Desde que GE lanzó la fabricación de elementos de motor fabricados por impresión 3D, y la NASA ensayo un motor con un componente obtenido por este método, la investigación e innovación se vuelcan en desarrollar componentes funcionales. Y no solo elementos aislados Ya se ha anunciado un motor cohete fabricado casi íntegramente con la tecnología “Impresión 3D”

Desde su concepción, por diversas razones (caracterización del material, acabado superficial, etc.) la impresión 3D, o fabricación aditiva solamente se había considerado una tecnología de prototipado. Las ventajas de esta tecnología de fabricación han justificado que la industria considere su aplicación en piezas funcionales.

La impresión 3D, o más propiamente, la fabricación aditiva, ofrece grandes posibilidades: permite obtener piezas complejas, de las que se pueda obtener estructuras más ligeras y que con otros métodos no sería posible fabricar. El tiempo de fabricación es menor que con los métodos tradicionales, y no es necesario un utillaje espacial de fabricación, lo cual reduce los costes de producción y por consiguiente, es ideal para lanzar series cortas, como es el caso de la industria aeroespacial.

Es en este sector donde las grandes empresas como Rolls Royce o GE se han puesto este objetivo de producir piezas funcionales obtenidas por impresión 3D. En el caso de la compañía de motores americana, ya tiene en producción inyectores de combustible obtenidos por fabricación aditiva. El sector espacial también se ha hecho eco de las virtudes de este método de fabricación. En 2.014, la NASA ensayo con éxito un motor que incorporaba un inyector obtenido por fabricación aditiva. Parecía que iba a pasar más tiempo hasta ver un motor fabricado con esta técnica. Pero este año, Rocket Lab, una pequeña empresa radicada entre E.E.U.U. Y Zueva Zelanda, lo ha conseguido.

Peter Beck , CEO de RocketLab, con el lanzador Electron

Peter Beck , CEO de RocketLab, con el lanzador Electron

Financiada por varios inversores de tecnología como Lockheed Martin, RocketLab presentó el pasado mes de abril de 2.015 a Electron, un lanzador de 20 metros y 1 metro de diámetro, fabricado con materiales compuestos y propulsado por el motor cohete Rutherford, un motor de diseño muy novedoso que emplea energía eléctrica, capaz de desarrollar 5.000 libras de empuje (2.260 Kilos) con un impulso específico de 327 segundos. El motor Rutherford emplea un nuevo ciclo de propulsión es un novedoso sistema que utiliza motores eléctricos de corriente continua así como baterías de litio de altas prestaciones que mueven las turbobombas.

Motor Rutherford (RocketLab)

Motor Rutherford (RocketLab)

El motor Rutherford, bautizado así en honor del famoso físico Neozelandés, incorpora elementos fabricados por impresión 3D tales como la cámara de combustión, las bombas de inyección o las válvulas principales de combustible. La fabricación aditiva ha permitido a los ingenieros de Rocket Lab fabricar un motor muy ligero, además de reducir el tiempo de fabricación. Los métodos tradicionales no se pueden acercar a la habilidad que ha proporcionado la fabricación aditiva en fabricar esas piezas tan ligeras, así como que el tiempo de fabricación, usando esta tecnología, se han reducido de meses a días.

Las ventajas de poder producir un motor cohete de estas características con la teconologia de impresión 3D supone un abaratamiento y versatilidad del coste de inyección orbital de carga de pago, como indica Peter Beck, CEO de RocketLab: “Con Electron, las empresas pueden lanzarlos cuando ellos quieran, a un coste significativamente menor. Este avance monumental en la tecnología especial da al negocio de los satélites la libertad por la que estaban esperando, lo que le lleva a enormes mejoras acerca de como se usa la tecnologia de satelites en el espacio.”

“Históricamente el tiempo y el gasto en lanzar satélites pequeños había sido prohibitivo, costando muchos millones de dólares y requiriendo una paciencia infinita y flexibilidad esperando durante meses para conseguir un vuelo al espacio”, explica el CEO de RocketLab. “Con Electron, las empresas pueden lanzarlos cuando ellos quieran, a un coste significativamente menor. Este avance monumental en la tecnología especial da al negocio de los satélites la libertad por la que estaban esperando, lo que le lleva a enormes mejoras acerca de cómo se usa la tecnología de satélites en el espacio.”

Rutherford es de momento solamente tecnologia de banco de pruebas, y todavía no ha sido probado en un vuelo. Sin embargo ya hay empresas interesadas en su proyecto, como la californiana MoonExpress, dispuesta a enviar a la luna un robot explorador en 2017, ha apostado por RocketLab y ya ha reservado tres vuelos.

Alfonso Martín Erro
feynmania-el placer de descubrir

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