Texto de Fabiana Malacarne.

Ilustraciones de Belén García.

Un día María Inés estaba pintándose las uñas. ¡Ah sí!, ella es muy coqueta. Tiene decenas de frasquitos de esmalte de todos los colores posibles.

Mientras se miraba los dedos pensó ¿habrá dos personas que tengan las mismas huellas dactilares? Eso sería terrible para los investigadores criminales…

Cuando se le secó el esmalte, era morado esta vez para que le hiciera juego con su cabello, se dedicó a investigar un poco para ver qué descubría.

Leyendo se enteró que SON ÚNICAS, es decir que no existen dos personas con las mismas huellas dactilares, ¡aunque sean gemelos! Debido a esto y a que son relativamente fáciles de analizar se utilizan como sistema de identificación. Es por eso que nos las toman cuando vamos a renovar nuestro documento de identidad o para ingresarlas en bases de datos criminales o de seguridad. Descubrió también que el argentino Juan Vucetich fue la primera persona en crear y patentar un sistema eficaz para analizarlas y usándolo pudo resolver un caso de asesinato ¡en el año 1892!

Fig.1. «Huella». Belén García.

 

Después de recopilar toda esta información pensó “hay más argentinos famosos además de Borges y Cortázar”, se miró un rato laaargo el dedo pulgar y decidió contarles todas estas cosas a sus primos. A Iván, el pequeño científico, le iban a encantar y a Sofía y Angelina seguro les picaría el bichito de la curiosidad también.

Cuando fue, el fin de semana, a casa de su abuela y los vio les dijo

  • ¡Mírense los dedos!

Los tres se los miraron al mismo tiempo sin entender nada, pero fue Iván el que preguntó sorprendido

  • ¿los tengo sucios?… Ayer me bañé y me lavé bien las orejas y las uñas…
  • No se trata de eso, respondió Mari (como la llaman sus primos) sonriendo, hoy vamos a jugar a dejar huellas

Diciendo esto desapareció en el baño. Cuando regresó traía uno de esos pinceles bien gordos que usa para maquillarse los cachetes. Lo dejó sobre la mesa y trajo también tres vasos, cinta adhesiva transparente y ¡cacao!, el que usa la abuela para preparar la merienda (¡menos mal que la abuela Elvira estaba durmiendo la siesta!)

  • Ahora, dijo, cada uno va a agarrar un vaso de vidrio y va a apretar fuerrrrrrrrte el dedo gordo

Todos hicieron lo que les pedía y quedaron expectantes por más instrucciones

  • Pongan el vaso acostado sobre la mesa, cuidando que la marca que dejó el dedo quede en la parte de arriba y espolvoreen un poquito de cacao encima de ella…

Después van a usar el pincel y con mucha suavidad lo pasarán sobre la marca para retirar el exceso de polvo.

Los tres niños estaban tan concentrados siguiendo las instrucciones que no se dieron cuenta que la lengua de “Pepa”, la perra de la casa, iba y venía sobre el polvo de cacao que caía al piso. Cuando vieron lo que pasaba y conociendo su debilidad por los dulces se echaron a reír a carcajadas…

  • ¡A ver, a ver! No se distraigan, corten un pedacito de cinta y agarrándola por los bordes péguenla sobre la huella con cacao del vaso
  • ¡Ah!, dijo Iván, como en la tele
  • Sí, como en la tele pero más caserito respondió Mari

Despeguen con cuidado la cinta del vaso y péguenla en esta hoja blanca, una al lado de la otra, y abajo le ponen sus nombres

  • ¿Así? Preguntó Sofía, pegando su huella con mucha concentración y con la lengua afuera como hacía siempre
  • Sí, así respondió Angelina que esperaba su turno y estaba extrañamente callada

Una vez que estuvieron las tres huellas pegadas en el papel Mari les dijo

  • ¿Qué ven?
  • La mía tiene “onditas” dijo Angelina
  • Y la mía “rulitos” añadió Sofía

Iván no dijo nada y se fue corriendo a pedirle prestados los anteojos a su abuela. Y… sí, a falta de lupa las gafas de la abuela Elvira vendrían bien para ver su huella un poco más grande.

Fig.2. «Obtención de huellas». Belén García.

 

Cuando regresó, acercó un cristal a su huella y concentrado dijo

  • La mía también tiene onditas, pero no es igual a la de Angelina
  • Eso ocurre porque las huellas digitales de cada persona son únicas, dijo Mari y le contó todo lo que había descubierto
  • ¡Qué interesante! Añadió Iván cuando Mari terminó de hablar

¿Cómo se llama la ciencia que estudia las huellas dactilares?

Era de esperar una pregunta como esa, pensó Mari, que conoce cómo trabaja la mente de su primo, y le respondió

  • En realidad no es una ciencia, es un método y se llama dactiloscopia
  • Dac ¿quéeeeeeeee? Preguntó Angelina
  • Dactiloscopia es una palabra que deriva de los vocablos griegos daktylos que significa dedos y skopein que significa ver
  • ¡Ah! Por eso nos dijiste al principio “mírense los dedos” exclamó Iván
  • ¡Exacto!
  • Mari, ¿es cierto que la usa la policía para atrapar sospechosos de robos? Preguntó Sofía
  • Sí, Sofi. La policía forense, como se llama la que analiza las escenas de crímenes, la usa desde hace más de 100 años, pero ahora tiene la ayuda de otro tipo de huellas
  • ¿cuáles? Dijo Angelina, que aprovechando que el cacao estaba sobre la mesa se estaba preparando una leche chocolatada
  • Las huellas genéticas, explicó Mari, que están en las células de nuestro cuerpo
  • ¡claro! Dijo Iván. Son los análisis de ADN. Usan sangre o saliva y así pueden identificar personas. A mí me lo contó mi maestra de Ciencias…
  • Eso es cierto, afirmó Mari, pero en ese caso los investigadores no pueden distinguir entre gemelos porque su ADN es idéntico, pero sus huellas dactilares serán diferentes
  • ¡Qué interesante! Dijo Iván y se unió a su hermana y prima para merendar

 

Profesoras Araceli Giménez y Ania Munera.

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