En este “post” voy a tratar de relacionar conceptos de codificación de la información y su eventual aplicación biotecnológica. 

Es bien sabido, que los ácidos nucléicos (ADN y ARN) preservan y transmiten información hereditaria. Es también bien conocido, que esa información es el resultado de un ordenamiento aperiódico de cuatro bases nitrogenadas (Adenina, Timina/Uracilo, Guanina y Citosina). Los manuales al uso de Biología nos informan de lo que significa verdaderamente el Código genético, confundido habitualmente con la secuencia de bases de un ácido nucleico cualquiera. Así, deberemos repasar conceptos, que el grán público escucha pero normalmente confunde:

Genoma, Genotipo, Código genético, Gen y Cromosoma.

 

Cada uno de estos términos tiene un significado preciso, que invito a todo lector a refrescar para el correcto entendimiento de este brevísimo texto, que aunque tiene afán pedagógico, tiene también obvias limitaciones de extensión.

En cualquier caso, sirva como introducción comentar que la información hereditaria es una secuencia, o cinta, de cuya decodificación, y siguiendo el llamado, con mayor o menor fortuna: “Dogma central de la Biología Molecular” se construyen: “a modo de ladrillos de la Vida” … las proteínas.

 

Pues bien, las mencionadas proteínas, que como he dicho, son componentes estructurales y funcionales de la Vida como proceso autoorganizativo, son por consiguiente: los verdaderos actores de las funciones biológicas a nivel molecular.

Esto implica que tanto las estructuras celulares, como las reacciones químicas que se dan el estas últimas, son un producto de la decodificación del ADN, es decir, de las susodichas proteínas. 

 

Sirva de base reiterar que el ADN, no deja de ser una cinta -como versa el título de este breve ensayo- , cuya secuencia puede ser manipulada, tanto desde el punto de vista molecular (ingeniería genética), como computacional (véase la disciplina conocida actualmente como Bioinformática).

Sin embargo, y con afan de simplificar e “ir al grano” diré que habitualmente se confunde el Clon de una célula (u organismo a la postre), con la reproducción íntegra de todas las propiedades funcionales e incluso comportamentales del ser-clonado. Esto es un error de concepto, cuya comprensión se espera del lector una vez terminada la lectura. 

La clonación reproduce la secuencia, pero no la estructura neuronal fina, ni por tanto la mente, ni el producto de la misma, en cuyas implicaciones filosóficas no voy a extenderme aquí: el comportamiento en su totalidad.”

 

¿Qué pretendo ilustrar con esta concisa argumentación?. 

 

Es muy sencillo, del ADN y más concretamente de su secuencia de cuatro bases (A, T, G, C) correctamente emparejadas en la famosa doble hélice, se puede obtener un cálculo. Es decir, son computables en términos de Turing, y dejo al lector que indague en este gran pensador del pasado siglo XX.

 

Esto no ocurre con la maraña de billones de conexiones entre las neuronas. Esa gran “selva” tridimensional que es el cerebro y de cuya actividad se destila finamente nuestro comportamiento como animales sociales.

Fué, es y será posible predecir y sintetizar moléculas e incluso tejidos “simples” a partir de la información en modelo de cinta del ADN. Lo que no ocurre con las emociones, los sentimientos, y como consecuencia la misteriosa y escurridiza “consciencia”.

 

Por tanto usando el argumento contrario, nunca se podrá subir una mente a una máquina como postula el llamado movimiento “transhumanista” ya que carecemos de una analogía con el código genético, que transcriba y traduzca redes neuronales, ni tan siquiera simples”. 

Se pueden construir modelos conexionistas sencillos, de redes pequeñas. Al uso en Inteligencia artificial (IA) y robótica, pero no es posible, ni creo que lo sea, subir una red compleja a una máquina.

La explicación es sencilla, el modelo cinta de la máquina de Turing, no es válido para ese entramado de billones de conexiones. No es posible pasar, a una cinta computable matemáticamente, el sistema complicadísimo de conexiones neuronales de un cerebro humano.

 

Supongo que, ni con toda la potencia de un ordenador tan grande como el Universo entero, podría emularse la sencilla expresión de una emoción básica como es la tristeza, o la alegría y mucho menos la consciencia entera.

 

Quizás me equivoque, pero pienso que estoy en lo cierto, cuando digo que el computador más parecido y por tanto el mejor “modelo” de un cerebro humano es otro cerebro humano y jamás una máquina.

 

¿Quiere esto decir que los argumentos del movimiento transhumanista, cuyo fin último es reproducir la consciencia de un individuo en un ordenador, son inviables?. Mi respuesta es rotunda…Sí.

Y dicho esto, me somento a debate y discusión posterior. 

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