El Accreditation Board of Engineering and Technology define la ingeniería como «la profesión en que el conocimiento de las ciencias matemáticas y naturales adquirido mediante el estudio, la experiencia y la práctica, se aplica con buen juicio a fin de desarrollar las formas en que se pueden utilizar, de manera económica, los materiales y las fuerzas de la naturaleza en beneficio de la humanidad.»

Aquí reside una afirmación contundente que trasciende el uso de herramientas matemáticas y es el propósito de producir un beneficio para la humanidad.

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Esto dista de ser una pretensión megalómana pues se crean ingenios que facilitan el trabajo, se crean infraestructuras que acercan personas, se diseñan dispositivos que aumentan la seguridad, se innovan en accesorios para la manipulación, el transporte,  la comunicación…

No existe una única disciplina de la ingeniería pues bajo este paraguas surgen ramas como la industrial, mecánica, eléctrica, electrónica, de telecomunicaciones, automática, de control, robótica, textil, de organización de producción, química, de sistemas, informática, aeroespacial y aeronáutica, civil y de caminos, canales y puertos, agrícola, ambiental, de edificios y obras, biomédica, hidráulica, de minas, naval, de protección contra incendios, de software, de sonido, militar, …, y otras muchas que  cada año aparecen fruto de una escisión de alguna rama general que adquiere entidad propia o de la evolución de la técnica que avanza hacia nuevos campos de intensificación. 

Sin embargo, hay una clara intrusión en el campo ingenieril de ciertas disciplinas que emplean interesadamente el término ingeniería para alcanzar objetivos que distan mucho del de una ciencia cuyos principios cumplen, de forma tan elegante, a los propósitos de nuestra civilización Así, al término ingeniería, se han vinculado acepciones  que llevan implícitas una doble intención:

  1. Dotar de cierto prestigio a quien la profesa por identificación con el término general.
  2. Crear un espejismo de erudición al aparentar que las herramientas necesarias para dominar la disciplina asociada al término son tan complejas como el aparato matemático o físico necesario para ejercer la ingeniería.

Así, nuevos modismos aparecen en ingeniería y acaparan titulares, blogs, entrevistas mediáticas y portadas de libros llenándolos del fasto que no puede proporcionar el contenido.

Si analizamos los matices de las vertientes que adoptan  estas mal llamadas ingenierías, encontramos un trasfondo interesado y manipulador que usa el ingenio y la capacidad de resolución de problemas en beneficio propio para conseguir unos objetivos que, en muchos casos tratan, incluso, de eludir las fronteras de la actividad legal y traspasar lo ético.

¿Por qué sigue denominándose ingeniería financiera a una forma de maquillar resultados contables para beneficio del fraude fiscal?  En 1994 Lawrence Galitz’s definía este término como “la utilización de instrumentos financieros para reestructurar un perfil financiero existente y obtener así otro con propiedades más deseables”. He aquí cómo un término que surge de la manipulación de productos financieros se adscribe por interés propio a la ingeniería usando como vínculo una aproximación cualitativa al proceso de optimización que ha de seguirse en un proyecto para rentabilizar inversión y optimizar  recursos. Es cierto que la economía es compleja y difícilmente predecible y sus análisis son profesionales pero supongo que el término mediático es poderoso y muchos comunicadores disfrutan de emplearlo al referirse a la citada actividad delictiva. 

¿Por qué al tratar la personalidad del individuo con fines conductistas para, en muchos casos, beneficiarse de un adoctrinamiento, le llamamos ingeniería del comportamiento? Aprovechando unos estudios de origen psicológico de control del estímulo que realizó Frederick Skinner sobre la Ley del Efecto de Thordnike (en relación directa con las terapias conductistas de Eysenck y Wolpe) se acuña este término de ingeniería del comportamiento junto al de tecnología instruccional (cuando en realidad se trata de afrontar la superación de etapas en la programación de objetivos pedagógicos), fases de la obra cognitivista/constructivista (en un intento claro de identificar los procedimientos del lenguaje que se emplean al estructurar la reglas que rigen la conducta con el rigor que se exige a las etapas que conlleva la ejecución de una edificación o infraestructura) o  sistemas autorregulados (donde la equivalencia se establece entre el dominio de destrezas que capaciten al individuo de forma autónoma para adaptarse al medio que le rodea con los procesos de ingeniería de control que permiten los procesos automatizados).

¿Por qué al engaño social fruto del marketing especulativo empleado en campañas tan mediáticas como la propaganda del tabaco, del cereal, del calentamiento global o, cada día, de las distintas agrupaciones políticas, se llama ingeniería del consentimiento? Aquí, es todavía más sangrante el mal empleo del término pues hay que remontarse a la manipulación sociológica. Uno de los más activos en este campo fue Edward Bernays, sobrino del celebérrimo Sigmund Freud, quien fue de los primeros en transformar, gracias a las campañas de propaganda, la necesidad tangible (necesito un vehículo para desplazarme) en una necesidad psicológica (necesito un vehículo de lujo para sentirme bien conmigo mismo). Se trataba, en suma, de modificar, manipular, las decisiones de los consumidores en base a campañas psicológicas perfectamente medidas, de tal forma que el engaño se realizara con el “consentimiento” del usuario final quien entendía como propia la idea inculcada de forma artificial.

La ingeniería es una ciencia que se remonta a los mismos orígenes de la humanidad y que evoluciona con ella, es algo edificante, algo que ha permitido a nuestra especie volar, crecer, desplazarse, construir lo que ha imaginado, protegerse de la naturaleza y de otros congéneres, comunicarse, mejorar en sus trabajos, aprender, curarse, alimentarse, descansar, tener momentos de ocio, guardar información y transmitirla…

 Imhotep (2600 a.C.), conocido como el primer ingeniero, había dejado constancia  de su dominio de la geometría y las artes edificatorias al emplazar una espectacular ciudad funeraria sobre la pirámide escalonada de Saqqara, con más de 60 metros de altura y construida con piedra caliza (la primera de la que se tiene constancia con esas colosales dimensiones). Pero aún si pensamos más allá, desde el mismo momento en el que el ser humano pudo identificar materiales, darles forma con ayuda del fuego, crear útiles y herramientas para cocinar, cazar, protegerse, desplazarse…, desde ese mismo momento, surge el uso del ingenio como ciencia y hoy, los ingenieros, seguimos creyendo en una profesión que, ante todo, es útil y trata de usar cuantos conocimientos, técnicas y herramientas encuentra, para crecer y mejorar cada día.

Así pues, espero que esos que se aprovechan de las modas y tendencias académicas, del  marketing del lenguaje y del lenguaje del marketing y que disfrutan creando cortinas de humo que sólo dejen entrever una realidad que, desnuda de adjetivos, ofrece bastante poco, dejen de usar la grandeza de la ingeniería para lo que no tiene nada que ver con ella y encuentren otros púlpitos para captar sus acólitos.

Autor: Javier Luque  @fdetsocial

Co-fundador del blog divulgativo de FdeT  

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