Las bacterias multirresistentes, MDR (“superbacterias”) se consideran “un importante desafío de seguridad sanitaria del siglo XXI” (declaración conjunta de los ministros de Ciencia de los países del G8, reunidos en Londres antes de la cumbre del G8 en Irlanda del Norte, 2013). Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó su primera lista de “patógenos prioritarios” resistentes a los antibióticos, para los cuales sería necesario  desarrollar nuevos tratamientos antiinfecciosos. Entre ellos, como “prioridad crítica” se seleccionaron en este orden: Acinetobacter baumannii carbapenem-resistente, Pseudomonas aeruginosa, carbapenem-resistente y Enterobacteriaceae, carbapenem resistente, productora de ESBL.

Varios podrían ser los caminos para luchar contra las bacterias resistentes a los antimicrobianos: i) Usar de forma apropiada los antibióticos en humanos y animales; ii) Estudiar mecanismos bacterianos moleculares como tolerancia y persistencia a varios antibióticos que podrían ser previos al desarrollo de resistencia; iii) Investigar nuevos tratamientos antiinfecciosos alternativos como: a) Nuevas drogas; b) terapia de fagos; c) terapia anti-virulencia; d) Lisinas; e) Anticuerpos; f) probióticos; g) Estimulación Inmune.

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   a) Nuevas drogas: desde el año 2000 se lanzaron al mercado tres clases nuevas de antibióticos para uso humano, entre ellas; hay uno que está restringido a uso tópico. “Gap innovation” es la frase que se ha utilizado para explicar la ausencia de nuevos tipos estructurales introducidos en el arsenal antibacteriano desde 1962 (1).

   b) Terapia de fagos (incluidos los derivados): los bacteriófagos, virus que infectan específicamente a las bacterias, se descubrieron y se utilizaron como agentes antimicrobianos durante la década de 1920, pero dejaron de usarse con la aparición de antibióticos, quedando relegados a la Unión Soviética, donde han continuado para ser utilizado durante décadas (2).

Varios estudios en animales han demostrado la eficacia y seguridad de la terapia con fagos para tratar diferentes infecciones (3-5).

   c) Terapia anti-virulencia: los objetivos de los procedimientos anti-virulencia son reducir el uso de antibióticos y, en consecuencia, reducir la aparición de resistencia a los antibióticos, al tiempo que se protege la flora beneficiosa. Los agentes anti-virulencia no ejercen fuertes presiones selectivas sobre las bacterias que benefician la evolución de los mecanismos de resistencia y persistencia y, debido a que no tienen un impacto sobre la viabilidad, no deben alterar la microbiota beneficiosa (6).

   d) Anticuerpos: Fue utilizada por primera vez la sangre de conejos con el objetivo de neutralizar toxinas en 1890 (7). Posteriormente, la terapia sérica fue ampliamente utilizada para tratar enfermedades infecciosas tales como la neumonía neumocócica, la meningitis meningocócica, la disentería o la erisipela. Sin embargo, con el tiempo, la terapia sérica se relegó a su uso en patologías escasas como hepatitis, sarampión o enfermedades inducidas por toxinas, debido a la gran cantidad de efectos adversos observados. Después de la terapia sérica y como resultado de los avances en el campo de la inmunología, se implementó el uso de anticuerpos específicos contra un patógeno específico o factor de virulencia.

   e) Los probióticos son microorganismos vivos que proporcionan beneficios para la salud del huésped cuando se administran en cantidades adecuadas http://www.who.int/foodsafety/fs_management/en/probiotic_guidelines.pdf. Por lo general, los probióticos más comúnmente utilizados son cepas de bacterias como Lactobacillus o Bifidobacterium o aislados fúngicos de la microbiota normal como Saccharomyces boulardii.

   f) Estimulación inmune: aunque los nuevos intentos de investigación y desarrollo para encontrar la próxima generación de fármacos antibacterianos son esenciales, en combinación con el uso adecuado de los antibióticos actuales, las vacunas comienzan a reconocerse como herramientas fundamentales y potentes para atenuar la bacterias multiresistentes (8).

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Existen muchos factores que podrían ser necesarios para superar las bacterias multiresistentes (conocidas como “superbacterias”) que se centran en la prevención, detección y desarrollo de nuevos tratamientos donde la participación clínica es esencial, así como la innovación y la investigación.

Ilustraciones de Lucas Pascual


references

(1) M. Bassetti et al., New antibiotics for bad bugs: where are we? Ann Clin Microbiol Antimicrob 12 (2013) 22.

(2) A.S. Brunel. and B. Guery, Multidrug resistant (or antimicrobial-resistant) pathogens – alternatives to new antibiotics? Swiss Med Wkly 147 (2017) w14553.

(3) N. Dufour et al., Treatment of Highly Virulent Extraintestinal Pathogenic Escherichia coli Pneumonia With Bacteriophages. Crit Care Med 43(2015) e190-8.

(4) L. Debarbieux et al., Bacteriophages can treat and prevent Pseudomonas aeruginosa lung infections. J Infect Dis 201(2010) 1096-104.

(5) S. T. Abedon, Phage therapy of pulmonary infections. Bacteriophage 5(2015) e1020260.

(6) A. Beceiro, M. Tomas, and G. Bou, Antimicrobial resistance and virulence: a successful or deleterious association in the bacterial world? Clin Microbiol Rev 26(2013) 185-230.

(7) E. von Behring, and S. Kitasato, [The mechanism of diphtheria immunity and tetanus immunity in animals. 1890]. Mol Immunol 28(1991) 1317, 1319-20.

(8) M. Lipsitch, and G.R. Siber, How Can Vaccines Contribute to Solving the Antimicrobial Resistance Problem? MBio 7(2016).


 

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