Son guapos, inmortales, odian el ajo y su comida favorita es… tú sangre.

Capitular Sin duda nos referimos a los Vampiros, míticas criaturas nocturnas que nos aterran y seducen casi en la misma medida y que se las han arreglado para mantener su lugar a medio camino entre la realidad y la ficción a lo largo de la historia. Pero, ¿qué hay de real en la leyenda de Drácula?

Estudios antropológicos han podido encontrar referencias a criaturas que se alimentan de la esencia vital de otros seres vivos desde tiempos inmemoriales y en culturas distantes, pero no fue hasta 1897, cuando Bram Stoker escribió su célebre novela “Drácula” y los catapultó a la fama, con ese aire de aristócrata excéntrico y refinado que hoy nos es tan familiar.

De hecho, si alguien nos pide que describamos un vampiro ahora mismo, lo más probable es que sin querer digamos algo muy parecido a esto:

“Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre la fina nariz y las ventanas de ella peculiarmente arqueadas; con una frente alta y despejada, y el pelo gris que le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca, por lo que podía ver de ella bajo el tupido bigote, era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios, cuya notable rudeza mostraba una singular vitalidad en un hombre de su edad. En cuanto a lo demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas en la parte superior; el mentón era amplio y fuerte, y las mejillas firmes, aunque delgadas. La tez era de una palidez extraordinaria.”

Extracto “Drácula” de Bram Stoker (1897)

reflejo en el espejo de colmillos enormes

Ilustración Ana Velasco

Su inspiración y la de muchos otros escritores provenía de la oleada de muertes que asolaban Centroeuropa en la primera mitad del s. XVIII y que se achacaban a criaturas con estas características.

En un intento de dar una explicación racional a estos fenómenos, los médicos y patólogos de la época recogían datos y analizaban muestras que provenían de esos supuestos monstruos. Sus estudios sentaron las bases para que, en la actualidad, la ciencia haya podido determinar las causas del “Vampirismo”.

La patología que mejor explica este fenómeno es la Porfiria Eritropoyética Congénita, enfermedad de Günther o “la enfermedad de los vampiros”. Este mal genético y hereditario impide a su portador metabolizar las porfirinas. Dichas proteínas  participan activamente en la síntesis del grupo Hemo, que a su vez forma parte de los glóbulos rojos de la sangre. Cuando este sistema falla aparece un déficit de hemoglobina y un exceso de porfirinas, que da lugar a una serie de manifestaciones en las que, sin duda, podría haberse basado Stoker para retratar a su criatura.

A continuación detallaremos cada uno de los rasgos más representativos de los vampiros asociándolos a la explicación más plausible relacionada con esta patología:

  • Incapacidad para exponerse a la luz del día: Aunque la literatura actual ha sustituido esta característica por “piel brillante”, el vampiro clásico ardía en llamas cuando era expuesto al sol. Esta debilidad se puede relacionar directamente con uno de los sistemas que produce la acumulación de porfirinas bajo la piel de los enfermos. Cuando estas proteínas son expuestas a la luz solar durante un periodo de tiempo prologado, se degradan liberando elementos que producen ampollas, enrojecimiento, hinchazón y sangrado. El enfermo siente que su piel “se quema”.  Estas lesiones, darían lugar también a otro de sus rasgos más llamativos, la Cara de vampiro, ya que cuando las lesiones faciales son graves pueden perderse partes los labios, lo que provocaría que los dientes  aparentasen tener un mayor tamaño y que se perdieran piezas que acentuaran más la sensación de “colmillos prominentes”.
  • Extrema palidez, piel fría y ojos sanguinolentos: Tanto la palidez, como esa sensación cadavérica que tiene su piel se deberían la a anemia severa que produce el mal de Günther. En cuanto a los ojos rojos, podría deberse a la acumulación de porfirinas, que en algunas ocasiones se manifiesta dándole ese aspecto sanguinolento a la mirada.
  • Aversión al ajo: Una imagen recurrente en el cine de vampiros es ver las camas de las atormentadas victimas rodeadas de ristras de ajos, ya que se supone que consiguen mantenerlos alejados. Y es que los que sufren esta Porfiria “vampírica” son intolerantes al ajo, ya que contiene un compuesto, el disulfuro de alilo, que destruye los grupos Hemo, ya escasos en esta patología, por lo que al tomarlo los enfermos sienten que el malestar aumenta y tienden a evitarlo.
  • Sangre como alimento: Sin duda el más representativo de todos los rasgos de un vampiro. Cuando el déficit de hemoglobina es muy severo se pueden producir “picas”, que según el Manual diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), son trastornos de la ingestión y de la conducta alimentaria en los que se manifiesta un deseo irrefrenable de comer o lamer sustancias no nutritivas y poco usuales como la tiza, el yeso, o en este caso, la sangre. De la misma forma el déficit de hierro puede traducirse en una necesidad casi animal de beber sangre.
  • Como podéis ver, la mayoría de lo que hace a Drácula lo que “es” puede explicarse medicamente. Aun así, gracias a la literatura y al cine, la visión de Stoker perdura en nuestras retinas y aunque la ciencia haya develado su naturaleza, ese halo fantástico que desprenden estas criaturas y los secretos que se esconden en las sombras, seguirán seduciéndonos.

    reflejo en el espejo de colmillos enormes

    Ilustración Ana Velasco

    Porque, como dice Janet (Susan Sarandon) en The Rocky Horror Picture Show:

    «Emocióname, relájame, lléname Criatura de la noche«

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