero en menor cantidad y por ello durante los meses cálidos, quedan enmascarados por las clorofilas y su intenso color verde. Con la llegada del otoño, por ejemplo, y la disminución de la intensidad de luz, la cantidad de clorofila también se reduce y las tonalidades amarillas, marrones o rojas, tan características de esta estación, se hacen visibles.

Dentro del reino animal existen especies incapaces de sintetizar algunos de estos pigmentos y por lo tanto deben adquirirlo mediante la dieta. Un ejemplo curioso es el caso de los flamencos. Estas aves rosadas que aterrizan en las marismas del sur de nuestra Península cada primavera, en realidad son animales blancos al salir del cascarón y adquieren esta coloración de los carotenoides presentes en los pequeños crustáceos, algas y bacterias que conforman su dieta. El flamenco con una coloración más rosada suele ser el compañero más deseable, ya que es signo de buen estado de salud. En muchas ocasiones, los ejemplares que viven en zoológicos pierden esa tonalidad oscura al ser alimentados a base de piensos que no llevan en este tipo de sustancias.

Los flamencos adquieren su tonalidad rosada gracias a los carotenoides de su dieta.

Ahora que sabemos que los colores no existen como tal, sino que son deducciones que realiza nuestro cerebro, sería interesante terminar con algunas reflexiones. ¿Los colores que veo yo, serán los mismos que ves tú? ¿Existen mas colores que nuestro cerebro no puede interpretar? O incluso, ¿de qué color se verán los flamencos?

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