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Podemos utilizar el término ansiedad para describirnos en diferentes situaciones en las cuales podemos sentirnos evaluados, observados, ante situaciones que representan un peligro real o imaginario. “Un sistema complejo de respuesta conductual, fisiológica, afectiva y cognitiva. (Es decir a modo de amenaza) que se activa al anticipar sucesos o circunstancias que se juzgan como muy aversivos porque se perciben como acontecimientos imprevisibles, incontrolables que particularmente podrían amenazar los intereses vitales de un individuo”. (David A, Clark, Aron T, Beck, 2010, p, 23.) Como parte de nuestro reservorio natural de emociones el miedo se produce como respuesta de adaptación ante una amenaza percibida o peligro para la propia seguridad. Funciona como alerta ante una amenaza inminente la cual requiere de una acción de defensa. Sin embargo el miedo también puede ser maladaptativo y disfuncional cuando se produce ante una situación que es neutral y que no presenta peligro alguno. Tanto la ansiedad como el miedo tienen manifestaciones parecidas, en ambos casos se muestran pensamientos de peligro, sensaciones de aprensión, reacciones fisiológicas y respuestas motoras. La ansiedad es el estado de sentimiento negativo evocado cuando se estimula el miedo.

Neurobiología de la ansiedad.

La amígdala recibe estímulos neuronales desde la corteza límbica, como la neocorteza de los lóbulos temporal, parietal y occipital, desde las áreas de asociación auditiva y visual. Por estas múltiples conexiones se denomina a la amígdala la «ventana» a través de la cual el sistema límbico contempla la situación de la persona en el mundo. (García Collado, Marisel, & Elías Oquendo, Yamila, & Romero Navarro, Liany, & Fernández Pereira, Berya, & Rubio Méndez, Darío, & Bory Vargas, Noemí 2005).
El modelo de doble vía (Ledoux, 1996) describe lo siguiente. Anatómicamente se concibe a la amígdala como el núcleo central del miedo. Este modelo presenta la idea de que existen dos vías de procesamiento del miedo, una que se denomina vía inferior que comprende la conexión tálamo – amígdala, más directa, rápida y rudimentaria, la cual lleva adelante un procesamiento sin conciencia. Sería la encargada de los miedos filogenéticos característicos de la especie. Una segunda vía, denominada superior: tálamo – cortical – amígdala, más lenta, con un procesamiento más elaborado del estimulo de miedo. Esto se debe a la integración de regiones corticales superiores.
Es en este procesamiento superior donde se produce una disfunción en la valoración de los estímulos amenazantes. La ansiedad puede ser una respuesta patológica cuando ésta valoración disfuncional se traduce en la percepción de estímulos de peligro u amenaza de manera sobredimencionada y sobrevalorada. Es por esta razón que en los diversos cuadros de ansiedad siempre la emoción predominante es el miedo.


La ansiedad como respuesta emocional y adaptativa de la especie humana está estrechamente relacionada con el mecanismo del stress. El stress es un mecanismo fisiológico, adaptativo, defensivo y arcaico.

Función adaptativa y no adaptativa del stress

Pensemos en la vida de los seres humanos hace miles de años, el humano primitivo estaba expuesto a un sinfín de estresores durante su existencia, el hombre de la antigüedad no disponía de los recursos de la actualidad. Obligado a conseguir su alimento día a día para garantizar su subsistencia, expuesto a depredadores y a un clima hostil. Imaginemos que durante su jornada este hombre es sorprendido por un depredador, inmediatamente surge en él una respuesta fisiológica y psicológica que es la representación en la mente y en el cuerpo de un peligro real, la cual es producto de su experiencia vital de acontecimientos guardados en su memoria de experiencias subjetivas y/o aprendidas de peligro. Ahora ¿Cómo procesamos psíquicamente estos desafíos a los cuales la sociedad en la cual estamos insertos no expone? De la misma manera que el hombre antiguo, solo que para nosotros el mecanismo del stress es totalmente ineficaz. Es ineficaz porque no logra la superación del peligro percibido ni mantenernos en un estado de salud.
“Debo esforzarme al máximo para conseguir un ascenso”
El individuo piensa que ese ascenso le dará reconocimiento, elevara su estatus social y por supuesto mayores beneficios económicos. Pero el sujeto no está solo en esta misión sino que hay otros como él que comparten ese mismo objetivo y serán sus competidores/depredadores en esta jungla de civilización. El sujeto percibe como un peligro real la posibilidad de no llegar a la meta deseada, esto activa todas las estructuras cerebrales (corteza cerebral, sistema límbico, hipotálamo, tanto en la vía nerviosa como en la vía hormonal o endocrina “hipófisis” y el sistema inmune) que activan lo que se conoce como sistema de miedo. Esto produce una respuesta emocional elevando los niveles de ansiedad y activando la respuesta de stress, la cuestión es que la respuesta de stress solo es efectiva para situaciones específicas como la huida o la pelea, por lo tanto es una respuesta automática de una duración determinada. ¿Qué es lo que sucede con nuestro hombre moderno? Los pensamientos que se imponen en relación a su problemática cotidiana activan una respuesta emocional elevando los niveles de ansiedad y esto a su vez activa la respuesta de estrés en un círculo vicioso sin fin. Este acontecimiento psíquico-fisiológico causa una desregulación en el organismo a niveles hormonales y del sistema inmunológico. El cuerpo enferma consecuencia de una baja pronunciada de sus defensas, el sistema atencional se satura generando un estado de embotamiento afectivo, la química del cerebro se altera llevando a cuadros muy graves como los trastornos de ansiedad y depresión que son de una alta prevalencia en el mundo actual.

La respuesta fisiológica del organismo.

 
La división simpática de sistema nervioso autónomo es la responsable de las respuestas involuntarias rápidas que tenemos cuando nos enfrentamos a algo que nos da miedo o que sabemos que puede ser la representación de un peligro (real o imaginario) La función del sistema nervioso simpático durante los acontecimientos estresantes es inervar a los órganos viscerales. Se encarga de regular el tono de los vasos sanguíneos, la frecuencia cardiaca, las funciones del tubo digestivo (inhibición), la dilatación de la pupila, del control de la micción (orina). Las respuestas fisiológicas que afectan al organismo se caracterizan de la siguiente manera, el corazón se acelera bombeando sangre y oxigeno a los pulmones que faciliten una máxima oxigenación preparándolo para la huida o la pelea, los sentidos se agudizan para escuchar y ver mejor, la piel se eriza para que el bello que cubre su cuerpo (de nuestros primitivos ancentros) se eleve dando la impresión de mayor volumen y así intimidar a su adversario, la piel palidece porque el organismo concentra la mayor cantidad de sangre en los órganos vitales, grandes cantidades de glucosa y sangre van hacia la musculatura de los miembros inferiores y superiores preparando el cuerpo para la respuesta de “lucha o huida”. Esta respuesta es propiciada por el sistema nervioso simpático mediante la estimulación para la producción de mensajeros químicos como la noradrenalina y la adrenalina. Estos neurotransmisores provocan las diversas respuestas a nivel fisiológico.
La noradrenalina El sistema nervioso simpático actúa a través de sus fibras nerviosas en el organismo mediante de la noradrenalina como mensajero químico, este neurotransmisor es el encargado de cumplir diversas funciones fisiológicas. Por ejemplo a nivel cardiovascular produce la constricción de los vasos sanguíneos, lo que aumenta la presión y la frecuencia cardiaca, es decir, la aceleración de las contracciones del músculo cardiaco.
La adrenalina A nivel endocrino las glándulas suprarrenales cuando son estimuladas por el sistema nervioso simpático liberan una hormona llamada adrenalina. Esta hormona es la que participa en el establecimiento del estado de alerta, regulando las funciones viscerales. Estas funciones incluyen la estimulación del aumento de azúcar en sangre (liberación de energía en forma de glucosa), la dilatación de la pupila, el aumento de irrigación a los tejidos musculares, incluyendo al corazón. Dilatan los bronquios, ayudando a respirar mejor y entregar más oxígeno al cerebro (broncodilatación). Además el aumento de la presión sanguínea, disminuye la velocidad de la digestión, se aumenta la producción de sudor.

El stress es un fenómeno normal y necesario del organismo, no hay vida sin stress. El stress que se encuentra dentro de los fenómenos normales, y por tanto necesario, se lo denomina eutres ó stress bueno, cuando supera ciertos límites y se torna nocivo y se denomina distres o stress malo. El stress agudo es la forma en la cual mejormente se presentan los episodios de stress. En pequeñas cantidades puede ser saludable y motivador. Pero si el stress es excesivo resulta agotador. Para dar cuenta de este proceso tomaremos el desarrollo que propone Selye, como respuesta al stress, dividiéndolo en tres etapas o fases (Selye H.1955)

  • La Fase uno o de Alarma: Se detecta un evento desestabilizador que puede tratarse de situaciones negativas percibidas con peligro, pero que en otras circunstancias sólo implican dudas sobre el desempeño futuro (eventos sociales, profesionales, etc.).En esta situación se produce una reacción de aviso. Es la primera instancia de preparación para las reacciones encaminadas a preparar el organismo para la acción de afrontar una tarea o esfuerzo.
  • La Fase dos de resistencia o adaptación: Se realiza la evaluación de los recursos y estrategias de afrontamiento. El sujeto mediante sus experiencias previas, su historia vital, apoyo social y estado emocional realiza un ajuste de sus posibilidades en un intento de superar o neutralizar los eventos desestabilizadores que se perciben amenazantes. Este es un proceso subjetivo que poco tiene que ver con una valoración objetiva del peligro u amenaza. El organismo hace frente a los estresores, esto se denomina stress agudo.
  • Fase tres de desgaste o agotamiento: Es el stress que se produce cuando una persona permanece durante mucho tiempo en situaciones estresante, sentir presión constante sobre exigencias de la vida, violencia doméstica, pobreza extrema. Cuando los sujetos no encuentran la manera de superar situaciones de este tipo, el stress de las demandas y presiones de una situación que parece no acabar nunca, se entra en un estado de desesperanza y estos sujetos dejan de buscar resolución y se rinden
    La persistencia, y/o la intensidad del estímulo estresor, sumado a la imposibilidad del organismo para hacer frente a esos requerimientos de afrontamiento, llevan a una instancia de evaluación negativa. Se inhibe la acción y se entra en un estado caracterizado por desarrollar múltiples patologías, pudiendo llegar a poner en riesgo la vida. A eso se lo denomina stress crónico.                                                                                                                                                       

Entre las tantas definiciones operacionales que existen sobre el stress y dependiendo desde el marco teórico desde donde sean enunciadas, las hay psicológicas, biológicas, sociológicas. De entre todas ellas a nuestro entender la más amplia, funcional y operativa es la del Dr. López Rosetti
“se entiende por estrés aquella situación en la cual las demandas externas o internas superan nuestra capacidad de respuesta. Se condiciona así una alarma orgánica que actúa sobre el sistema nervioso, cardiovascular, endocrino, e inmunológico, provocando un desequilibrio psicofísico y el consecuente condicionamiento de la (posible) enfermedad”. (López Rosseti, 2013)

 

Bibliografía

 

  • David A, Clark,. y Aron T, Beck. (2010). “Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad.” Bilbao, España: Declée de Brouwer S.A.
  • García Collado, Marisel, & Elías  Oquendo, Yamila, & Romero  Navarro, Liany, & Fernández Pereira, Berya, & Rubio Méndez, Darío, & Bory Vargas, Noemí (2005). “Sistema Limbico. ¿Algo más que olfación?. Revista Información Científica, 47(3), .[fecha de Consulta 17 de Noviembre de 2020]. ISSN: . Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=5517/551757339011
  • https://www.lifeder.com/sistema-nervioso-simpatico/eal Beltrán, Irma
  • Leal Beltrán, Irma Yolanda (2006). “El Estrés: Cómo nos Afecta.” Revista Científica General José María Córdova, 4(4), 56-58.[fecha de Consulta 25 de Octubre de 2020]. ISSN: 1900-6586. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=4762/476259067015
  • Lopez Rosetti Daniel , “Estrés. Epidemia del Siglo XXI”, 2013, ed. Lumen.
  • Selye H. “Stress and disease”. Science 1955; 122: 625-31.
  • X F Li, G E Stutzmann., and Joseph E. LeDoux. (1996). Convergent but Temporally Separated Inputs to Lateral Amygdala Neurons from the Auditory Thalamus and Auditory Cortex Use Different Postsynaptic Receptors: In Vivo Intracellular and Extracellular Recordings in Fear Conditioning Pathways. Center for Neural Science New York University New York, New York 10003.

 

 

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