Ya hace un par de meses se publicó un artículo en Nature [1] en el cual se hablaba sobre la saturación de la denominada ley de Moore. De este artículo se han hecho eco varios medios como el periódico The Economist [2] o, en español, Público [3]. Moore antes de ser cofundador de Intel predijo que cada año la densidad de transistores en un procesador iba a doblarse, sin que el coste para el consumidor aumentara. Tiempo después, rectifico su predicción reduciendo sus expectativas: cada 2 años la densidad iba a doblarse. Durante años las empresas tecnológicas y los investigadores de todo el mundo se tomaron tan en serio esta predicción que la convirtieron en ley. Esto es porque la predicción se retroalimentaba, la densidad se doblaba cada dos años porque lo tenía / podía hacer, y lo hacía porque empresas e investigadores lo provocaban. El efecto de esta ley en mis investigaciones [4] ha sido claro: el tamaño sí que importa, cuánto más pequeño mejor.

Durante años, investigadores y empresas se han centrado en cumplir dicho mandamiento, y efectivamente lo han hecho. Sin embargo, ahora mismo los mismos comités científico-tecnológicos que daban indicaciones sobre la necesidad de cumplir con la ley de Moore (esto lo hacen a través del roadmap publicado por la ITRS) reconocen que no se podrá continuar imponiendo/pidiendo el cumplimento de ley de Moore. Esto es porque ya no es posible hacer más pequeñas las neuronas de los computadores. Ahora sus esfuerzos se quieren centrar en: eficiencia energética, conectividad y seguridad. Estos objetivos no tienen otra razón que alimentar el concepto del Internet de las cosas. Sustituir a la pantalla y el ratón por distintos sensores y actuadores, no solo más simples y baratos como ya han comentado en profundidad otros colegas [5], sino también, en algunas ocasiones, con funcionalidades revolucionarias.

La ley de Moore ha actuado en algunos casos más como una cerca a la creatividad que como una motivación para la innovación. Gracias a buenos mentores algunos nos hemos salvado de esta restricción. Pero la realidad es que un científico a la hora de presentar su trabajo en cualquier foro (industrial o académico) siempre corría el riesgo de recibir preguntas como: ¿Cuál es la escala de la imagen que muestra, se podría reducir el tamaño del dispositivo?, o simplemente: ¿A dicho milímetros!? A lo que el científico responde: Si,… seguido de un gesto de desaprobación por parte de la audiencia. Esto, sin querer generalizar, provoca que algunos dejen de prestar atención a lo sorprendente del concepto presentado, justificándose en que la aplicación de dichos resultados nunca sería tecnológicamente viable dado el requerimiento de muy bajo tamaño.

Sin embargo, declaraciones como la del director de investigación de Intel, Shekhar Borkar, comentando que: «el valor para el consumidor se duplica cada dos años y que eso seguirá sucediendo a través de la innovación«, animan a pensar que materiales o dispositivos con nuevas funcionalidades serán ahora atractivos para la industria eludiendo requisitos maximalistas de tamaño. Creo que el hecho que el tamaño ya no importe tanto es una excelente noticia para todos científicos, industria y sociedad, ya que, dirigido de una manera adecuada, puede abrir la puerta a nuevas funcionalidades que ahora no imaginamos (como las que, espero, comentaré en un próximo post…).

 

  1. M.M. Waldrop, The chips are down for Moore’s law. Nature News, 2016. 530(7589): p. 144.
  2. The future of computing. The Economist (2016).
  3. Maria Ruiz de Elvira. Los chips abandonan la Ley de Moore. Público (2016).
  4. I. Fina, Personal Webpage.
  5. X. Martí,  Hardware business changes … who may take the lead?

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