Texto de Javier Asensio.

Ilustraciones de Eduardo Escuriola.

CÁNCER, cada vez que escuchamos esta palabra nos recorre un escalofrío, aunque cada vez menos, sobre todo para algunos tipos de cáncer, donde la mortalidad se ha reducido considerablemente. BIOTECNOLOGÍA, esta palabra es desconocida para gran parte de la población, de hecho si hiciéramos una encuesta a pie de calle, más de la mitad de la gente no sabría qué significa; explicándolo de manera sencilla, es la ciencia que estudia el empleo de seres vivos, partes o sustancias derivadas de los mismos o incluso virus, para lograr un beneficio para el hombre. Dentro de los diferentes beneficios se encuentra la industria, el medio ambiente, el entorno marino, alimentario… aunque quizás, desde mi punto de vista, el más importante es el médico, es decir, conseguir con esta ciencia un avance en diferentes enfermedades como puede ser el alzhéimer o el cáncer, que es el tema de este texto.

Haciendo referencia al título, la biotecnología siempre ha sido descrita como el futuro en investigación, aunque quizás va siendo hora de trasladarla al presente inmediato. En aspectos cotidianos como la elaboración de la cerveza o los transgénicos la biotecnología ya está presente. Atendiendo a la investigación y más concretamente al cáncer, la biotecnología ha dado grandes pasos para encontrar terapias alternativas a la famosa quimio y radio, que en muchos casos son poco eficaces y además tienen unos efectos secundarios graves.

En los últimos años la denominada terapia génica suicida ha tenido un boom en el ámbito de la investigación, esta terapia trata, básicamente, de conseguir que las células del cáncer se “maten” a sí mismas, esto se consigue mediante la introducción de material genético (ADN) externo, este ADN va a generar unas proteínas que desencadenaran ese suicidio en las células cancerígenas. En mi caso, se emplearon proteínas de E. coli, una bacteria muy conocida y común, tanto que está presente en nuestro intestino, para tratar diferentes tipos de cáncer, como el de colon, mama y cérvix. Los experimentos que realicé fueron in vitro, es decir, con placas, y se observó que con estas proteínas, la masa tumoral disminuía claramente, hasta incluso desintegrarse, además con estudios de microscopia se podía observar como las células cancerígenas estaban gravemente dañadas, apareciendo poros y roturas totales de membrana que provocan la muerte de la célula.

Fig.1. «Terapia genética». Eduardo Escuriola.

 

Además mi grupo está trabajando ya en un estudio in vivo con ratones, para demostrar lo mismo, los primeros resultados son muy esperanzadores, ya que se consigue prácticamente lo mismo que en placas, y además el daño a otros órganos, como resultado del tratamiento es muy bajo.

 

 

Fig.2. «Estudio con ratones». Eduardo Escuriola.

Por tanto se trata de una terapia muy esperanzadora para el tratamiento de muchos tipos de cáncer, aún queda mucho, ya que en investigación las cosas son muy lentas y se deben respetar unos protocolos y plazos hasta que se pudiera considerar un tratamiento aprobado. Pero con este texto, quiero poner de manifiesto la importancia de la investigación y de la biotecnología entre otras carreras, para conseguir un mayor conocimiento y nuevos tratamientos para enfermedades tan graves como el cáncer, que es la segunda causa de muerte en el mundo, por ello es importante concienciar e informar a la población de cómo funciona la ciencia y nuevas tecnologías y lo necesario que es una buena inversión para este ámbito, somos uno de los países mejores formados y con mejores investigadores pero la financiación es extremadamente baja, de las más bajas de Europa. Y merece la pena apostar por la investigación, si 1 de cada 200 000 tratamientos como el que he explicado tuviera éxito, ¿no merecería la pena? Pero muchas veces interesa y se valora más el éxito inmediato y el resultadismo antes que apostar por un futuro, un futuro que se ha convertido en presente.

 

Profesoras Araceli Giménez y Ania Munera.

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