capitular La superficie de la luna, a simple vista, se nos aparece plagada de cráteres consecuencia de los miles de impactos que ha sufrido durante su historia. Aunque tenemos impresionantes cráteres como el Cráter Barringer de Arizona en la Tierra, la mayor parte de las veces se nos hace difícil, casi imposible, distinguirlos sobre nuestra superficie si no es con una mirada muy observadora, a través de satélites, y tras muchas horas de investigación.
A diferencia de la Luna, la Tierra posee un interior aún muy activo. Se forma nuevo material en las dorsales oceánicas y en áreas volcánicas y se destruye el antiguo en las zonas de subducción. Además, la atmósfera contribuye al modelado terrestre mediante la erosión, el transporte y la sedimentación de materiales, enmascarando cualquier indicio de impacto de meteorito que pudiera quedar. Pero, afortunadamente para nosotros, no siempre es así. Especialmente en los escudos continentales, donde se encuentran las rocas más antiguas de nuestro planeta, y los cráteres más recientes que pueden observarse en zonas más jóvenes. Además, la atmósfera terrestre también nos ofrece un escudo protector, ya que los asteroides que la traspasan tienen que hacer frente a una gran cantidad de fricción que disgregan y evaporan los meteoritos de menor tamaño.

Ilustración de meteorito
Al hablar de cráteres de impacto, automáticamente se nos viene a la cabeza la extinción de los dinosaurios e imágenes apocalípticas, sin embargo, pocos conocen los múltiples beneficios que estas formas tienen. Estos cráteres permiten mineralizaciones económicamente rentables, como es el caso de los depósitos de níquel en el cráter Sudbury en Canadá. Los impactos también nos permiten conocer las propiedades físicas de los materiales donde impactan y los materiales subterráneos, esto sería imposible de replicar a la misma escala en un laboratorio. Además, gracias al registro de impactos observados en la Luna se ha podido determinar las edades y la historia de superficies planetarias (a más cráteres de impacto, más antigua es la superficie).
En nuestro país existen dos cráteres de impacto no confirmados: la Estructura de Azuara y la Cuenca de Rubielos de la Cérida, en la provincia de Zaragoza. Ambas estructuras fueron formadas en un objetivo sedimentario, aproximadamente hace 35 millones de años y con un diámetro de entre 35 y 40 Km. La evidencia de impacto más importante es la presencia de un intenso metamorfismo de choque, diferentes tipos de rocas de fundido de impacto y brechas. Aunque algunos autores (e.g. French and Short, 1998; Ernston et al. 2002) ofrecen evidencias de un posible impacto, otros autores cuestionan estas evidencias y consideran que estas estructuras han sido consecuencia de procesos puramente tectónicos (Aurell et al. 1993; Cortés et al. 2002). Actualmente, estas estructuras aparecen en algunos de los compendios internacionales de estructuras de impactos, por ejemplo en Impact Structures of the World Somerikko.net, pero han sido retirados del Earth Impact Database.

Ilustración de astronauta obserba la tierra desde la luna
Independientemente de si Azuara o Rubielos de la Cérida han sido creados por impactos o procesos endógenos, lo cierto es que los cráteres de impacto nos ofrecen una visión de la historia geológica de la Tierra emocionante y a la vez peligrosa. Estas estructuras nos revelan una gran información sobre nuestro sistema solar y a la vez, nos alertan sobre un riesgo natural para el que, por suerte, ya se están considerando medidas de mitigación.

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Ilustraciones Aida Valugo


REFERENCIAS:

– French, Bevan M. «Traces of catastrophe: A handbook of shock-metamorphic effects in terrestrial meteorite impact structures.» (1998).

– Schüssler, U., T. Ernston, and K. Ernstson. «Impact-induced carbonate-psilomelane vein in the Azuara structure of northeastern Spain, Treb.» Museum Geologica Barcelona 11 (2002): 5-65.

-Aurell, M., González, Á., Pérez, A., Guimerà, J., Casas, A., & Salas, R. (1993). Discussion of ‘The Azuara impact structure (Spain): new insights from geophysical and geological investigations’ by K. Ernston and J. Fiebag. Geologische Rundschau82(4), 750-755.

-Cortès, A. L., Díaz‐Martínez, E., Sanz‐Rubio, E., Martínez‐Frías, J., & Fernández, C. (2002). Cosmic impact versus terrestrial origin of the Azuara structure (Spain): A review. Meteoritics & Planetary Science37(6), 875-894.

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