A raíz de los casos registrados en el mes de febrero de este año de Meningitis en la comunidad de Madrid, no pude evitar acordarme de una curiosidad microbiológica existente a nivel mundial: el llamado cinturón de la meningitis. Esta zona desfigura al continente africano desde Senegal a Etiopía como una cicatriz difícil de observar que recuerda a la OMS la amargura de no haber sido capaz de romper con la maldición de ser zona endémica de una enfermedad cuyos síntomas y secuelas están tan grabadas en el imaginario colectivo.

La meningitis es la inflamación de las membranas que rodean al cerebro y la médula espinal. Dicha enfermedad puede ser de origen viral o bacteriana, pero mientras la meningitis viral es normalmente benigna, en el caso de la bacteriana (provocada por Neisseria meningitidis), puede causar importantes secuelas como daños cerebrales, sordera o problemas en el aprendizaje en un 10 a un 20% de los supervivientes y es mortal en la mitad de los casos no tratados.

Los síntomas más comunes son la archiconocida rigidez de nuca, fiebre, fotosensibilidad, vómitos y dolores de cabeza. De manera muy poco frecuente se puede dar una forma muy grave de dicha enfermedad que es la septicemia meningocócica, caracterizada por una erupción cutánea hemorrágica y un colapso circulatorio rápido, causando la muerte del paciente en un breve espacio de tiempo.

Con tratamiento y atención médica en cambio, se puede llegar a aplacar la ira de esta enfermedad, hasta el punto de reducir la mortalidad hasta el 10%. Es de declaración obligatoria y todos aquellos que hayan estado en contacto con un enfermo, deberán tomar quimioprofilaxis para evitar un posible contagio.

Para poder diversificar su fuerza de ataque, se han llegado a identificar 12 serogrupos, seis de los cuales (A, B, C,W,X e Y) son artífices de grandes epidemias, como la acontecida el año pasado en Nigeria por el serotipo C, en la que fallecieron 1112 personas.

Esta pequeña quimera comienza su periplo gracias al contacto estrecho y prolongado entre personas, pudiendo ser algunas por razones que se desconocen, portadoras faríngeas asintomáticas.  A pesar de que se puedan dar casos esporádicos durante todo el año, la mecha se prende de manera violenta y sin control por la llegada del Harmattan : el viento cálido y seco que indica el comienzo de la estación seca entre diciembre y junio. Este viento favorece la irritación de garganta y con ello neutraliza una de las defensas más importantes del organismo. Si a esto le sumamos el hacinamiento de los hogares y los grandes desplazamientos de la población a raíz de las peregrinaciones y mercados tradicionales, obtenemos un coctel explosivo.

 Después de asediar sin piedad la zona, con la llegada de las lluvias en el mes de mayo, este huracán microbiológico cesa y solo deja tras de sí un rastro de dolor y muerte: según la OMS, en los últimos 20 años se han registrado un millón de casos sospechosos y 100.000 personas han muerto.

Al margen del poder destructivo de este viejo conocido, la ciencia ha ido creando su propio arsenal médico que consta de vacunas conjugadas frente al serogrupo A, vacunas conjugadas frente al serogrupo C, vacunas tetravalentes (grupos A, C, Y y W) y vacunas a base de polisacáridos. Esto junto a la vacunación masiva temprana, según la OMS, ha logrado prevenir hasta el 70% de los casos que podían preverse en los brotes acontecidos en esta zona.

Concretamente la lucha contra la meningitis A, causante de un 80-85% de los casos, ha experimentado un gran impulso gracias al desarrollo de una nueva vacuna conjugada, la MenAfriVac que protege durante diez años y evita que los portadores sanos transmitan la enfermedad. Sin embargo, siguen dándose brotes producidos por otras cepas como la primera gran epidemia de meningitis C que se produjo en Níger y Nigeria en el 2015 y que por desgracia se volvió a repetir en el 2016.

Con el uso de esta nueva vacuna, la OMS impulsa una estrategia más polivalente que abarca la preparación, prevención y respuesta frente a las epidemias. En el caso de la preparación, se hace especial hincapié en la vigilancia, desde la detección de los casos hasta su posterior investigación y confirmación en el laboratorio. Con respecto a la prevención, se procede a inmunizar con la vacuna a todas las personas de 1 a 29 años en esta zona y a sensibilizar a la población, reforzando la colaboración transfronteriza.

Adicionalmente la OMS prestará apoyo técnico sobre el terreno a los países que se encuentren afectados por una epidemia. Finalmente, la respuesta frente a las epidemias consiste en el tratamiento rápido y apropiado de los casos con la vacunación reactiva colectiva de las poblaciones sin vacunar, por lo que se colabora con fabricantes y asociados para velar por que las reservas de vacunas sean suficientes. Al margen de que dichas epidemias constituyan una gran carga para la salud pública, la OMS está totalmente comprometida con la eliminación de este terror en miniatura.

En su momento este ambicioso plan en el que no solo intervenía la OMS, sino también medico sin fronteras, la cruz roja y la media luna roja, se quedó en dique seco por culpa de la situación económica mundial. Sin embargo, ahora que se intuyen los primeros vientos de recuperación esperemos que se dé por fin las bases para la erradicación de este pequeño gran mal.

 

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