¿Estarían los microorganismos evolucionando para poder sobrevivir en un ecosistema lleno de plásticos?

He nacido y crecido en la playa. Uno de mis momentos favoritos de la semana es cuando dejo la bata colgada, me alejo de la ciudad, y me paro en cualquier playa para pasear, meditar, aislarme del mundo y sentir esa armonía que sólo consigue transmitirte el sonido de las olas. Ese sonido por el que te dejas acunar hasta alejarte de todos los problemas que dejaste olvidados junto a la cotidianidad de tu día a día.

Sin embargo, recibo mil mensajes de alarma que, extrañamente, no llegan de ninguna de las aplicaciones de mi smart phone. Vienen desde la orilla, con sus colores chillones, otros transparentes, con etiquetas que aún cuelgan, o completamente desnudas. Son botellas de plástico que la sociedad se había encargado de tirar sobre aquel lienzo de arena para que vinieran absorbidas por el agua con el vaivén de sus olas.

En ese momento, sientes varias cosas: Impotencia, rabia y náuseas.

El océano nos pide ayuda

 

¿Qué es lo que hago ahora?

Llego a casa, me preparo una taza de café y enciendo mi portátil para hacer una búsqueda exhaustiva sobre el problema de la contaminación, las cantidades de producción de plásticos y cómo, posiblemente, llegamos tarde para salvar nuestro querido -aunque no lo parezca por nuestros actos- planeta. De esta forma, me topo con un montón de información sobre el tema.

Vayamos por partes. Empecemos explicando qué es el PET.

El PET (Polyethylene terephthalate en inglés) es un tipo de plástico muy usado en envases de bebidas y textiles. Resulta que en 2013 se produjeron alrededor de 56 millones de toneladas de PET, suponiendo un gravísimo problema para los ecosistemas de todo el mundo. Entonces sigo buscando, y llego a una publicación de la revista Science en 2016: Un estudio de Yoshida y colaboradores sobre una bacteria que degrada y asimila el PET. ¿Qué es lo que hizo el grupo dirigido por Yoshida? Resulta que recogieron hasta 250 muestras en todo tipo de medios contaminados por partículas de PET (como suelos, sedimentos, aguas residuales, etc), y analizaron cada una de ellas en busca de microorganismos que utilizasen el plástico como principal fuente de carbono para alimentarse y crecer.

Y… ¡Tachán!

Llega nuestra salvadora. Llega la que cariñosamente llamaré Zampa-plas.

Ideonella sakaiensis, la zampa-plas y cómo podría salvarnos

Ideonella sakaiensis es una bacteria del género ideonella y de la familia comamonadaceae. Yoshida y su grupo consiguieron identificar una enzima de la bacteria que puede degradar casi en su totalidad una lámina delgada de PET tras seis semanas a una temperatura de 30ºC, para transformarlo en compuestos derivados (glicol de etileno y ácido tereftálico) que usará como fuente de carbono y energía. En ese momento, supongo que Yoshida, su grupo y demás, sabían que habían encontrado el diamante en bruto para la industria de los plásticos, para salvar miles de ecosistemas que se encuentran en peligro y poder dejar a nuestros hijos un mundo que no está en putrefacción por nuestras ansias de especie dominante que no valora lo que la Madre Naturaleza nos regala.

Era de esperar que, una vez se identificara la enzima responsable de la degradación de PET, se quisiera ir más allá: En 2018 se publicó un estudio sobre el análisis funcional y estructural de la enzima con el fin de entender mejor cómo funciona y, por qué no, tomarla como molde y diseñar proteínas a partir de ella con un mayor rendimiento, pues como se ha dicho anteriormente, tardaría unas seis semanas en degradar una lámina de dicho compuesto a 30ºC. Es por ello, y hablando siempre desde el absoluto desconocimiento sobre el tema, que podría ser necesario sintetizar proteínas “zampa-plas” que consiguieran trabajar en menos tiempo y/o a temperaturas inferiores.

Dicho de otro modo, y quizás de una forma más sencilla, los residuos de plástico que desechamos parecen ser un elemento de la cadena trófica y, como había enunciado Gregg Beckham tras tal descubrimiento:

“Es probable que los microbios evolucionen más rápido y mejoren sus estrategias para descomponer los plásticos hechos por el hombre. Parece que la naturaleza está evolucionando en soluciones”.

¿Y los residuos que deja el plástico?

Cómo ya sabemos, y hemos visto en muchísimos videos, documentales y fotos, los plásticos son perjudiciales para las especies acuáticas. Pero ¿qué pasaría con los compuestos químicos que los plásticos desprenden a los ecosistemas? Resulta que los residuos de plásticos contienen zinc, manganeso y níquel, entre otros. Estos compuestos también afectarían a otros organismos que residen en dichos ecosistemas. Encontramos así una publicación de Communications Biology en 2019, donde investigadores pudieron ver cómo éstos afectan los genes y, como consecuencia, el oxígeno que producen microorganimos fotosintéticos que habitan en los océanos, como es el caso de las Prochlorococcus.

Da todo un poco de miedo, ¿no? Estamos cargándonos especies del mundo marino y no parece que todo esto consiga concienciarnos. ¿Cómo es posible que existan bacterias, como el caso de Ideonella sakaiensis, que consigan evolucionar para poder vivir en El Nuevo Mundo que estamos creando y nosotros no podamos aportar nuestro granito de arena para cambiar el destino del planeta? ¿Haremos lo de siempre y miraremos para otro lado? Aunque exista la bacteria Zampa-plas, no podemos quitarnos responsabilidades. Tal vez es hora de entender que, aunque duela, somos la especie más inútil en la Tierra.

Así que no queda otra que, señoras y señores, ponernos en marcha para cuidar lo que tanto nos da y no pide nada a cambio.

Esquema representativo de la búsqueda sobre contaminación de plásticos y residuos

 

Referencias:

  • A bacterium that degrades and assimilates poly(ethylene terephthalate). Science, 2016
  • Protein Crystallography and Site‐Direct Mutagenesis Analysis of the Poly(ethylene terephthalate) Hydrolase PETase from Ideonella sakaiensis. ChemBioChem, 2018

  • Plastic leachates impair growth and oxygen production in Prochlorococcus, the ocean’s most abundant photosynthetic bacteria. Communications Biology, 2019

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