La carne de pollo es, después de la de cerdo, la más consumida por todo el mundo y, aunque es la segunda en el ranking, sí que es la carne consumida en un mayor número de países diferentes. Ligado a su consumo siempre ha habido creencias populares con respecto a su modo de cría: su piel y su carne tienen hormonas, antibióticos o engordan demasiado. ¿Qué hay de cierto en todo ello?

Estructura química de los principales estrógenos

Estructura química de los principales estrógenos

En primer lugar, la palabra hormona hace referencia a una molécula que regula los procesos fisiológicos de un determinado organismo (metabolismo, crecimiento, desarrollo y funcionamiento de sus partes [órganos]). En el caso de los animales, éstas son producidas por glándulas endocrinas situadas en diferentes partes de nuestro cuerpo, las cuales liberan las hormonas directamente al torrente sanguíneo, para que tengan su efecto en el lugar concreto donde sean requeridas. Al hablar de ganadería, destacan las hormonas sintéticas utilizadas para aumentar y acelerar el crecimiento de los animales, los denominados como anabólicos, que aceleran la síntesis de proteínas y de los huesos. Estos “medicamentos” sintéticos son, normalmente, de naturaleza estrógena, lo que quiere decir que están implicados en el desarrollo de los órganos sexuales secundarios en mujeres (senos).

Por lo tanto, el uso de este tipo de hormonas en una ganadería como es la bovina provoca de forma directa un aumento en el contenido proteico de su carne, una disminución en su contenido en grasas y una mayor producción de leche (como consecuencia del efecto estrógeno). Pero, como todo lo que trata de organismos vivos, no es tan sencillo como simplemente atiborrar a hormonas a los animales, pues su uso deriva en mastitis en las vacas. Esta enfermedad produce una grave inflamación de sus ubres y la producción de abundante pus en su leche, impidiendo totalmente su venta.

¿Y en el caso de los pollos?

Pollos de engorde

Hasta los años 60 la producción de carne de pollo (importante diferenciar gallinas ponedoras de pollos de engorde) tenían un crecimiento muy lento, puesto que a los dos meses de edad dejaban de producir de forma natural hormona de crecimiento. Para contrarrestar e intentar acelerar su aumento de tamaño, comenzaron a utilizarse anabólicos (hormonas de crecimiento estrógenas) artificiales. Como consecuencia del uso de estas hormonas, a finales de los años 50 un cocinero francés desarrolló una enfermedad denominada como ginecomastia o desarrollo de glándulas mamarias en los hombres, a consecuencia del consumo de hormonas estrógenas. Esta historia fue el origen de la creencia popular de que los pollos, y en concreto su piel, presentan hormonas artificiales femeninas. ¿Entonces se les da, o no se les da hormonas a los pollos?

La realidad es que, en la actualidad, no. Los pollos de engorde actuales son el resultado de un profundo programa de cruces genéticos selectivos entre diferentes variedades, con el fin de conseguir pollos que crecieran más y de forma más rápida. Algo que se consiguió, con la mejora, también, de sus dietas. De esta forma, los pollos de engorde actuales alcanzan los 3 kilos a los 45 días de edad, mientras que los anteriores alcanzaban los 2 kilos con 5 meses. Por ello, se hace totalmente innecesaria la aplicación de hormonas artificiales, pues es precisamente a los 45 días cuando los pollos comienzan a dejar de producir la hormona y se adicionaba artificialmente.

Pero la ausencia de hormonas en los pollos hoy en día no es solo debido a que ya no se necesiten para obtener buenos resultados de producción, sino que en la Unión Europea está totalmente prohibido su uso, según marca la Directiva 96/22/CE, la cual prohíbe la utilización de determinadas sustancias que provoquen efectos tireostáticos (tiroides), estrógenos (hormonas femeninas), andrógenos (hormonas masculinas) o gestágenos (prolongan el embarazo, por ejemplo, la progesterona) en animales de explotación.

Otro caso diferente es de la utilización de antibióticos en la ganadería. El mal uso de estos medicamentos provocará que en el año 2050 mueran al año 10 millones de personas a causa de bacterias resistentes a los antibióticos. En la Unión Europea está totalmente prohibido el consumo de carne que presente antibióticos desde el año 2006, pero desde este mismo año 2019 se prohíbe incluso el uso de antibióticos en animales si no presentan enfermedad, y siempre bajo prescripción de un veterinario. Estas medidas son consecuencia de la práctica habitual de ganaderos, quienes daban de forma continuada a los animales antibióticos para estimular su crecimiento, lo que provoca el surgimiento de bacterias resistentes a los mismos.

Alitas de pollo

En resumen, ni la carne de pollo, ni su piel, presentan ningún tipo de hormona artificial, pues su uso es totalmente ilegal. Es más, aunque presentasen hormonas estrógenas, éstas podrían producir en hombres el desarrollo de caracteres secundarios femeninos (como los senos), pero jamás, ninguna sustancia química, podrá cambiar las preferencias sexuales de una persona (otro mito falsamente extendido). A su vez, la piel del pollo, aunque sí que es verdad que aporta más calorías en la dieta que la carne, es un alimento muy saludable, pues es rica en grasas insaturadas beneficiosas para la salud cardiovascular.

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