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Breve historia del té

Ana Collados Manso


El té es la bebida más consumida del mundo después del agua y, pese a que en países asiáticos su origen date de hace miles años, en occidente el inicio de su consumo es mucho más reciente (Dufresne y Farnworh, 2001).
Fue descubierto en China y su origen está cubierto por un halo de misticismo. Según la leyenda, fue un monje budista el que al quedarse dormido mientras meditaba, avergonzado se cortó los parpados y donde cayeron creció una planta del té. Otras historias cuentan que fue el emperador Chen Nung quien extendió el consumo de té en la corte, después de ser envenenado y haber sido curado gracias a la infusión de las hojas del té, y de ese modo se extendió por el resto del país. Independientemente de su origen, se descubrió que en el siglo VIII d.C. fue introducido a Japón, propagándose el consumo posteriormente por todo el continente asiático. No es hasta principios del siglo XVII cuando es exportado a Europa por parte de los holandeses y finalmente en 1902, comienza la comercialización del te en bolistas tal y como lo conocemos hoy en día, logrando la gran popularidad que tiene actualmente y permitiendo que alcance un consumo per cápita superior a los 40 litros al año (Valenzuela, 2004).
El té es producido a partir de las hojas de Camellia sinensis y dependiendo del tratamiento al que se sometan dichas hojas, se pueden obtener distintas variedades de té. Para obtener el té negro, las hojas son fermentadas tras su cosecha, obtenido un alto grado de oxidación. El té verde es el resultado de tratar las hojas con vapor de agua para evitar su oxidación, y finalmente él te rojo u oolong requiere una oxidación parcial, intermedia entre el grado de oxidación del té negro y el del té verde. El te negro es el más común en Europa, Norteamérica y el norte de África (a excepción de marruecos), mientras que el té verde y oolong son los más consumidos en Asia (McKay y Blumberg, 2002).

Ilustración de rama de té con una bolsita de infusión alrededor

Composición y beneficios del té

El té es una bebida prácticamente acalórica pese a que su composición química es bastante compleja. La hoja en seco es rica en proteínas, lípidos, pigmentos y fibra, pero su contenido final en la infusión de dichas hojas es prácticamente nulo. Entre los compuestos de las hojas que al infusionarlas si se encuentran presentes en el agua, podemos encontrar aminoácidos, minerales, xantinas como la cafeína o la teobromina que actúan como estimulantes del sistema nervioso y polifenoles (Cabrera et al. 2006). Entre los principales polifenoles del té podemos encontrar flavonoides, flavonoles y ácidos fenólicos, y todos ellos tienen diversas propiedades que le otorgan al té el carácter de bebida beneficiosa para la salud (Namal, 2013).
Se ha demostrado su capacidad preventiva contra el cáncer debido a la capacidad antioxidante de los polifenoles presentes en el té, que permiten neutralizar los radicales libres que produce el cuerpo debido al metabolismo o la respiración celular y que cuando la producción de dichos radicales es elevada puede dar lugar al crecimiento de células cancerosas (Yan et al., 2020). Esta reducción de radicales libres, junto con el poder antiinflamatorio que también se les atribuyen a los polifenoles ayuda además a la correcta función cognitiva, previniendo otras enfermedades como son el Alzheimer. Otro beneficio que se le atribuye a los polifenoles del té es la reducción del riesgo de padecer obesidad, gracias a que inhiben la digestión y absorción de las grasas, promueven su oxidación, estimulan el metabolismo lipídico y reducen el apetito, previniendo así las enfermedades cardiovasculares (Sharangi, 2009). Además, también se ha demostrado la influencia del té en la prevención de la diabetes mellitus, debido a la capacidad de los polifenoles de modular la producción y la sensibilidad de la insulina y a su influencia sobre el metabolismo de la glucosa (Rafieian-Kopaei et al. 2014). Asimismo, actúa como agente antiinfeccioso debido a sus propiedades antimicrobianas (Sanlier et al., 2018).
Hay que tener en cuenta que para que los polifenoles actúen y se pueda conseguir su efecto beneficioso, existen unas dosis mínimas recomendadas por las Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y además se debe seguir un estilo de vida saludable.

¿Cómo consumirlo?

Para preparar el té verde debemos hervir el agua, dejar enfriar hasta que alcance unos 80 centígrados y dejar las hojas del te en remojo durante 2 o 3 minutos. Puede ser consumido en el momento, dejarlo reposar en la nevera o añadir hielo para consumirlo frio en el momento, pero nunca se debe infusionar en agua fría. Además, se pueden añadir otros ingredientes que den a la bebida un carácter mas refrescante como pueden ser el limón o la hierbabuena, siendo de este modo un sustituto saludable a los refrescos azucarados convencionales.
Ilustración de pequeño hervidor azul y tapa blanca con mango
Otra versión del té verde es el té matcha, que se diferencia en que, en este caso, las hojas crecen a la sombra y no son secadas si no que se trituran hasta conseguir un polvo de té verde (Kurauchi et al. 2019). Para su elaboración, se debe colar primeramente para eliminar las impurezas, y añadir a 60 mL de agua a 80 grados 1 cucharadita y media para obtener lo que se conoce como “usucha” o tres cucharas para obtener “koicha”, dependiendo de la intensidad que se desee. Posteriormente se ha de remover con un chasen, un artilugio de bambú especial para la preparación del té matcha. Además, se puede añadir cualquier tipo de bebida vegetal, como la de almendras, avena, coco o soja y tomarlo en el momento o añadir hielo para consumirlo frio. Otra manera interesante de consumir te matcha es añadiéndolo al zumo de naranja recién exprimido y obtendremos una bebida muy refrescante y repleta de antioxidantes.

Bibliografía

Cabrera, C., Artacho, R. y Gimenez, R. (2006). Beneficial Effects of Green Tea—A Review.  Journal of the American College of Nutrition 25(2), 79-99.
Dufresne, C.J. y Farnworh, E. R. (2001). A review of latest research findings on the health promotion properties of tea. The Journal of Nutritional Biochemistry, 12(7), 404-421.
Kurauchi, Y., Devkota, H.P., Hori, K., Nishihara, Y., Hisatsune, A., Seki, T., Katsuki, H. (2019). Anxiolytic activities of Matcha tea powder, extracts, and fractions in mice: Contribution of dopamine D1 receptor- and serotonin 5-HT1A receptor-mediated mechanisms. Journal of Functional Foods 59, 301-308.
McKay, D. y Blumberg, J.B. (2002). The role of tea in human health; an update.  Journal of the American College of Nutrition 21(1), 1-13.
Namal, S. P. J. (2013). Green tea extract: Chemistry, antioxidant properties and food applications – A review. Journal of Functional Food 5(4), 1529-1541.
Rafieian-Kopaei, M., Motamedi, P., Vakili, L., Dehghani, N., Kiani, F., Taheri, Z., Torkamaneh, S., Nasri, P, Nasri, H. (2014). Green tea and type 2 diabetes mellitus. Journal of Nephropharmacology 3(1), 21-23.
Sanlier, N., Gokcen, B.B., Altug, M. (2018). Tea consumption and disease correlations. Trends in Food Science and Technology 78, 95-106.
Sharangi, A.B. (2009). Medicinal and therapeutic potentialities of tea (Camellia sinensis L.) – A review. Food Research International 42(5-6), 529-535.
Valenzuela, A. (2004). Tea Consumption and Health: Beneficial Characteristics and Properties of This Ancient Beverage. Rev Chil Nutr 31(2).
Yan, Z., Zhong, Y., Duan, Y., Chen, Q. y Li, F. (2020). Antioxidant mechanism of tea polyphenols and its impact on health benefits. Animal Nutrition (pre-proof). DOI: https://doi.org/10.1016/j.aninu.2020.01.001

Créditos

Post: Ana Collados Manso
Ilustraciones: Celia Roncero (capitular, planta del té), Sara Mateu (calentador de agua)
Receta: Esteban Luna y María Rodríguez
Fotos: Esteban Luna y María Rodríguez
Maquetación: Begoña López

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