Si buscamos en internet la definición de ALIMENTO, nos arrojará un sinfín de resultados. Una de las más amplias la escribió la antropóloga Mabel Gracia Arnaiz en su libro La complejidad biosocial de la alimentación humana, en este se vincula el alimento, la alimentación y el comportamiento alimentario como:

Comer es una necesidad primaria. Para sobrevivir el ser humano tiene que nutrirse. A pesar de esto, los alimentos no sólo se componen de nutrientes, sino también de significaciones, no cumplen únicamente una función fisiológica, sino social y no se digieren de forma exclusiva mediante procesos orgánicos internos, sino a través de representaciones que le vienen de fuera y que han estado generadas por el entorno cultural. Al introducirse un alimento en la boca, por muy sencilla que parezca la acción, el individuo pone en marcha procesos menos sencillos y de diferente orden. Unos son ecológicos, psicológicos, económicos o culturales. Todos ellos, estrechamente vinculados, constituyen los condicionantes del comportamiento alimentario humano.

Entonces, el alimento es esencial para la existencia humana y para obtenerlo, necesitamos de los ecosistemas. Somos cerca de 8 000 millones de personas donde estamos más preocupados por seguir las tendencias de TikTok, que por conocer el impacto ambiental de lo que comemos, la cuestión es: ¿Realmente nos importa? ¿Por qué debería importarnos? y ¿Cómo se conectan nuestros alimentos con el medioambiente?

Retomando lo descrito por la antropóloga Gracia Arnaiz, los alimentos son parte de lo que somos, de nuestros hábitos y cultura. Existe un inicio y un fin para tener alimentos en nuestra mesa, también llamado sistema alimentario, en el que se interrelacionan diversos elementos, actividades y actores que hacen posible la producción, transformación, distribución y consumo de alimentos (Figura 1). Entonces, las etapas anteriores son necesarias para que podamos tener alimentos frescos y nutritivos en nuestra mesa (FAO, 2017).

Figura 1. Sistema alimentario. Nota. Tomado de Reflexiones sobre el sistema alimentario en América Latina y el Caribe y perspectivas para alcanzar su sostenibilidad, por FAO, 2017, https://www.fao.org/3/i7053s/i7053s.pdf 

Ahora, ¿Por qué debería importarnos el impacto ambiental de lo que consumimos? Son diversas las razones que responden a esta pregunta, una de las principales es la cantidad de emisión de gases de efecto invernadero del actual sistema alimentario, ya que produce entre un cuarto y un tercio de las emisiones globales a causa de la deforestación, uso de la tierra, emisiones de fertilizantes y estiércol, metano del ganado; por la cadena de suministro del procesamiento de alimentos, refrigeración y transporte. Además, un tercio de todos los alimentos producidos globalmente se pierde o se desperdicia (FAO, 2020). Es evidente que hoy en día, nuestro estilo de vida es insostenible. Si comparamos la producción en los años 70s con la actualidad, existe un incremento del 45% en el uso de combustibles fósiles para producir alimentos, ropa, agua, vivienda, infraestructura, entre otros aspectos (Figura 2). La extracción de los recursos naturales se ha triplicado, siendo responsables de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales totales y de más del 90 % de la pérdida de biodiversidad y el estrés hídrico (UNEP, 2019).

Figura 2. Pérdidas y desperdicios de alimentos en América Latina y el Caribe. Nota. Tomado de ¿Qué sabemos hasta ahora sobre las pérdidas y desperdicios de alimentos en América Latina y el Caribe? [Infografía], por FAO, 2018, https://www.fao.org/publications/card/es/c/I7868ES/  

Con los datos anteriores podemos inferir cómo se conectan nuestros alimentos con el medioambiente. El sistema alimentario actual impulsa significativamente a la crisis climática y la destrucción de la naturaleza, nos encontramos en un estado de emergencia planetaria, y si además a esto le sumamos el contexto de la pandemia, adoptar dietas más saludables y basadas en el planeta, ya no son una opinión ni un consejo, necesitamos tomar mejores decisiones y exigir un sistema alimentario que conserve y restaure la naturaleza que, simultáneamente, garantice que las generaciones actuales y futuras puedan alimentarse de forma nutritiva. El problema persiste y podemos disminuir las consecuencias, si bien, no es reversible, podemos empezar por actuar desde nuestro contexto, de tal forma que se regrese al planeta lo mucho que nos ha dado por décadas. Para cierta cantidad de personas, el alimento es algo que se da por hecho, se accede y se compra fácilmente, pero para otra parte de la población, los alimentos son escasos o inaccesibles. Necesitamos ver el panorama completo para valorar y apreciar la historia y procesos que hay detrás de nuestros alimentos, actuar para transformar el presente y futuro de la compleja relación sociedad-naturaleza.

Referencias

FAO. (17 de septiembre de 2020). La comida es mucho más de lo que hay en nuestros platos. https://www.fao.org/fao-stories/article/es/c/1158574/?fbclid=IwAR16RAYSTjITOtoO4yzCpVVw0UjPORyE4j7fo8njgPeoH01N1vpkc7JeFh4

FAO (2017). Reflexiones sobre el sistema alimentario en América Latina y el Caribe y perspectivas para alcanzar su sostenibilidad. [Archivo PDF]. https://www.fao.org/3/i7053s/i7053s.pdf

FAO. (2018). ****¿Qué sabemos hasta ahora sobre las pérdidas y desperdicios de alimentos en América Latina y el Caribe?. https://www.fao.org/publications/card/es/c/I7868ES/

Gracia, A. (2000). La complejidad biosocial de la alimentación humana. [Archivo PDF]. https://core.ac.uk/download/pdf/11497971.pdf

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). (3 de abril de 2019). We’re gobbling up the Earth’s resources at an unsustainable rate. https://www.unep.org/news-and-stories/story/were-gobbling-earths-resources-unsustainable-rate

 

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