Corría el año 1936 cuando una, hasta aquel entonces, anodina estrella en Orión, aumentó súbitamente su brillo en 6 magnitudes. El astro permaneció extremadamente brillante durante más de un año y, aún a día de hoy, su brillo aún continúa siendo superior al recogido anteriormente. Esa estrella se llama FU Orionis. Desde ese año, se han observado varios de estos acontecimientos en otras estrellas, que han dado lugar incluso a una categoría especifica, conocida como FUors (FU Orionis objects). Aunque se han propuesto diversas explicaciones para estos explosivos eventos, en algunos casos bastante razonables, aún quedan bastantes dudas respecto a por que, y como, se producen.

Hace apenas unos meses se publicó una de las teorías que mejor explica estos eventos explosivos, y la que me resulta más interesante. Lo primero a comentar es que FU Orionis no es, actualmente, una sola estrella, sino un sistema binario(1) en el que, curiosamente, la estrella con menos masa es la más brillante(2). No solo eso, sino que recientes observaciones han mostrado fuertes perturbaciones en el disco de acrección, no ya sólo de FU Orionis, sino también de otras estrellas del mismo tipo(3). Así pues, ¿y si dichos eventos explosivos se deben al paso de una estrella por el disco de acrección de otra?, pues esto es, precisamente, lo que este estudio se dedicó a intentar probar.

Visión artística de FU Orionis, de Hubblesite

Mediante una serie de simulaciones hidrodinámicas, cuyos videos podéis encontrar en el siguiente enlace, si, este enlace se ha demostrado que un transito de la estrella de menos masa a través del disco de acrección de la estrella mayor, produciría un resultado prácticamente idéntico al observado en FU Orionis. La estrella de menor masa acretaría rápidamente una gran cantidad de masa del disco de la estrella mayor, produciendo un súbito aumento de la temperatura (en torno a los 1500º C) y la luminosidad, tanto del propio disco, como de la estrella menor. La estrella mayor, aunque también aumenta ligeramente su luminosidad y sufre su propio evento explosivo, no se ve casi afectada. En la simulación, la parte más fuerte de este efecto dura aproximadamente un año, pero los efectos en el incremento de luminosidad aún son evidentes hasta 100 años después del evento y, al igual que en FU Orionis, es la estrella menor la que se ve más afectada.

Y ahora os preguntareis, muy bien, es una historia muy bonita, pero, ¿Qué tiene que ver con nuestro propio Sistema Solar? por que, en principio, esta historia era sobre el Sistema Solar, no sobre una estrella de por donde San Pedro perdió las chanclas, ¿no?. La cosa es que, en más del 80% de los meteoritos analizados en la Tierra, aparecen unas estructuras llamadas cóndrulos, que se forman a partir de pequeñas gotas fundidas en el espacio, y que son posteriormente acretadas en otro cuerpo. Estos cóndrulos se encuentran, habitualmente, dentro de un tipo de rocas llamadas condritas, que están consideradas como uno de los materiales sólidos más viejos de nuestro sistema solar(4), y se creen se formaron, precisamente, en algún tipo de evento explosivo que elevó extraordinariamente la temperatura del disco de acrección del Sol.

Por lo tanto, si el estudio que indica el evento de FU Orionis es correcto, es extremadamente probable que un evento similar ocurriera durante la formación de nuestro propio sistema solar, con el Sol siendo una de las dos estrellas involucradas (no necesariamente la de menor masa, puesto que el disco de la estrella de mayor masa también se calienta lo suficiente). Así, todo nuestro sistema solar y, por tanto, nosotros mismos, somos los afortunados hijos y supervivientes, de una colisión entre dos estrellas que no miraban mucho por donde iban mientras caminaban por la galaxia.

1) Wang H., Apai D., Henning T., Pascucci I., 2004, ApJ 601, L83.
2) Zhu z., et al., 2007, ApJ 669, 483
3) Pérez S., et al., 2020, ApJ 889, 59.
4) Connelly, J. N.; Bizzarro, M.; Krot, A. N.; Nordlund, A.; Wielandt, D.; Ivanova, M. A. (2012). «The Absolute Chronology and Thermal Processing of Solids in the Solar Protoplanetary Disk». Science. 338 (6107): 651–55.

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