Ilustraciones: Ángela Olivares Illana

Todos necesitamos alimentos

A Sofía le gustaban mucho dos cosas: las flores y cocinar. Un día mientras preparaba unas magdalenas para compartir con su familia, se puso a pensar ¿cómo se alimentan las plantas? Ellas no pueden ir al supermercado, tampoco comen lo mismo que nosotros…

El fin de semana fue a la casa de su abuela y allí también estaba de visita su prima Lucía. Ella estudiaba agronomía, así que algo de plantas debía saber y por eso se animó y le hizo la pregunta.

Como Lucía sabía lo mucho que a Sofi, como cariñosamente llamaba a su prima pequeña, le gustaban las flores le dijo:

  • Te lo voy a explicar, pero vas a tener que armarte de paciencia porque voy a tardar algunos meses

Sofía, que tenía la paciencia muchísimo más corta que sus uñas, pensó:

  • ¡Uf, meses!
  • Ya verás, dijo Lucía; que salió un momento y cuando regresó traía en sus manos una bolsa marrón de papel. Aquí tengo unas semillas de girasol, le dijo entregándole la bolsa. Quiero que tomes una y la siembres en una maceta.

Mientras iba de regreso a su casa, Sofía pensó en que debía ponerle un nombre a la semilla que iba a sembrar. Así podría hablarle, de tú a tú, todos los días y fue así como pasó a llamarse Helianta.

Al llegar sacó a Helianta de la bolsa, con mucho cuidado la depositó en una maceta con tierra húmeda y la puso en la ventana de su cuarto para que tuviera luz todo el día.

Pero como era muy ansiosa, al día siguiente llamó por teléfono a Lucía para decirle:

  • ¡No pasa nada! Ayer sembré a Helianta y aún no veo nada
  • Ten paciencia, le explicó Lucía sonriendo y pensando en que era típico de su prima ponerle nombres a las plantas. Ahora no lo ves, pero a Helianta le están creciendo las raíces. Primero serán unos pelitos muy, pero muy chiquitos; pero luego comenzarán a alargarse y a ramificarse para conseguir agua y nutrientes de la tierra que las rodea
  • ¿nutrientes? ¿eso que es? Le preguntó un poco más calmada
  • Son sustancias que están en el suelo y que Helianta necesita para germinar y luego crecer sana y fuerte
  • ¿cómo los que yo obtengo de la comida? Preguntó interesada
  • Dentro de unos días te iré a visitar y veremos cuánto ha crecido Helianta.

 ¡A cocinar!

Y así fue, cuando Lucía fue a conocer a Helianta, la vio y le dijo a Sofía:

  • Mira, ¡ya han salido los cotiledones!
  • ¿qué cotiledones? ¡esa es Helianta! Mi plantita de girasol respondió enfurruñada
  • Sofi, explicó Lucía con paciencia, esas dos hojitas pequeñitas que tiene Helianta se llaman cotiledones y le dan el alimento necesario
  • ¡Ah! Exclamó Sofía pensando que habían llegado al meollo de la cuestión, es así como se alimentan las plantas
  • Por ahora sí, porque es pequeñita, pero pronto deberá fabricar su propio alimento. Los cotiledones le dan de comer a la plantita mientras germina solamente
  • ¿cómo? ¡Nunca he visto a una planta cocinar!
  • Las plantas cocinan o hacen algo parecido que se llama fotosíntesis, le dijo Lucía a una Sofía que cada vez abría más los ojos.
  • Helianta, y todas las plantas (jajaja me salió en rima pensó Lucía), en sus hojas tiene la cocina. Cuando necesita alimento usa una olla llamada cloroplasto donde mezcla un poquito de clorofila -que es un colorante verde recomendado por los chefs más prestigiosos-, luz solar, agua que trae desde sus raíces y un poco de dióxido de carbono -un gas que saca del aire-; los bate un poco, deja reposar la mezcla y obtiene…

Lucía hizo una pausa para darle más dramatismo a su explicación, pero a Sofía se le había acabado la paciencia así que le dijo

  • ¿qué? ¿qué obtiene?
  • Mmmmm, un azúcar ¡de-li-cio-so! que se llama glucosa
  • ¿cómo el que nosotros le ponemos al café?

    Ilustración de: Ángela Olivares Illana

  • Muy parecido. Pero eso no es todo, mientras Helianta cocina libera a la atmósfera oxígeno, ese elemento tan importante en el aire que respiramos
  • ¡Ah! ¿Por eso dicen que las plantas purifican el aire?
  • ¡Claro! Dijo Lucía emocionada al ver que Sofí entendía lo que le estaba explicando
  • Pero… ¿come todo lo que cocina? ¿no le sobra alimento a veces? preguntó Sofía pensativa
  • Tú cuida mucho a Helianta que yo ahora tengo que estudiar. Eso te lo contaré la próxima vez que nos veamos

Intrigada, pero viendo que su Heliantita crecía sana y fuerte, la regó y la volvió a colocar en la ventana. Se fue a jugar y se olvidó de los alimentos hasta que su mamá la llamó a cenar.

Como en casa, lo que sobra va al refrigerador

Pasaron varios días hasta que Sofía vio otra vez a su prima. Para ese entonces Helianta había crecido bastante y estaba comenzando a florecer.

  • ¡Buenos días! Al fin te dignas a aparecer, saludó Sofía
  • ¡Sofi, no te enojes! Tenía que dar muchos exámenes en la universidad dijo Lucía y a Sofía enseguida se le pasó el enfado pensando en lo mucho que estudiaba su prima
  • Bueno… ¿me vas a contar qué pasa cuando Helianta hace mucha fotosíntesis?
  • ¡Claro que sí! Apunta, que esto te va a gustar… Helianta tiene unos mini refrigeradores en su tallo y raíces y allí guarda el alimento que le sobra para usarlo cuando más lo necesite
  • ¿y cuando sucederá eso? Preguntó Sofía muy interesada
  • Cuando florezca y se formen nuevas semillitas. Entonces las tendrá que alimentar para que puedan madurar y… Lucía dejó la frase sin terminar
  • ¡Puedan transformarse en nuevas Heliantas! Dijo Sofía contenta
  • Exactamente mi pequeña jardinera, dijo Lucía y se fueron abrazadas a conversar con la abuela Elvira.

Cuando las semillas de Helianta maduraron, Sofía las recogió y guardó para sembrarlas al año siguiente y repetir la aventura de germinar, crecer y fructificar nuevamente.

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