Introducción

 

“No hay duda de que los delfines son más inteligentes que los humanos ya que juegan más”. Albert Einstein.

Puede que hayas escuchado alguna vez que los delfines, orcas o ballenas son mamíferos, es decir, comparten la misma clase taxonómica que un humano, un gato, un perro o un murciélago. Pero apuesto que nunca te haz preguntado ¿Cómo es que llegaron habitar los cetáceos un ecosistema marino? La respuesta es un poco más larga e interesante de lo que podemos abordar en este artículo puesto que el origen de los cetáceos ha sido un misterio durante mucho tiempo.

Taxonomía

Durante mucho tiempo los cetáceos eran considerados un orden propio en la taxonomía pero conforme paso el tiempo diversas investigaciones y debates dieron lugar a que los cetáceos se colocaran en el orden de los Artiodáctilos (el mismo orden donde se encuentran las jirafas, bisontes, vacas y mamíferos ungulados cuyas extremidades terminan en un número par de dedos). Esto quiere decir que ¿un delfín es lo mismo que un ciervo? si y no. Los cetáceos eran considerados Artiodáctilos por una estrecha evolución con los mesoníquidos (foto 1),un grupo de animales ungulados carnívoros parecidos a lobos, dotados de pezuñas. Estos animales tenían dientes triangulares semejantes a las de los cetáceos fósiles, por eso los científicos creyeron durante mucho tiempo que las ballenas y delfines derivaban de este grupo.

Durante varios años se creía entonces que los cetáceos tenían una relación evolutiva con respecto a los mesoníquidos pero a principios de la década de 1990, análisis moleculares sobre una gran cantidad de proteínas y secuencias de ADN indicaron que los cetáceos debían ser incluidos dentro del orden de los Artiodáctilos, siendo muy cercanos filogenéticamente los hipopotámidos. Así pues, se propuso la creación del clado de los cetartiodáctilos, que reúne tanto a los Artiodáctilos como a los cetáceos. Pero debido a varios debates científicos de si esto era correcto o no, se llego a la conclusión de redefinir el término de Artiodáctilos al que conocemos hoy en día.

Los artiodáctilos actuales (sin contar los taxones fósiles) incluyen alrededor de unas 235 especies de artiodáctilos terrestres repartidas en 10 familias, entre las que se destacan los camellos, llamas, cerdos, vacas o toros, cabras, ovejas, hipopótamos, antílopes, ciervos, jirafas, búfalos, jabalíes, etc. y alrededor de 88 especies de cetáceos o artiodáctilos acuáticos en 12 familias, ejemplos son las ballenas, delfines, orcas, cachalotes, marsopas, etc.

 

Foto 1: Ilustración de un mesoníquido

Origen

Ya sabemos la taxonomía de los cetáceos pero no hemos respondido la pregunta que nos hicimos al principio ¿Cómo es que llegaron habitar los cetáceos un ecosistema marino? la pregunta parece tramposa ya que podemos preguntarnos el ¿porque un ambiente marino? la respuesta es más sencilla de lo que parece, puesto que el ambiente marino es rico en nutrientes, brinda protección de los animales no acuatícos (inclusive acuáticos si el animal en cuestión puede defenderse) inclusive en la actualidad varios mamíferos siguen explorando y explotando el medio acuático para sobrevivir de una forma más sencilla, algunos ejemplos de ellos son las nutrias, hipopótamos, castores, ratas de agua, etc. Entonces la pregunta no es tanto el ¿Por qué el mar? si no más bien la pregunta real es ¿Cómo llegaron hacerlo?

El origen de los Cetáceo se puede encontrar en el actual subcontinente indio (Pakistán e India), donde se localizan los primeros en el siglo XX, y corresponden a un intervalo de tiempo bien definido: el periodo Eoceno, hace entre 55 millones de años y 37 millones de años. Los primeros Cetáceos cuadrúpedos se agrupan bajo el nombre Arqueocetos. Pero los primeros verdaderos cetáceos fósiles conocidos son los Pakicétidos (foto 2), eran animales de un tamaño máximo de un lobo, con piernas y cola largas. Otro grupo de Arqueocetos, que dio un paso adelante en la evolución cetácea hacia la vida acuática fue la familia Ambulocetidae.

Los Ambulocétidos ya alcanzaban el tamaño de un cocodrilo, y son consideradas como las más bésales de las «ballenas a acuáticas. Conservaban sus cuatro patas y los sedimentos donde se encontraron indican  que vivían en ambientes costeros someros, como estuarios o bahías. El siguiente grupo es Remingtonocetidae. Su cuerpo es alargado, con una cola larga, potente y aplanada que podría servirles como medio de impulsión para nadar, si bien eran capaces de caminar en tierra con sus cuatro extremidades, ya en un franco proceso de acortamiento.

Por ultimo Basilosaurus  Este grupo constituye el más antiguo de Cetáceos obligadamente acuáticos. En efecto: la transición hacia la vida acuática se ha completado, se alimentan de pescado, no tienen ninguna relación con agua dulce, las piernas se han atrofiado ya hasta hacerse infuncionales, mientras que las manos se han transformado en aletas. El tamaño empieza a aumentar, pues Basilosaurus alcanza los 17 – 18 metros de longitud.

 

Foto 2: Pakicetus

Conclusión

Se puede concluir entonces que los ungulados actuales ¿pueden ser cetáceos en algún futuro légano? la verdad es que no. Ya que los cetáceos se fueron desarrollando paulatinamente debido a un cambio de dieta, ya que si se observa adecuadamente su morfología constata una progresiva reducción de la superficie maceradora de los dientes así como un alargamiento y estrechamiento de la región craneal postorbital y temporal. Esto no es de extrañar puesto que varios animales que hoy en día los vemos y nos parecen comunes o extraordinarios han tenido una evolución más que impresionante para llegar en donde están. Tal es el caso de las jirafas que al igual que los cetáceos tienen una historia evolutiva increíble.

 

Bibliografía

Crónicas de Fauna. (9 de mayo del 2019). De la tierra al agua: el origen de los Cetáceo. Recuperado el 26 de septiembre del 2021, de blogspot.com Sitio web: http://cronicasdefauna.blogspot.com/2019/05/de-la-tierra-al-agua-el-origen-de-los.html

Anelio Aguayo Lobo y Carlos Esquivel Macías. (22 de abril de 1991). Origen y evolución de los cetáceos. revistacienciasunam, 22, 11.

 

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