¿Son los microorganismos los que controlan nuestras emociones?

 

La microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan de manera colectiva en un ecosistema. ¿Podríamos considerar entonces el ser humano como un ecosistema? POR SUPUESTO. Nuestro intestino alberga una gran cantidad de microorganismos que favorecen a nuestros procesos fisiológicos. Es por eso que yo sé que os cuidáis, que sabéis que es importante tomar yogures, probióticos y no abusar de los procesados para regular la flora intestinal y esas cositas.

Lo que pocos saben -y que ayuda a comprender frases como “somos lo que comemos” o “comer hace feliz”- es que, en nuestro intestino, tenemos un segundo cerebro.

El sistema nervioso entérico (SNE) es la parte del sistema nervioso autónomo encargada de regular las funciones vitales gastrointestinales.

Es una bomba, ¿no? Es decir… ¿cuántas veces nuestro estrés ha afectado a nuestro tracto gastrointestinal? ¿O a nuestra digestión? ¿O a que se nos cierre la boca del estómago y no podamos comer? Pensad en un momento dado de vuestras vidas (ansiedad por trabajo, cansancio, pocas horas de sueño…) y recordad como afectó a vuestras funciones intestinales. Ahí llegan todas las emociones: Como si de alguna manera, el cerebro mandase información a nuestro intestino y consiguiera influir en nuestras necesidades fisiológicas más humanas. Por ejemplo, ¿qué ocurre cuando vemos al chico o chica que nos gusta? Pues que sentimos mariposas en el estómago… Cuántas conexiones encontramos de repente, ¿verdad?

Sin embargo, la cosa no termina aquí… ¡Qué va! La historia se pone interesante a partir de los estudios sobre Salud Mental y Tracto Gastrointestinal de los últimos años.

Durante mis años de especialidad en Biotecnología Farmacéutica, me sentí bastante atraída por la asignatura de Neurofarmacología, y en particular por los mecanismos moleculares que se dan en pacientes con depresión, esquizofrenia o por abuso de drogas… Bueno, tampoco quiero irme mucho del tema. Sí, volvamos…

La serotonina es una sustancia química que funciona como neurotransmisor y que, por lo general, regula el estado de ánimo. Pues bien, sin saber muy bien porqué y sin meternos de lleno en el mecanismo molecular que se da, para que una persona sufra de depresión, la neurona que transmite el impulso neuronal (la serotonina en este caso) vuelve a reabsorberlo, y la que tenía que recibirlo pues… eso, se queda sin nada. Es por ello que los antidepresivos más recetados hasta la fecha son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Sin embargo, hace un par de meses, leí un artículo en Foodmap Everyday (www.fodmapeveryday.com) que relacionaba la baja producción de serotonina con la presencia del Síndrome de Intestino Irritable.

Neurotransmitters, such as serotonin, are produced primarily in the gut with the help of the trillions of microbes that reside there. In fact, it is estimated that more than 90% of the body’s serotonin is produced in the gut, where it plays a major role in communication between the gut and brain.

Es decir, que la serotonina se produce PRINCIPALMENTE en el tracto digestivo con ayuda de todos los microorganismos que residen en él… Ahora todo tiene sentido, ¿no? Yo me como una hamburguesa, y me cambia el humor. Tenemos una mala semana, una mala ruptura, una situación deprimente en el trabajo y, por norma general, sufrimos las consecuencias en nuestra salud intestinal.

Ilustración por Amira Fernández. Conexión Microbiota-Intestino-Cerebro

 

Ahora vayámonos a un momento más actual. En concreto, al trabajo realizado por Valles-Colomer et al., (Nature Microbiology, Febrero 2019) “The neuroactive potential of the human gut microbiota in quality of life and depression”.

Como he mencionado anteriormente, el ser humano es un ecosistema donde habitan un sinfín de microorganismos. En este trabajo realizado por el instituto Flamenco para la Biotecnología (VIB), se ha publicado un análisis que demuestra cómo la ausencia de algunos tipos de bacterias da lugar a la depresión. Además, la cosa se pone todavía más interesante: Algunas de ellas podrían producir compuestos capaces de afectar a nuestro estado mental (como ocurre con la serotonina). Más en concreto, el grupo descubrió la capacidad de algunos microorganismos en producir DOPAC, que es uno de los metabolitos de la dopamina, neurotransmisor asociado a las sensaciones de PLACER y RELAJACIÓN. El mismo grupo de investigación ha detectado problemas de ANSIEDAD o DEPRESIÓN en personas con ALTERACIONES GASTROINTESTINALES, surgiendo ambas patologías prácticamente al mismo tiempo.

No obstante, tenemos que tener en cuenta que la microbiota es un universo que empezó a ser de interés científico hace escasos años, y que la salud mental es una de las disciplinas con más dificultades a la hora de saber diagnosticar una enfermedad. Cada uno ha seguido su propio camino: algunos tomaron leche materna y otros no, algunos son alérgicos o intolerantes a ciertos alimentos y otros no, algunos comen mejor que otros… Por lo que el factor ambiental, como ocurre también en muchas enfermedades neurológicas, es clave a la hora de desarrollar patologías a nivel gastrointestinal. Tal vez es nuestro segundo cerebro (o, mejor dicho, los microorganismos que viven en él), quienes manejan nuestros hilos.

Si es que… nunca hay que juzgar un libro por su portada ni un organismo por su dimensión…

 

Referencias:

  • The neuroactive potential of the human gut microbiota in quality of life and depression, 2019. Nature Microbiology
  • https://www.fodmapeveryday.com/

 

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