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Bracho Monserrat, Alberto Jaret Mejia Meza, López Arenas Mariana Berenice, Ignacio Mejía Iván, Albores Méndez Exsal M, Vargas Hernández Marco Antonio, Noyola Villalobos Héctor Faustino*.

Un grupo de investigadores se propuso desentrañar una duda frecuente en las salas de diálisis: si los antihistamínicos recetados de forma habitual para aliviar el picor, a menudo persistente y angustiante, en pacientes con insuficiencia renal son tan seguros como se supone. Para responder a esta cuestión, llevaron a cabo un ambicioso análisis retrospectivo basado en los registros nacionales de los programas de evaluación de calidad de hemodiálisis en Corea del Sur. El estudio logró reunir una cohorte robusta de 71.540 pacientes adultos, cuyo seguimiento se extendió hasta mediados de 2024. Los participantes fueron clasificados meticulosamente en tres grupos según su exposición al fármaco en cualquier periodo de seis meses: quienes nunca recibieron una receta, quienes la tuvieron por menos de 60 días y quienes la recibieron durante 60 días o más debido a su condición clínica. El objetivo del equipo, compuesto por expertos del Centro Médico Samsung, del Servicio Nacional de Revisión de Seguros de Salud (HIRA) y de la Universidad de Yeungnam, era claro: rastrear en esta población vulnerable la aparición de cinco problemas de salud graves, como mortalidad, eventos cardiovasculares, fibrilación auricular, demencia y enfermedad de Parkinson, y examinar si su incidencia estaba relacionada con el uso de estos medicamentos.

Los investigadores eran plenamente conscientes de que los pacientes que toman antihistamínicos a largo plazo no constituyen una muestra aleatoria. Es probable que sean quienes sufren el picor más intenso, persistente y difícil de tratar, una condición que en sí misma puede ser un indicador de un estado de salud más comprometido. Para intentar aislar el efecto del fármaco del efecto de la enfermedad subyacente, emplearon herramientas estadísticas rigurosas y sofisticadas. Mediante modelos de regresión de Cox, ajustaron minuciosamente una amplia gama de factores que podrían distorsionar los resultados, incluyendo edad, sexo, tiempo en diálisis, presencia de otras enfermedades, parámetros clave de laboratorio como los niveles de albúmina y la eficacia de la diálisis, e incluso el uso de otros medicamentos como las estatinas. Además, para reforzar la solidez de sus hallazgos, aplicaron una técnica avanzada de ponderación por puntaje de propensión, que busca equilibrar estadísticamente los grupos de comparación simulando las condiciones de un ensayo aleatorio y aumentando así la credibilidad de los resultados.

Los datos revelaron un mensaje preocupante. El grupo que había tomado antihistamínicos de forma prolongada mostró un riesgo consistentemente mayor de experimentar todos los eventos adversos estudiados. Las cifras, aunque no extremas, son clínicamente significativas: un 12% más de riesgo de mortalidad por cualquier causa, un 17% más de riesgo de sufrir un evento cardiovascular, un 6% más de riesgo de desarrollar fibrilación auricular, un 31% más de riesgo de ser diagnosticado con demencia y un 47% más de riesgo de padecer enfermedad de Parkinson, en comparación con quienes no recibieron el fármaco. Es fundamental comprender que estos porcentajes no reflejan una simple correlación bruta, sino el riesgo adicional que persiste tras intentar restar estadísticamente la influencia de una salud basal más deteriorada. Además, se observó una relación de «dosis-respuesta»: el riesgo aumentaba progresivamente con una mayor duración del tratamiento, lo cual refuerza la plausibilidad de la asociación.

El estudio profundizó aún más al diferenciar entre tipos de antihistamínicos. En este punto, los hallazgos fueron más alarmantes para los fármacos de primera generación, como la hidroxicina. Estos medicamentos, conocidos por sus efectos sedantes y anticolinérgicos, mostraron una asociación particularmente fuerte con mayores riesgos de mortalidad, eventos cardiovasculares y demencia en comparación con los antihistamínicos de segunda generación. Este resultado sugiere que el perfil farmacológico específico de cada medicamento, especialmente su capacidad para afectar el sistema nervioso central podría desempeñar un papel clave en los resultados observados. Sin embargo, los autores abordaron estos hallazgos con la prudencia característica del rigor científico. Señalaron la principal limitación del estudio: la falta de datos directos sobre la intensidad del picor que motivó la prescripción del antihistamínico. Este aspecto es central, ya que el prurito en la enfermedad renal no es un síntoma aislado, sino una manifestación de un estado de inflamación sistémica y acumulación de toxinas urémicas, factores que por sí mismos se asocian con peores desenlaces clínicos. Por lo tanto, resulta imposible discernir con certeza qué parte del riesgo observado se debe al fármaco y qué parte corresponde al cuadro clínico subyacente que el medicamento intenta paliar. El estudio encontró una pista adicional: en pacientes con insomnio, el vínculo entre antihistamínicos y fibrilación auricular desaparecía, lo que sugiere interacciones complejas entre el síntoma, el sueño, el tratamiento y la salud cardiovascular.

En conclusión, este exhaustivo análisis proporciona evidencia sólida de que el uso prolongado de antihistamínicos, especialmente los de primera generación, se asocia de manera independiente con un mayor riesgo de eventos adversos graves en pacientes en hemodiálisis. No obstante, los autores se abstienen de afirmar una relación causal directa. En su lugar, proponen que estos hallazgos deben interpretarse como una señal de alerta clínica. El mensaje final para médicos y pacientes es de cautela y juicio clínico: utilizar estos fármacos con prudencia, especialmente en personas mayores, buscar alternativas terapéuticas cuando sea posible y recordar que el objetivo fundamental debe ser abordar el sufrimiento integral del paciente, no solo mitigar uno de sus síntomas más angustiantes. Este estudio no resuelve el enigma definitivamente, sino que subraya la necesidad urgente de nuevas investigaciones que logren desentrañar la compleja interacción entre el fármaco, el síntoma y el riesgo en esta población vulnerable.

  1. Jeon, J., Lim, Y. J., Kim, B. Y., Choi, J. Y., Do, J. Y., Lee, J. E. & Kang, S. H. (2026). Association between antihistamine use and clinical outcomes in patients on maintenance hemodialysis. Kidney Diseases, 1–21. https://doi.org/10.1159/000550392

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