Este fin de semana, 14 y 15 de febrero de 2015, se celebró en Barcelona uno de los torneos clasificatorios de la FIRST LEGO League.

Según la página web del evento:

FIRST LEGO League (FLL) es un torneo que desafía a jóvenes de 10 a 16 años con una temática del mundo real. A través de la resolución del desafío los jóvenes se entusiasman con la ciencia y la tecnología, y aprenden valiosas habilidades para su futuro profesional y para la vida.
Participan grupos de hasta 10 jóvenes de entre 9 y 16 años, cada uno con un entrenador adulto, quien tiene que guiar y coordinar al equipo de jóvenes, que llevan a cabo todo el trabajo.

El desafío FLL tiene tres retos que los jóvenes deben afrontar:
Un proyecto científico que dé respuesta a la problemática propuesta para esa edición.
Un robot que consiga realizar las máximas misiones de entre las que se proponen, en un tiempo limitado.
Demostrar que los valores que promueve la FLL se han entendido e integrado en el equipo y pueden transmitirse correctamente.
Representación de los tres retos que la FLL plantea a los jóvenes.
Representación de los tres retos que la FLL plantea a los jóvenes.
¿Cómo es la experiencia de ser juez en la FIRST LEGOLeague?
Proyecto científico

Para esta edición, cada equipo debía dar una respuesta a la pregunta

¿Cuál es el futuro de la educación?

Así, identificaban problemas del sistema educativo actual, los analizaban a fondo, estudiaban los métodos que ya existen para solucionarlos y proponían una nueva solución, que debía ser aplicable, estudiada a fondo y justificada.

Ya hace años que evalúo trabajo de investigación y que he aprendido a ser muy crítico con ellos. Tengo que decir que, a nivel de rigor, he visto trabajos mucho mejores de jóvenes de 14 años que publicados en revistas científicas, como el penoso estudio del que os hablaba el otro día.

El esquema que debían seguir a grandes rasgos es el siguiente:

– Identificar elementos concretos que son mejorables en la educación actual y las soluciones que ya se han propuesto/aplicado.
– Proponer nuevas vías para mejorar estos elementos.
– Analizar la aplicabilidad, conveniencia y metodología para implementarlas.

Alguno de los errores que vi… podían localizarse en diferentes puntos: los elementos a identificar no se definían con claridad (se hablaba en términos de sensaciones o deseos generales), se proponían soluciones que ya existían, no se analizaba la aplicabilidad o conveniencia de la solución propuesta (que en algunas ocasiones parecían inaplicables y/o desaconsejables).

Afortunadamente, la mayoría de trabajos que se presentaron (por no decir todos) no presentaban errores graves, fallaban en un único ámbito y demostraban un trabajo de fondo por parte de los participantes.

Con todo, sí que se notaba que algún entrenador no tenía suficiente formación para dirigir un trabajo de investigación: creo que le queda a LEGO como reto para futuras ediciones: ¿podrá generar material de soporte para los entrenadores que deseen usarlo?

Hubo tres trabajos el sábado y otros tantos el domingo que cumplieron y más con las expectativas que teníamos.

Serán esos 6 grupos los que nos representarán en la final estatal.

El robot de LEGO

En el tiempo de dos minutos y medio, los grupos tenían que poner su robot a cumplir las misiones asignadas.

Cada equipo había dotado a su(s) robot(s) con uno o más programas para intentar conseguir puntos en cada una de las pruebas que había. En esto fue a lo que los equipos dedicaron más tiempo con el objetivo de conseguir más puntos, lo que fue una lástima: para poder ganar los mejores premios bastaba con quedar únicamente entre el 40% mejor en puntuación.

Los criterios para conseguir buena puntuación para los premios no estaban estrictamente relacionados con la puntuación que el robot obtuviera, sino con la valoración de los jueces de los tres ejes del proyecto.

Fue en este punto donde todos los grupos demostraron su capacidad estratégica y de toma de decisiones, optando por unos u otros sensores y escogiendo pruebas más sencillas (que puntuaban menos) o más difíciles (que puntuaban más).

A diferencia de la desilusión que me llevé con los proyectos educativos, prácticamente todos los robots que vi tenían un diseño interesante y habían pensado soluciones innovadoras a las misiones propuestas.

Los valores

Para acabar, el equipo presentaba un póster en el que explicaba los valores que tenían que aplicar durante la realización de los proyectos. Más allá de su exposición, el papel que los jueces teníamos era observar cómo interactuaban entre ellos, cómo presentaban, cómo afrontaban nuestras preguntas…

Además, las preguntas no sólo buscaban conocer más detalles técnicos de su trabajo, sino también: buscaba entender cómo se habían organizado, cuál había sido el papel de su entrenador (al que siempre que podíamos mirábamos de reojo) o intentar que respondiera quien parecía más desvinculado, entre otros ejemplos.

Lo último que tenía que hacer el equipo justo antes de salir de la sala era hacer una pequeña prueba que les forzaba a intentar conseguir un resultado secreto (torre de Lego más alta, figuras con el cuerpo…) bajo la presión del tiempo.

Con ello se acababa de saber si todos los valores que habían demostrado estaban ensayados o realmente los habían interiorizado.

Esta era la mejor parte, ya que el entusiasmo de los equipos para resolver el problema era contagioso.

Conclusiones

En conclusión, mi experiencia como juez en la FIRST LEGO League es que, como siempre, falta promover el método científico, que no siempre se cumple. Y aunque esto es algo muy personal, por si llegaran a leer este texto, mi enhorabuena a todos los participantes, trabajasteis con esmero.

Espero volver a participar el año siguiente.

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