La revolución cognitiva y las ciencias

La revolución cognitiva “es una criatura de los años cincuenta” (p.1), donde se redefinían las ciencias:  psicología, la antropología y psicolingüística así misma; señalado en un relato personal de Miller, G. (2004) sobre la cognición y sus revueltas mentales; pero también con un marcado sesgo de lo que se ha asumido como aprendizaje, conocimiento e información hasta la actualidad; está última en cuanto a su enfoque sobre procesamiento y su interpretación (Fuentes, A. Umaña.S. JP. Riso, M. A. Facal, M. D. 2021).

Inevitablemente, estas disyuntivas desencadenan en un sistema procedimental reduccionista, ya que la forma de percibir el mundo circundante que habita en cuanto a la inteligencia humana, ha sido fragmentada, producto de una contrarrevolución (Miller, G. 2004, p.2). Entonces es requerido transcender a la dualidad cerebro-cuerpo (Morandín-Ahuerma, F. 2019), a las ciencias sociales y su simbiosis con la neurobiología, biología molecular; computacional necesaria para una reivindicada epistemología entre la filosofía-antropología-psicología (Montoya, L. Mora, J. 2019); entre otros asuntos que deberían re-mentalizarse.

Tampoco se puede negar su relación con el estudio de la conciencia (González. Ojeda, R.2016), los sentimientos (Grijalba-Uche M, Echarte LE.2015), la creatividad (Fernández Díaz, JR, Llamas Salguero, F y Gutiérrez-Ortega, M (2019), la influencia del medio ambiente (Dzib, A. 2013); entre otros, ha sido clave en la gestión de lo cognitivo o mental, ya que las ciencias sociales (Montoya, L. Mora, J.2019) y naturales ha dado importantes saltos; pero también su influencia que concurren en la relación con el otro, con originalidad desde una perspectiva científica. (Vergara, F. Yánez, B. 2016).

Un artículo científico sobre la cognición; revela la importancia de disputar el paradigma clásico del procesamiento de la información. El estudio evidenció lo siguiente: la poca práctica en cuanto al uso de la transdisciplinariedad, interdisciplinariedad, integración de las ciencias naturales y sociales, que no solo es visto como un problema de investigación sino de percepción entre las disciplinas.

Asimismo, el poco empleo de los metarrelatos en primera y segunda persona, la relevancia de lo teórico abstracto sin continuidad en lo cualicuantitativo práctico; la preferencia a las publicaciones en español, la inexistencia de centros de investigaciones colaborativos independientes para fortalecer las ciencias cognitivas en la región, permiten observar algunos síntomas provocados por la desorganización del procesamiento de la información, la desconexión con los sentimientos y el desconocimiento de cómo ocurren los procesos cognitivos, mentales o representacionales.

Por otro lado, la innovación-creativa forma parte de un nivel superior representacional de una conciencia centrada (en el aquí y ahora) y otra de manera ampliada o compleja que se ancla con lo histórico vivido, futuro por vivir y conocedora de su contexto profundamente, que tampoco es constatada científicamente, veamos por qué.

Un estudio de revisión cualicuantitativo de metodología mixta de autoría española, revela información sobre esta capacidad cognitiva o mental de innovar-crear, como una habilidad única de naturaleza humana; necesaria para la evolución, la biodiversidad genética; las mutaciones, el cambio de nicho, entre otros.

Para lo que será imprescindible en el ya siglo XXI, negociar con las producciones intelectuales sintéticas como arquitectura de los procesos cognitivos o mentales, ya que serán las próximas prótesis para la sostenibilidad de futuras especies, como el manejo de gran cantidad de información óptimamente organizada en red, para tomar la mejor decisión, cuestionar que será lo superior y lo peor de una circunstancia, determinará el aniquilamiento o la subsistencia de la futura humanidad.

Eso será lo realmente novedoso, las tasas de frecuencia consistentes con que se produce para innovar independientemente, con originalidad y ética será un salto hacia adelante. Pero la evolución irregular con que se realizan, es parte del problema; complicándose en las organizaciones dónde se manejan un gran número de capital humano, donde es imprescindible la colaboración y la sana competitividad (González, J. Ojeda, R.2016; Vergara, F. Yáñez, B. 2016; Fernández Díaz, JR, Llamas Salguero, F y Gutiérrez-Ortega, M. 2019).

En este proyecto, se abordarán varios caminos, en esta segunda sección se tocará la teoría de la emoción del neurocientifico Dr. Damasio Antonio, el científico portugués, la cual presenta cuatro niveles representacionales en dos dimensiones: la primera en lo mental, con la razón superior conocida como la conciencia que le antecede el nivel de los sentimientos. Y antes de estas, la segunda dimensión biológica integrada por los mecanismos autorreguladores, cuando estas dimensiones independientes, se coordinan eficientemente, se evidencia en el funcionamiento de los tejidos óptimamente y hay un proceso de equilibrio homeostático, permitiendo ganancias en la estructura corpórea-mental.

En conclusión, presenta una visión de la racionalidad humana estrechamente ligada a la regulación biológica. Sus argumentos se basan principalmente en observaciones neurológicas relacionadas con la extrema dependencia que mantienen las áreas neocorticales con las subcorticales. (Grijalba-Uche M, Echarte LE. 2015. p.96)

Igualmente señalan: “Los sentimientos probablemente surgieron como un subproducto de la implicación del cerebro en la gestión de la vida. Si no hubiera habido mapas neuronales de los estados corporales, quizá nunca hubieran existido estas cosas que son los sentimientos. El hecho que los sentimientos sean acontecimientos mentales es relevante por la siguiente razón: nos ayuda a resolver problemas no rutinarios que implican creatividad, juicio y toma de decisiones que requieren la presentación, manipulación de enormes cantidades de conocimiento” (Grijalba-Uche M, Echarte LE. 2015.p.85) de forma óptima.

Pero los sentimientos no solo ocupan el segundo nivel representacional, sino que, también, forman parte de la pre organización de la razón superior para que interaccione en el tiempo, como sentimiento del yo. Este esfuerzo que hace el viviente hacia la continua y siempre inacabada perfección o hacia un mayor poder de adaptación.

Por lo que la homeostasis social dependerá de esos sentimientos negativos, que por naturaleza son partes de este proceso de supervivencia humana; pero los sentimientos positivos jugaran un papel decisivo para ese equilibrio social que debe negociarse entre las mentes involucradas. El diseño original parece que no está condicionado para eso, por lo que se deben crear esas redes neuronales faltantes.

Por eso la promoción de prácticas de conductas éticas adecuadas interpersonales, que precisan de la integralidad del aparato emocional, principalmente la corteza prefrontal ventromedial, ya que esta es la que actúa de disparador de los marcadores somáticos. Es por eso la importancia del otro (Vergara, F. Yánez, B. 2016) para la evolución, sobre todo de aquellas capacidades que todavía aún cuesta incrementar como es el grado de homeostasis, es decir, capaces de conato.

En segundo lugar, las aportaciones de Varela (González. Ojeda, R. 2016), quien fue antes de Dimasio, coinciden en cuanto al principio de enactivismo, Para ambos estudiosos, le atribuyen al cerebro-corpóreo como un sistema complejo de organización autónoma. Sus diferencias se encuentran en los métodos propuestos para el analices de la razón superior, Varela habla de la neurofenomenología y Dimasio de los mecanismos somáticos, que resultan al final continuo; pero ambos hacen un aporte valioso teleológico sobre la ganancia en cuanto a la invariabilidad estructural, con el principio de conato mediante una práctica interpersonal emocional adecuada (Grijalba-Uche M, Echarte LE. 2015. p. 2).

Referencias bibliográficas

Dzib, A. (2013). La arquitectura cerebral como responsable del proceso de aprendizaje. Revista Mexicana de Neurociencia. Marzo-Abril, 2013; 14(2): 81-85.

Fernández Díaz, JR, Llamas Salguero, F y Gutiérrez-Ortega, M (2019). Creatividad: Revisión del Concepto. REIDOCREA, 8, 467-483.  España.

Fuentes, A. Umaña.S, JP. Riso, M. A. Facal, M. D. (2021). Ciencias cognitivas y educación: una propuesta de diálogo. Sophia. Núm. 30. Cuenca. Ene/jun.

Grijalba-Uche M, Echarte LE. Homeostasis y representaciones intelectuales: una aproximación a la conducta moral desde la teoría de la emoción de Antonio Damasio. pers.bioét. 2015; 19(1): 80-98. DOI: 10.5294/pebi.2015.19.1.7 España

González, JC.; Ojeda M, RI. (2016). Francisco Varela y el desarrollo de las Ciencias cognitivas en América Latina. POLIS, Revista Latinoamericana, vol. 15, núm. 44, 2016, pp. 1-10. Universidad de Los Lagos. Santiago, Chile.

Miller, G. (2004). The cognitive revolution: a historical perspective TRENDS in Cognitive Sciences Vol.7, No.3 March, 141. Elsevier Science Ltd. Recuperado [21-06-2022], versión español del sitio: https://www.u- cursos.cl/filosofia/2021/1/HISP0304/1/material_docente/bajar?id=3799378&bajar=1

Morandín-Ahuerma, F. (2019). La hipótesis del marcador somático y la neurobiología de las decisiones. Escritos de Psicología vol.12 núm.1 Málaga ene./jun. 2019 Epub 02-Dic. Puebla-México.

Montoya, L. Mora, J  2019. La teoría social del siglo XXI: necesidades y posibilidades de mutación Andamios, vol. 16, núm. 40, pp. 85-106, 2019. Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Vergara, F. Yánez, B. 2016. Vergara Silva, Francisco; Yáñez Macías Valadez, Bernardo Roger Bartra: De la antropología cultural a la antropología del cerebro. Cuicuilco, vol. 23, núm. 65, enero-abril, 2016, pp. 233-248. Escuela Nacional de Antropología e Historia Distrito Federal, México.

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