Autores: Bracho Velasco Monserrat, Ignacio Mejía Iván, Vargas Hernández Marco Antonio, Albores Méndez Exsal, Cárdenas Rodríguez Noemí, Rodríguez Bandala Cindy, Mejía Meza Alberto Jaret, Cruz Bernabe Alan Israel.
Un equipo multidisciplinario de investigadores italianos, liderado por Luigi Montano de la Unidad de Andrología del Hospital S. Francesco di Assisi en Salerno, ha dado un paso crucial en la comprensión de cómo los contaminantes ambientales afectan la salud reproductiva de las mujeres. El estudio, publicado bajo el título «First Evidence of Microplastics in Human Ovarian Follicular Fluid», revela por primera vez la presencia de microplásticos (MPs) en el líquido folicular humano, un hallazgo que podría tener implicaciones profundas para la fertilidad femenina.
El trabajo, desarrollado en el marco del proyecto *EcoFoodFertility* y aprobado por el Comité Ético de la ASL Campania Sur-Salerno, analizó muestras de 18 mujeres (con una edad promedio de 35.9 años) que se sometieron a tratamientos de fertilización in vitro en una clínica de Salerno entre 2019 y 2020. Para evitar contaminación, el equipo empleó materiales de vidrio y agujas especiales, descartando muestras con rastros de sangre. La detección de microplásticos se realizó mediante una técnica avanzada que combina microscopía electrónica y espectroscopía, capaz de identificar partículas de menos de 10 micrómetros.
Los resultados son alarmantes: en el 77.8% de las muestras (14 de 18) se encontraron microplásticos, con una concentración promedio de 2191 partículas por mililitro. Las imágenes mostraron partículas diminutas (de alrededor de 4.48 micrómetros), pero no fibras ni fragmentos mayores. Lo más preocupante fue la correlación moderada pero significativa entre los niveles de MPs y la hormona FSH, un marcador clave de la reserva ovárica. Esto sugiere que los microplásticos podrían estar interfiriendo con la función reproductiva, aunque no se encontraron vínculos claros con otros factores como la edad, el índice de masa corporal o los resultados inmediatos de fertilización.
Estos hallazgos adquieren mayor peso al compararlos con estudios en animales, donde se ha demostrado que los microplásticos alteran la producción hormonal, aumentan el estrés oxidativo y dañan las células ováricas. La presencia de estas partículas en el líquido folicular humano indica que pueden atravesar barreras biológicas críticas, actuando como vehículos de disruptores endocrinos y afectando el ambiente necesario para la maduración de los óvulos.
Sin embargo, el estudio tiene limitaciones. El pequeño número de participantes (todas de una misma región italiana) y la falta de identificación química detallada de los plásticos impiden generalizar los resultados. Por eso, los investigadores subrayan la necesidad de estudios más amplios que exploren cómo la acumulación de microplásticos podría relacionarse con problemas como la falla ovárica prematura.
Con esta investigación pionera abre un nuevo capítulo en el estudio de los contaminantes ambientales (microplasticos) y su impacto en la fertilidad. Aunque los hallazgos son preliminares, refuerzan la urgencia de investigar los umbrales de toxicidad de los microplásticos y desarrollar estrategias para reducir su exposición. Desde una perspectiva clínica, estos resultados invitan a considerar la contaminación por plásticos como un factor relevante en la evaluación de la salud reproductiva femenina, especialmente en zonas con alta polución ambiental. Más allá de la ciencia, el estudio plantea una pregunta crucial: ¿estamos pagando el costo de nuestra dependencia del plástico con nuestra capacidad de concebir?

