Si otro país tuviera nuestra historia, todo el mundo la conocería y las salas de cine rebosarían de gente viendo las hazañas o infamias de sus protagonistas. Estados Unidos, por poner un ejemplo, apenas tiene 200 años de historia, y su crucial intervención en la Segunda Guerra Mundial ha cercado la atención de las generaciones posteriores a través de películas, libros y videojuegos. Más atrás en el tiempo, la Guerra de Secesión o su independencia del Imperio Británico han quedado también más que sabidas. Cómo olvidar el taquillazo de “El Patriota” con Mel Gibson, o la imagen de Lincoln en múltiples adaptaciones. O, ¿la guerra de Vietnam? “Last Train To Clarksville…” Y a falta de más historia, la inventan en los comics para que hoy en día llevemos camisetas y merchandising de sus héroes de DC Comics o Marvel.

Puede parecer una entrada absurda, pero es solo un ejemplo más de lo poco que se sabe vender este país llamado España. Cada 12 de octubre, en muchas de las ciudades de EEUU desfilan los italianos celebrando el “descubrimiento” de América. Las calles se tiñen de banderas verdiblancas y rojas en la que no se percibe ni de sorpresa una española. Y es que, Cristóbal Colón, genovés, es un orgullo para los italianos. Y la razón del nombre de América es, por cierto, en honor a otro italiano, florentino, llamado Amerigo Vespucci, al atribuírsele el descubrimiento de América y su identificación como un nuevo continente. Más aún, este susodicho señalaba en sus escritos que había descubierto el “continente americano” a las órdenes no del rey de España, sino… del de Portugal.

“Columbus Day”, orgullo italiano en EEUU.

Para cerrar esta pequeña rabieta que, de cuando en cuando, a uno le viene por A o por B, quisiera que al menos en este blog para amantes de la ciencia conocieseis a auténticos científicos españoles actuales que merecen sin duda alguna el Premio Nobel o al menos mucho mayor reconocimiento por su labor científica para con la sociedad. Dudo mucho que en los países que a continuación figuran en orden a su número de Nobeles, haya más talento que aquí:

  • Estados Unidos: 363
  • Reino Unido: 123
  • Alemania: 106
  • Francia: 68
  • Suecia: 31
  • Rusia/Union Sovietica: 27
  • Italia: 20
  • Holanda: 20
  • Noruega: 13
  • Australia: 12
  • España: 8

España tiene una población de 46 Millones, Suecia no tiene ni 10 Millones y tienen 25 premios más que nosotros. 6 de los 8 que nos corresponden son en literatura, y dos en ciencia. Sólo el trabajo de dos científicos españoles, Ramón y Cajal y Severo Ochoa, ha sido reconocido para tal galardón.

Apostaría lo que fuera a que la mayoría de vosotros ni conoceréis a estos científicos españoles que os voy a mostrar a continuación. ¿Sabíais, por ejemplo, que es una científica española la que prácticamente ha dado con la clave de la inmortalidad? ¿O que el famoso CRISPR lo descubrió un ilicitano? ¿O que el mayor yacimiento de pinturas rupestres y restos fósiles de la prehistoria humana yace en Burgos?

Aquí van:

Juan Carlos Izpisúa (Hellín, Albacete, 1960). Sus investigaciones aparecen en las más prestigiosas revistas científicas, como Cell o Nature, y copan titulares en medios de todo el mundo. Cerró el año 2016 acaparando la atención mundial por sus investigaciones sobre cómo revertir el envejecimiento, y el 2017 con otro bombazo: solucionar la carencia de órganos para el trasplante usando a los cerdos como incubadoras. Su trabajo ha dado impulso mundial a la medicina regenerativa.

 

 

Francisco Martínez Mojica (Elche, 1963). Descubrió que las bacterias utilizan un método para inmunizarse que abrió la puerta a la revolución en la manipulación genética, cuya aplicación más práctica ha sido el sistema CRISPR, que viene a ser editar genes tal y como editamos palabras en Word para corregir el ADN defectuoso de cualquier célula. Se trata de la posibilidad de revolucionar la lucha contra el cáncer de origen genético y enfermedades como el alzhéimer.

 

María Blasco Marhuenda (Alicante, 1965). Con ella me voy a explayar, pues en cuanto leáis su reciente biografía profesional no entenderéis cómo aún no ha recibido ni un solo nobel.

La Dra. Blasco ha sido la primera científica en caracterizar la telomerasa, proteína que alarga los telómeros de los cromosomas en cada división celular y está fuertemente involucrada en procesos tan relevantes como el envejecimiento y el cáncer. Y, ¿qué son los telómeros? Pues son unas estructuras que protegen nuestro material genético, pero que se van acortando conforme nuestras células se multiplican a lo largo de la vida para crecer y regenerar los tejidos. Vendría a ser como el plástico de los cordones, (analogía que inventó la propia Blasco), que con el tiempo se deteriora hasta que el cordón se deshilacha. Y éste se piensa que es una de las causas de por qué envejecemos y somos mortales. La telomerasa es el antídoto que tiene la naturaleza para re-alargar los telómeros. No está presente en el organismo adulto, pero se activa en el desarrollo embrionario y resetea los telómeros del nuevo individuo. Es interesante que las células del cáncer son las únicas inmortales que existen, y es gracias a que tienen telomerasa y mantienen largos sus telómeros. María Blasco descubrió esto y sigue estudiando su implicación en la tumorogénesis y en muchos de los grandes avances en este campo. En 2008, su grupo de investigación generó un ratón transgénico llamado “Triple” que tenía telomerasa en el organismo adulto, y terminó viviendo mucho más de lo habitual. Como no se pueden hacer humanos transgénicos, lo que hicieron en 2012 también en ratones, fue activar la telomerasa pero de una manera más parecida a como se aplicaría el proceso en humanos. Utilizaron unos “vehículos” (como virus o nanomoléculas) capaces de introducir los genes en el organismo, la famosa terapia génica. Al tratar con telomerasa ratones de mediana edad, el grupo de la Dra. Blasco logró retrasar el envejecimiento y, así, las enfermedades asociadas a él.

Ahora bien, como el envejecimiento no se considera una enfermedad, no se pueden hacer ensayos con personas para retrasarlo. Pero sí que se podría usar la telomerasa para tratar pacientes que sufran enfermedades asociadas al envejecimiento y ver si mejoran frenando el envejecimiento. En ratones funciona para infarto de miocardio y se está probando para fibrosis pulmonar. Esa sería la aplicación: no para tratar el envejecimiento en sí y alargar la vida (algo que aún es ciencia-ficción), sino tratar enfermedades que nos matan y hoy no tienen cura.

Mariano Barbacid Montalbán (Madrid, 1949). Entre sus mayores aportaciones a la ciencia cabría destacar que consiguió aislar un gen humano mutado capaz de causar cáncer nunca antes aislado: el oncogén humano H-ras (en carcinoma de vejiga). Este hecho supuso un increíble avance para el estudio del cáncer en cuanto a las bases moleculares. Sus trabajos le valieron el premio Juan Carlos I de investigación. En 1988 pasó a dirigir el departamento de oncología del Instituto Squibb de Princeton. A fines de los años noventa regresó a España y desde 1998 es director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas Carlos III de Madrid. Nos pone los pies en el suelo al ser claro. Rescato estas palabras de una reciente entrevista que le hicieron en El País: “El cáncer no es comparable con cualquier otra enfermedad (…) que engloba más de 100 enfermedades distintas en un concepto único: cáncer. Hay que entender que en el cáncer las mutaciones que provocan los tumores están dentro de nosotros mismos (…) por eso es tan difícil bloquearlo. Tenemos que tratar de inhibir un proceso que es esencial para la vida pero que ha empezado a funcionar de forma anormal”. Y recalca: “La investigación básica en oncología no es garantía de una curación de los cánceres mañana, pero sin la ciencia no habrá nuevas ni mejores terapias”.

Margarita Salas Falgueras (Canero, Asturias, 1938). Discípula del mismísimo y también asturiano Severo Ochoa. Ambos se encargaron de impulsar la investigación española en el campo de la bioquímica y de la biología molecular. Su estudio sobre el virus bacteriano llamado “Phi29” nos ha permitido conocer cómo funciona el ADN, cómo sus instrucciones se transforman en proteínas y cómo estas proteínas se relacionan entre ellas para formar un virus funcional. Dicho de otra manera, descubrió la ADN polimerasa, una proteína que participa en la amplificación de los genes del virus. Esta enzima fue patentada y posteriormente licenciada a Amershan Biosciences (absorbida luego por GE Healthcare). Su importancia ha sido clave, ya que es una buena demostración de que la ciencia puede generar dinero. De hecho, el CSIC ha ingresado cerca de 4 millones de euros por esta invención, lo que supone casi el 50% de sus ingresos por royalties.

Margarita Salas es, sin duda, una de las figuras imprescindibles de la historia de nuestra ciencia. No sólo su investigación ha sido fundamental para entender un poco más cómo funciona el virus phi 29, sino que también es autora de la que por ahora es la patente más rentable en España. Resulta curioso pensar en que un pequeño virus, invisible para nuestros ojos, puede ser tan trascendente para la economía y la investigación.

Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954). El más reputado divulgador científico de nuestro país, es considerado como una de las personalidades más importantes a nivel mundial en su ámbito profesional. Catedrático de Paleontología y Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, es Director del Centro de Evolución y Comportamiento Humano (Universidad Complutense-Instituto de Salud Carlos III), Director Científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos y miembro del equipo de investigación de los Yacimientos de Atapuerca, patrimonio de la Humanidad y “Meca” mundial de la evolución humana. Atapuerca es un yacimiento único en el mundo para el Pleistoceno medio, y no solo por el registro fósil, sino por el material genético que ha permitido, entre otras cosas, reconstruir el genoma de los neandertales. El 8 de abril de 1993 fue portada de la revista Nature por el artículo sobre el descubrimiento, en 1992, del cráneo humano más completo del registro fósil de la Humanidad, el cráneo número 5, perteneciente a un individuo de Homo heidelbergensis, la especie antecesora común de los neandertales y de los humanos modernos.

José Miguel Mulet (Denia, 1973). A este gran científico le admiro sobremanera por su incesante lucha contra las pseudociencias y su inestimable labor de divulgación científica, algo de lo que precisamente está falta nuestra sociedad y que precisamente por ello han proliferado pensamientos mágicos de terapias naturales, dietas absurdas o cruzadas sin razón contra los alimentos no “ecológicos” o “libres de trangénicos”. También lo admiro porque ambos nos dedicamos además a la investigación con plantas (yo acabo de empezar mi doctorado), un nicho científico donde las administraciones públicas no priorizan tanto como con las labores más oncológicas o de biomedicina (aunque en España, ya ni eso. La i+d nunca ha interesado demasiado aquí, pero eso da para otro extensa entrada). El Dr. Mulet dirige una línea de investigación en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de la Universidad Politécnica de Valencia, que trata de desarrollar plantas tolerantes a la sequía y al frío, algo que no vendrá nada mal para los cultivos que deberán hacer frente a las condiciones extremas del ya presente futuro.

***

Los investigadores españoles publican más que nunca en revistas científicas de gran impacto y nunca han tenido tanto reconocimiento internacional como ahora. Pero entonces algo falla si se asume que el premio Nobel es un termómetro válido para medir la salud de la ciencia de un país… Lo que faltan son recursos y una mejor gestión, además de, por supuesto, que nuestros jóvenes se interesen más por la ciencia. Y la razón para ello estriba en una mejor educación y que la ciencia se venda mejor en España. Y en esto último, pecamos muchos científicos y profesores.

Además, hay que saber gestionar mejor lo que tenemos para atraer talento del resto de Europa a nuestro país, como lo hace EEUU, donde más de la mitad de sus Nobel pertenecen a investigadores que residen en el país pero no son estadounidenses. Tienen un mercado científico muy competitivo, estratificado por talento, y las mejores condiciones para los investigadores. Lo que falta en España es también el incentivar la competencia entre instituciones, acabar con la “endogamia” en las universidades y recompensar con recursos a los mejores. Y a toda esta batería de consejos no estaría mal más flexibilidad. Si no podemos evitar que un investigador excelente se vaya a otro país con una oferta mejor ¿por qué no le ofrecemos una colaboración para tenerle al 20 o al 30%?

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