La física y la química siempre están acechando a nuestro alrededor para alegrarnos el día.

A mí, en concreto, nunca me ha extrañado que de una persona con sentido del humor se diga que tiene salero.

El cloruro sódico siempre me ha hecho mucha gracia, me parece una sustancia muy optimista.

Siempre me ha ayudado a mejorar mi vida: viviendo en un sitio húmedo como Londres, me viene muy bien para hacer desecadores caseros; si me encuentro babosas o caracoles en la ventana les puedo echar un poco de sal y observar con crueldad infantil cómo se deshidratan en segundos por ósmosis (conste que no estoy animando a nadie a maltratar invertebrados); si me entra un catarro puedo recuperar la maravillosa sensación de respirar haciéndome un lavado de fosas nasales con agua de sal, y ya no hablemos de lo que me gusta el agua salada y las playas en general.

Pero el mejor chiste sobre la sal de mesa me lo han contado en un centro comercial. En este contexto se me acercó un actor muy metido en su papel a echarme un pegote de sal suspendida en algún tipo de aceite, y acto seguido me invitó a frotarme las manos.

Después de aclarármelas, me invitó a sorprenderme de la suavidad resultante. No puedo descirbir la decepción que sentí ante un remate tan soso para el monólogo… Pero me equivocaba! Aún faltaba el elemento sorpresa final, que ahora sí, consiguió arrancarme una carcajada.

Escudándose en que este cloruro sódico en concreto venía del Mar Muerto (conocido por su alto contenido en sales) y por eso tenía unas propiedades muy especiales (volveremos sobre esto luego), me explicó que me lo vendía (menos de un kg), por unos 35-40 euros si no recuerdo mal.

Me explico: ¿porqué no me extrañó ni me sorprendió que mis manos estuviesen suaves después del frote con sal y aceite?

Para mí estaba claro (que me perdone el autor de la patente comercial por destripar su invento) que este “truco” era una simple exfoliación mecánica (es decir, lo que hace uno cuando frota una superficie con otro material más rugoso para eliminar la irregularidades y dejarla lisa; ejemplos, a montones, lijar una tabla de madera, quitarse las durezas de los pies con piedra pómez o limarse las uñas), acompañada de una reducción del coeficiente de fricción piel-con-piel (el coeficiente de fricción es una medida de la resistencia que presenta una superficie al deslizarse contra otra, y éste es bastante bajo para superficies cubiertas con aceite, por eso se dice siempre que el aceite resbala).

Aún así, y por deformación profesional, decidí hacer un “experimento control” en casa. Repetí el procedimiento anterior con la sal yodo-fluorada y el aceite de girasol (el de oliva está demasiado bueno para usarlo en tonterías) más baratos que encontré en el supermercado. Lo hice con mis pies ya que las manos en aquel momento las tenía como el culo de un bebé… y la verdad, el resultado fue el esperado. Tenía los pies tan suaves que me patinaban en las chanclas.

Por supuesto no me quedé satisfecha, aún quería intentar encontrar una evidencia científica que contradijese mi escepticismo y me hiciera creer en el Oh-Milagro-del-Mar-Muerto. Así que quedaba descartar que la sal del Mar Muerto contuviese algún tipo de mineral especialmente beneficioso para la piel. Me lancé pues sobre Google Scholar (buscador de artículos científicos) y puse las palabras clave, “Dermathological effect, Dead Sea salt”.

Creo recordar que en total salieron unos 5 artículos (en cualquier caso no más de una página de resultados), de los cuales sólo 2 contenían todas las palabras clave (ver las referencias al final).

Les eché un ojo por encima, y ambos eran estudios sobre los efectos beneficiosos de tomar baños en el Mar Muerto para sujetos (en un caso eran conejillos de Indias y en otro personas) con psoriasis crónica.

La explicación sugerida para este efecto era el alto contenido en sales de magnesio, que parece ser son conocidas por mejorar la permeabilidad de la piel y mejorar su hidratación.

We suggest the favourable effects of bathing in the Dead Sea salt solution are most likely related to the high content in Mg2+. Mg2+ salts are known to bind water, influence ephidermal proliferation and differentiation and enhance permeability barrier repair [1]

Bien está, pero en el centro comercial no me hablaron en ningún momento de problemas de piel tales como la psoriasis… en este caso el objetivo del producto era puramente cosmético, lo cual hace sospechar que los estudios científicos al respecto aún no han pasado las fases clínicas pertinentes para su comercialización (y el día que las pasen, si es verdad que dicho tratamiento combate la psoriasis, espero que tengan la decencia de no vender cloruro sódico enriquecido en magnesio a cuarenta euros).

En resumen, no me han convencido. Sigo pensado que la acción de este producto es púramente mecánica, física de la simple envuelta en marketing sin escrúpulos.

Al menos ahora sé que si me apetece tener las manos suaves unos cristales de cloruro sódico y unas gotas de aceite me las dejan como nuevas.

Referencias:
[1] International Journal of Deramathology, 2005, 44, 151-157
[2] Journal of Dermathological Treatment, 1996, 7, 83-86

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