Me parece muy bien que cada estado procure defender sus intereses geopolíticos, pero soy muy contrario a que usen la ciencia (o la pseudociencia, mejor dicho) para ello.

No sé si este es uno de esos casos, pero me acabo de topar con una nueva investigación que afirma que los organismos modificados genéticamente (OMG) son perjudiciales para la salud.

Hasta ahora, todas las investigaciones que he visto sobre la peligrosidad de los OMG comercializados actualmente han sido falsas. Más aún, hay revisiones bastante exhaustivas que también apuntan a la inocuidad de estos organismos.

También ha habido siempre estados como Turquía en la que la oposición a los transgénicos ha sido más dura, por una razón u otra.

[Aclaración: Por lo general, los OMG son organismos vivos conocidos a los que se les añade un gen para que sinteticen una nueva proteína que les dote de una nueva función.]

Estudio realizado

El artículo del que os hablo es Biological impact of feeding rats with a genetically modified-based diet, de acceso libre y publicada en una revista turca de biología.

Dejando literatura aparte, hay que leer con detenimiento el punto 2.1, el referente a la dieta experimental usada.

Distinguieron dos dietas distintas, una para para las ratas que comerían transgénicos y otra para las que no. Tenían estas características:

– Dieta con transgénicos: sobre el 60% de maíz y el 34% de soja, ambas especies transgénicas.

– Dieta sin transgénicos: dieta con trigo no transgénico.

Ambas dietas tenían los siguientes valores nutricionales: 22% proteínas, 3.48% de grasas, 3.71% de fibra.

Más allá de preguntarme cuáles eran los otros componentes nutricionales (22 + 3.48 + 3.71 = 29.19%, hasta el 100% falta un 70.81%), me llama la atención que la dieta era radicalmente diferente, no sólo por la presencia o no de OMG sino por la planta usada.

El problema cuando se usan diversos factores a la vez (en este caso, especie de planta y presencia de OMG) es que no se sabe qué se está valorando. Aunque la investigación se desarrollara con el máximo rigor, ¿cómo podemos saber qué provoca los resultados? ¿Es el hecho de usar OMG, el hecho de usar especies distintas o ambas a la vez?

El problema es que los investigadores han dado por hecho que bastaba con que ambas dietas tuvieran los mismos valores nutricionales a grandes rasgos, pero ambos dietas tienen componentes muy distintos: concentración de minerales, vitaminas… Sin intentar analizar todas sus características, puede verse que hay una gran diferencia entre alimentos como la soja o el salvado de trigo.

Estudio propuesto para analizar transgénico vs. convencional

Si estos investigadores hubieran querido investigar con rigor cómo afectan el maíz y la soja transgénicos, deberían haber alimentado a las otras ratas con esas mismas plantas no transgénicas.

Las características de las dietas, pues, deberían haber sido estas otras:

– Dieta sin transgénicos: sobre el 60% de maíz y el 34% de soja, ambas no transgénicas.

– Dieta con transgénicos: sobre el 60% de maíz y el 34% de soja, ambas modificadas genéticamente a partir de las especies usadas en la dieta sin transgénicos.

Con este diseño experimental aún no se estaría investigando si el resultado es debido a la propia modificación genética o a la proteína introducida con ésta; pero ya sería útil para la nutrición: demostraría si estas plantas transgénicas son seguras o no por una razón o por otra.

Es decir, podemos saber qué diferencias hay entre los efectos provocados en la salud por la planta original y la modificada.

Estudio propuesto para analizar el efecto de la mutación genética

En el caso de querer evaluar si es la propia modificación genética la que produce resultados distintos (y no la proteína añadida en sí misma), las dietas también son fáciles de diseñar:

– Dieta sin transgénicos: sobre el 60% de maíz y el 34% de soja, ambas no transgénicas. Añadir las proteínas extra que presentan las variedades transgénicas en concentraciones similares, pero sin presencia de OMG.

– Dieta con transgénicos: sobre el 60% de maíz y el 34% de soja, ambas modificadas genéticamente a partir de las especies usadas en la dieta sin transgénicos. Determina la cantidad de proteínas extra que hay que añadir en la dieta sin transgénicos.

Aunque calcular la cantidad de proteína a añadir lo complica un poco, con este estudio podríamos estar totalmente seguros de que los resultados que se obtuvieran se deberían al hecho de la manipulación genética y no a la proteína introducida.

Conclusiones

Más allá de las opiniones que cada persona puede tener sobre uno u otro tema, las investigaciones científicas deben realizarse siempre con rigor: se lo deben a los consumidores que confían en ellas.

Hacer un diseño experimental correcto es sencillo e indispensable, ¿se le ocurre a alguien algún otro que sea adecuado?

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