Entrevista con la microbiota, cansada del acoso mediático

Los microbios están de moda. Para bien o para mal. Los tememos y los amamos. Un sin fin de publicidad sobre productos desinfectantes y geles hidroalcohólicos inunda nuestros televisores y buzones. Pero hoy mejor vamos a centrarnos en la cara romántica del asunto: la microbiota intestinal. La flora de nuestro intestino está compuesta por millones de microorganismos que conviven con nosotros, que se alimentan con y de nosotros, pero que también nos nutren y protegen de infecciones y enfermedades indeseables (1). 

Inicialmente, esta microbiota procede de nuestra madre, estando su composición altamente influenciada por el modo en que nacemos (parto vaginal natural versus cesárea) (2). A lo largo de nuestro crecimiento y vida adulta, la flora intestinal se verá condicionada por muchos factores internos y externos, incluyendo el tipo de dieta, el nivel de ejercicio físico o incluso de estrés del huésped. Podemos mantener en forma a nuestros queridos inquilinos gracias a la dieta mediterránea, basada en alimentos ricos en carbohidratos complejos y fibra insoluble, pues son el alimento preferido por muchas de las bacterias intestinales que son beneficiosas para nuestro organismo (3, 4). Además, podemos ingerir grandes cantidades de microorganismos vivos actualmente catalogados como “buenos”, gracias a los productos con probióticos, que se definen como “microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren beneficios a la salud del hospedador” (5). Dentro de este grupo encontramos, por ejemplo, los yogures, los encurtidos (aceitunas, pepinillos, etc.) y otros alimentos fermentados como el kéfir (6). 

En primicia, hemos tenido el honor de poder organizar una entrevista con estos seres unicelulares para conocer su opinión sobre la situación actual. Como resultado, nos hemos enterado de que esta famosa microbiota que sale en anuncios de yogures por todas partes (sobre todo lactobacilos y bifidobacterias) (5), se encuentra algo cansada del acoso mediático y la explotación laboral. Esa que para algunos se dio a conocer a través de la televisión como los bichitos del intestino del señor José Coronado, está harta de que todo el mundo se interese por ella y su alimentación.

“Antes nadie nos conocía y vivíamos tan tranquilas. Ahora todo el mundo quiere saber quiénes somos para comernos, y también qué pueden comer para alimentarnos sanamente. Por favor, queremos que nos dejen en paz. Estamos hartas de que nos traigan más y más vecinos al intestino a base de chucrut, kéfir, kombucha y otras cosas tan aborrecibles para los humanos como difícilmente pronunciables para nosotras”, constató Sanchobacillus acidophilus, que ha escogido este nombre falso para preservar su anonimato. 

“Algunos humanos quieren consumir fruta, verduras y otros prebióticos para estar sanos, pero consideramos que nos están haciendo trabajar demasiado”, comenta visiblemente cansada otra bacteria bajo el pseudónimo Bifidobacterium agotadum. “Nos parece bien que nos den fibra en forma de lentejas a la riojana, o el arroz con habichuelas típico de sus abuelas, incluso podemos aceptar el hummus de aguacate. Pero todo tiene un límite, nos están explotando”, subrayó B. agotadum visiblemente alterada (4).

Estos microorganismos quieren dejar constancia de que están molestos, y además consideran que sus huéspedes son unos desagradecidos. “No dejan de quejarse de que producimos gases y flatulencias, y encima, para disimular le echan la culpa al compañero de al lado en la oficina, robándonos la autoría de nuestra fermentación. Es intolerable y tomaremos medidas.”

Mientras tanto, Helicobacter pylori (7) pide a los ciudadanos con úlceras gástricas que dejen de tomar esos antibióticos y alimentos que tanto mal le hacen. Por otro lado, un grupo de bacterias perjudiciales hace un llamamiento para disuadir a los que han dejado de comer fast-food y han decidido llevar una vida saludable con la intención de “desahuciarlas injustamente de su nuevo y cómodo nicho” (8).

La microbiota está dando y dará mucho de que hablar durante los próximos años, dado que los estudios acerca de su papel protector frente a conocidas enfermedades metabólicas y neurodegenerativas (8,9) entre otras, no hace más que crecer. Pero ellas, sobre todo, quieren recalcar que para llevar una vida sana, la fórmula adecuada no debe estar solamente focalizada en consumir muchos probióticos, sino más bien en llevar una dieta saludable y equilibrada (dieta mediterránea) y hacer ejercicio físico de manera regular.

Microbiota

Esquema propio realizado con mindthegraph.com. Dra. Raquel Sánchez Varo.

Bibliografía

  1. TC Fung, CA Olson, E Hsiao (2017). Interactions between the microbiota, immune and nervous systems in health and disease. Nat Neurosci. 20(2):145-155. 
  2. M Reyman et al. (2019) Impact of delivery mode-associated gut microbiota dynamics on health in the first year of life. Nat Commun. 10(1):4997. 
  3. Gili Ezra-NevoSílvia F HenriquesCarlos Ribeiro (2020). The diet-microbiome tango: how nutrients lead the gut brain axis. Curr Opin Neurobiol. 62:122-132. 
  4. GR Gibson et al (2017). Expert consensus document. The International Scientific Association of Probiotics and Prebiotics (ISAPP) consensus statement on the definition and scope of prebiotics. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 14, 491-502.
  5. Hill et al (2014). Expert consensus document. The International Scientific Association of Probiotics and Prebiotics (ISAPP) consensus statement on the definition and scope of probiotics. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 11, 506–514.
  6. Conor SlatteryPaul D Cotter , Paul W O’Toole (2019).  Analysis of Health Benefits Conferred by Lactobacillus Species from Kefir. Nutrients 11(6):1252.  
  7. Jianfu Ji , Hong Yang. (2020). Using Probiotics as Supplementation for Helicobacter pylori Antibiotic Therapy. Int J Mol Sci. 21(3):1136. 
  8. Marit K ZinöckerInge A Lindseth (2020). The Western Diet-Microbiome-Host Interaction and Its Role in Metabolic Disease. Nutrients 10(3):365.   
  9. P FangS A KazmiK G JamesonE Y Hsiao (2020). The Microbiome as a Modifier of Neurodegenerative Disease Risk. Cell Host Microbe 28(2):201-222.   

https://theconversation.com/somos-lo-que-comemos-el-impacto-de-la-dieta-en-el-cerebro-151772

 

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