La vida que llegó con la postmodernidad requiere de otras habilidades para apenas hacerle frente y la autonomía parece ser una respuesta muy atractiva. Para comenzar, la modernidad se caracteriza por la confianza ciega en la Razón (Ruiz, 2010) y en esta como el fundamento para todo sistema creado que prometiera un mejor futuro. ¿Hacia a dónde vamos? 

Como ha de observarse los sistemas políticos, económicos y sociales nacidos en la modernidad del siglo XX no son un buen referente de que nos llevaran hacia el progreso, ejemplo de ello es que se detonaron dos guerras mundiales y la desigualdad social y económica que predomina en gran parte del mundo: los ricos se hacen cada vez más ricos mientras que los pobres se hacen más pobres. De aquí nace una crítica radical que da pie al postmodernismo. 

El postmodernismo se define como el escepticismo ante la Razón como fundamento y dejar de creer en los grandes relatos (Ruiz, 2010). Junto con esta nueva corriente viene la era de la información y al mismo tiempo que se envuelve de nuevos retos y para salir avante de ellos se necesitan nuevas destrezas.  

Ruiz (2010) aporta algunas características de la postmodernidad que también son desafíos: la fugacidad de la información, la pluralidad de verdades, el relativismo, la provisionalidad y la fragmentación, lo que provoca que el saber sea efímero, volátil, además que relativo y de difícil estructuración. Por su parte, Thomas Kuhn habría aportado que “en la ciencia, e progreso no es una línea recta que llega a la verdad, sino una forma de alejarse de concepciones e interacciones con el mundo menos adecuadas” (2013, p. 14). ¿Qué es necesario? LA DUDA. 

El pensamiento crítico para aceptar o negar información y luego tomar decisiones es una habilidad que requiere mucho desarrollo y en las escuelas actuales difícilmente se logra. Sin demeritar el esfuerzo docente, es una realidad que las personas cada vez se dependan más de los recursos tecnológicos ante una situación problemática y “se crean” lo primero que se encontró en la red. Debido a esto, es imperante que los alumnos tengan voluntad de saber y que se complemente con el apoyo del profesor. 

Desde su aportación Jean-Jacques Rousseau (2017) nos dice que para que se logre una acción libre se requieren dos condiciones, la primera es la moral y la segunda es la facultad. La moral, es la voluntad (una fuerza interna) y la facultad son las herramientas que le ayuden a ejecutar lo que la voluntad manda (fuerzas externas), por lo que el profesor, al motivar, influye en la primera, pero es fundamental en la segunda, esto es lo que para Kant se denominaría autonomía (Schneewind, 2012). 

La autonomía como forma de autogobierno (Kant, 2005) habría de ser fundamental para que el alumno por su propia cuenta busque las herramientas necesarias para enfrentar las dificultades actuales y no se espere a que el profesor dé todas las respuestas o intente simular todas las situaciones reales de la vida en el salón de clases, la autogestión será la base para el desarrollo de las próximas sociedades. Este es el reto del docente: desarrollar la autonomía en un momento histórico en el que se depende de todo. 

Referencias 

Kant, I. (2005). Crítica de la razón práctica (2005.a ed.). Fondo de Cultura Económica.

Kuhn, T. S. (2013). La estructura de las revoluciones científicas (C. Solís, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Rousseau, J. J. (2017). El contrato social (2017.a ed.). Editores Unidos Mexicanos.

Ruiz, C. (2010). La educación en la sociedad postmoderna: Desafíos y oportunidades. 1(21), 173-188.

Schneewind, J. (2012). La invención de la autonomía (2012.a ed.). Fondo de Cultura Económica.

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