ace algunos días, el 27 de febrero, se celebró el Día Internacional del Oso Polar, fecha elegida por la organización internacional Osos Polares (Polar Bears International) para crear conciencia sobre el peligro en el que estas bellas criaturas (Ursus maritimus) y otras con las que comparten su hábitat se encuentran, principalmente a causa del cambio climático. Pero dicha consecuencia de las actividades humanas no sólo afecta el hemisferio norte, especies a lo largo y ancho del globo terráqueo padecen los efectos, incluido el hemisferio sur, por supuesto, donde una de las víctimas es el pingüino rey (Aptenodytes patagonicus). Este año, justo un día antes de que Iorek Byrnison y los suyos celebraran su día, Nature publicó el artículo «Desplazamientos del alcance del pingüino rey motivados por el clima en un ecosistema fragmentado».

De isla en isla para encontrar alimento

Gracias a la metodología diseñada para la realización del estudio, fue posible determinar que (contrario a lo expuesto por teorías e investigaciones anteriores) existe una completa mezcla entre colonias de ambas subespecies, Aptenodytes patagonicus patagonicus y Aptenodytes patagonicus halli. Los expertos señalan que tanto los traslados de distancias cortas como los de distancias largas contribuyen significativamente a la mezcla genética en curso. Asimismo, los resultados indican que la realeza antártica posee una gran capacidad de exploración a lo largo de su vida (se registraron individuos cuyos desplazamientos rondaban los mil cuatrocientos kilómetros). Adicionalmente, se considera que la inmigración ha sido la causante del establecimiento de nuevas colonias durante las últimas décadas.

Ilustración Esther Martín Beltrán

Ahora bien, el hábitat de los pingüinos rey es fragmentado: sólo se reproducen en islas sin hielo diseminadas en el océano Antártico, en tanto que sus zonas de alimentación se sitúan en la convergencia antártica (corresponden a la presencia de poblaciones de peces mictófidos). A consecuencia del calentamiento en su región, estas aves nadadoras han tenido que desplazar el alcance de sus zonas de alimentación cada vez más hacia el polo. Lo anterior, sumado a la diseminada distribución de sus lugares de cría, implica abruptos cambios de ubicación para seguir su hábitat; dichos viajes de isla en isla, cuya distancia aumenta continuamente, son asociados con un consecuente incremento del gasto de energía, lo que derivaría en consecuencias nocivas para su especie durante las próximas décadas.

¿Podrían verse estos «reyes de la Patagonia» en peligro de extinción?

El grupo de científicos liderado por Céline Le Bohec (Departamento de Biología Polar del Centro Científico de Mónaco) y Emiliano Trucchi (Departamento de Ciencias de la Vida y Biotecnología de la Universidad de Ferrara) asegura que, debido a su baja diversidad genética y su largo tiempo generacional, no se prevé que la especie evolucione rápidamente para adaptarse a las nuevas condiciones de su hábitat de cría y los cambios en su estrategia de alimentación serían más bien adjudicados a su plasticidad conductual: «Extinción local o dispersión, antes que adaptación, es por lo tanto la consecuencia lógica esperada».

Si la ruta de concentración representativa (RCR) de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) continúa con el escenario predicho de 8.5, Le Bohec y sus colegas estiman que 70% de la población de los pingüinos rey (tomando como referente la actual población de 1.6 millones de parejas de cría) abruptamente se reubicará o desaparecerá para finales del siglo XXI; 49% perdería por completo su hábitat (islas Crozet y del Príncipe Eduardo) y 21% (islas Kerguelen, Malvinas y Tierra del Fuego) vería su ecosistema fuertemente alterado. Por otra parte, si lograra reducirse la RCR de GEI hasta llegar al escenario de 2.6, sólo las poblaciones de las islas Crozet y las Malvinas enfrentarían una amenaza directa, mientas que otras colonias podrían mantener buenas condiciones de alimentación.

Una metodología para especies de ecosistemas fragmentados

En su artículo, los investigadores (adscritos a instituciones de Francia, Mónaco, Noruega, Estados Unidos, Sudáfrica, Italia y Austria) señalan que, ante el rápido cambio climático, la principal respuesta a corto plazo de las especies, no exclusivamente del pingüino rey, consiste en alteraciones del alcance de sus desplazamientos, cambios que son obstaculizados por la fragmentación natural o antropogénica de su hábitat. La novedosa, integral y efectiva metodología diseñada para llevar a cabo el estudio en cuestión conjuntó datos genómicos y demográficos tomando en cuenta las dos subespecies existentes y sus limitaciones biofísicas. Los científicos lo presentan como un marco teórico para predecir el efecto del cambio climático en cualquier especie que viva en ecosistemas fragmentados (animales migratorios, organismos pelágicos marinos y animales recolectores).

Ilustración de Esther Martín Beltrán

Ciencia, ficción y distopías en torno al cambio climático

El oso de La materia oscura es ficcional, al igual que el distópico mundo que Philip Pullman creó alrededor de él y los demás personajes de la trilogía. Lo que no es ficción es el calentamiento global, uno de los problemas mundiales que en 2018 sitúa el Reloj del Apocalipsis a tan sólo 2 minutos de medianoche. Por increíble que parezca, hoy día aún hay quienes niegan que este fenómeno sea real, de ahí la importancia de divulgar cada nuevo aporte de datos científicos que lo corroboren, estudien sus consecuencias y señalen posibles repercusiones. El estado de conservación del oso polar es vulnerable, es decir, está amenazado; en la última edición (2016) de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la preocupación por la posible extinción del pingüino rey fue catalogada como baja. Pregunta retórica: ¿de quién depende que los pingüinos rey puedan continuar surfeando las olas sureñas de nuestro planeta sin preocupaciones y que un distópico futuro regido por los efectos del cambio climático se quede en mera ficción?

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