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Incluso los lectores más jóvenes de este artículo habrán relacionado directamente las palabras “aceite de colza” con algo malo para la salud. La gran mayoría ni siquiera podría describir qué es esa famosa colza, ni por qué la rechaza directamente. Esto es debido a que hace varias décadas sucedió algo en España que cambió por completo la conciencia de los ciudadanos frente a este alimento, aunque… ¿qué pasó exactamente? ¿es realmente malo para la salud?

Colza (Brassica napus)

La colza (Brassica napus) es una planta híbrida resultante del cruce entre Brassica rapa (el nabo) y Brassica olearacea (el brócoli, el repollo, la coliflor, etc.), todas pertenecientes a la familia de las crucíferas. Esta planta presenta un tallo erecto que llega a alcanzar los 2 metros de altura, donde se forman racimos de flores de un amarillo muy  intenso (por eso se ven campos de cultivo de color amarillo brillante en primavera), las cuales terminarán formando silicuas (vainas) con pequeñas semillas negras esféricas, materia prima para la obtención de aceite vegetal.

En muchos países, con Canadá a la cabeza, el aceite de colza es el más utilizado dentro del grupo de los aceites vegetales. Nutricionalmente, presenta un predominio en ácidos grasos poliinsaturados (28%) y vitamina E, junto con un bajo contenido en ácidos grasos saturados (7%). Esto hace que sea muy sensible a la oxidación y sea necesario hidrogenar parte de este aceite para reducir la producción de olores desagradables durante la fritura. A la vista de esta información, ¿por qué tiene tan mala fama?

En los primeros días de mayo de 1981 se detecta una nueva enfermedad en España, la cual afecta muy rápidamente a un creciente número de personas y cuyo origen se desconoce, el llamado como síndrome tóxico-epidémico (también denominado síndrome del aceite tóxico [SAT]). A los pocos días el gobierno anuncia como culpable a una partida de aceite de colza desnaturalizado y vendido de forma ambulante, aunque no todos los científicos estaban de acuerdo en que el aceite pudiera haber causado dicha epidemia, con más de 60.000 afectados (25.000 con secuelas irreversibles), muriendo más de 1100 personas. Desde el primer momento, siempre hubo varias hipótesis del origen de la intoxicación masiva. Se pensó que podía ser causada por un micoplasma (bacteria), por la presencia de algún tipo de hongo patógeno en las plantas de colza que acumulase toxinas (como las aflatoxinas), las cuales estuviesen presentes en el aceite obtenido a partir de las semillas infectadas, o por contaminación de los recipientes de envasado con metales pesados, como el cadmio.

Provincias afectadas por el síndrome del aceite tóxico

Aceite de colza comercial

La hipótesis de intoxicación por anilinas se basa en la entrada en España de una partida de aceite de colza desde Francia, la cual había sido desnaturalizada para su uso industrial y vuelta a renaturalizar para usarla en alimentación. En el proceso de desnaturalización se le añadió al aceite un tinte denominado anilina, el cual se pensó que, tras el proceso de renaturalización, se transformaría en anilidas tóxicas, y que éstas serían las causantes de la grave epidemia.

La razón principal de desarrollo de la enfermedad, y llegada a situación de muerte, es por la afectación neuromuscular del individuo, también denominada “neumonía atípica”, la cual puede llegar a desarrollar alteraciones clínicas de tipo vascular y afección cutánea semejante a esclerodermia (enfermedad autoinmune de la piel), complicándose con procesos trombo-embólicos. Aquellas personas que sobrevivieron a la enfermedad pueden padecer de forma crónica hipertensión pulmonar y/o parálisis y atrofia muscular, entre otros graves síntomas.

Precisamente, por los síntomas que se observaron en la enfermedad, hubo investigadores que jamás se convencieron de que el aceite de colza contaminado fuera el causante de tal epidemia. Es aquí donde gana protagonismo la hipótesis de que la intoxicación era directamente debida al consumo de una partida de hortalizas tratadas con un nematicida organotiofosforado, cuyo uso estaba prohibido en muchos países por sus problemas de toxicidad, pues este compuesto bloquea la enzima colinesterasa, necesaria para el correcto funcionamiento de las neuronas. Además, se dan situaciones extrañas e inexplicables para que el aceite de colza sea el agente causal, pues dentro de una misma familia que consume los alimentos cocinados con el mismo aceite hay miembros que enferman y otros que no, o incluso a nivel de vecinos, habiendo viviendas afectadas y viviendas sanas, consumiendo todos el mismo aceite de la misma garrafa. Pero aún más destacable fue la situación catalana, pues distribuyendo en su región el mismo aceite no se encontró ni un solo caso de la enfermedad.

Señalar que, judicialmente, se declaró la responsabilidad subsidiaria del Estado por hecho delictivo de terceros, pero no responsabilidad criminal. Además, se fijaron las indemnizaciones a abonar a los afectados por la tesorería del Estado, las cuales superarían la cantidad de 2.500 millones de euros y cuya finalización de pago se situaría en el año 2005.

Seguramente jamás sepamos con total seguridad cuál fue el compuesto tóxico causante del síndrome tóxico-epidémico acaecido en el año 1981. No debemos olvidar la situación de España en ese año, habiendo sufrido un intento de golpe de estado en el mes de febrero (el denominado 23F) y con un gobierno luchando por entrar en la Unión Europea. La única forma de evitar futuras intoxicaciones masivas de este tipo, es mediante el aumento de controles en calidad y seguridad alimentaria, y en la investigación científica desde la producción del alimento hasta el efecto del mismo sobre la salud.

 

La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera

 

Referencias bibliográficas y más información:

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Faber-Kaiser A (1998). Pacto de silencio. Compañía General de las Letras.

Gunstone, F. D. (Ed.). (2004). Rapeseed and canola oil: production, processing, properties and uses. CRC Press.

Martin, J. I. (2003). La justicia del accidente, variaciones sobre el síndrome del síndrome del aceite tóxico español. Revista de Antropología Social, (12), 287-320.

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